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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Prohibido el Starbucks de la Ciudad Prohibida

Pablo M. Díez el

Tras venir sufriendo una dura campaña de protesta durante los últimos meses, la popular cadena norteamericana Starbucks ha optado por cerrar la controvertida cafetería que regentaba justo dentro de la Ciudad Prohibida de Pekín. Aunque dicho establecimiento era sólo un pequeño local del que se habían quitado los letreros de la fachada, su ubicación dentro del antiguo palacio imperial enervaba a muchos chinos desde que abrió sus puertas, hace ya siete años.

Según han publicado los medios de este país, la vicepresidenta de Starbucks en China, Eden Woon, justificó la clausura de la cafetería porque los responsables de la Ciudad Prohibida quieren que todos los puestos de comida y té y tiendas de recuerdos que operan en la misma funcionen bajo la marca genérica del palacio imperial. Había una opción que era continuar sin nuestro nombre, pero hemos preferido marcharnos porque no es ésa nuestra costumbre, explicó Woon, dispuesta a acabar así con la polémica generada, que podría haber afectado a las otras 250 cafeterías que Starbucks tiene repartidas por todo el país.
De hecho, uno de los diputados de la Asamblea Nacional Popular, Jiang Hongbin, había pedido el pasado mes de marzo el cierre del local por mancillar la cultura china. Junto a él, un presentador de televisión, Rui Chenggang, había dirigido una cruzada contra Starbucks que, finalmente, ha logrado su objetivo: la clausura de la cafetería.
Pero el establecimiento de la firma estadounidense, instalado entre el Salón de la Armonía Preservada y el Palacio de la Pureza Celestial, no era el único privado que existía en la Ciudad Prohibida, plagada de salones de té, cantinas y hasta de otra cafetería de la cadena Jazz Island que se ubica en el Jardín Imperial. Sin embargo, el número de locales comerciales ubicado en el palacio se ha reducido en los últimos tiempos de 37 a 17.
Para defenderse de las críticas, los responsables de la Ciudad Prohibida argumentaban que necesitaban el alquiler que pagaban dichos locales para mantener este monumento, que se encuentra inmerso en una profunda renovación que durará hasta 2020. Los empresarios que se queden también deberán llevar a cabo reformas, advirtió al Diario de Pekín el vicepresidente del palacio, Li Wenru.
Y es que, para sufragar los gastos que genera este recinto de 720.000 metros cuadrados, parece que no es suficiente con los siete millones de turistas que visitan cada año la Ciudad Prohibida, que albergó desde 1421 a 1911 a 24 monarcas de las dinastías Ming y Qing hasta la caída del último emperador, Pu Yi.

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