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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Lágrimas de cocodrilo en Pyongyang

Pablo M. Díez el

Ya lo preguntamos antes pero, a la vista de las nuevas imágenes del funeral por Kim Jong-il, la pregunta del millón vuelve a ser si los norcoreanos fingen o lloran de verdad. Hemos visto a la multitud desgañitándose de pena como si hubieran perdido a su padre, golpeándose en el pecho con los puños cerrados al estilo King Kong, pataleando en el suelo, saltando de rabia, enrojeciendo de ira y lanzando ostentóreos alaridos. Ni un “actor del método” podría escenificar el dolor con tanto entusiasmo y dramatismo. Tanto que parece lo que, probablemente, sea: un puro teatro del berrinche al más puro estilo infantil. Y eso que los asiáticos tienen, por lo general, un espíritu muy contenido que les lleva a no exteriorar sus emociones. Pero en un régimen tan paranoico como el norcoreano, no llorar bastante puede ser un motivo más que suficiente para acabar en un campo de trabajos forzados.

Ni un "actor del método" podría simular los tremendos berrinches que se han pillado los norcoreanos. KYODO

Aunque todo lo que viene de Corea del Norte es surrealista, otro de los detalles más hilarantes del luto nacional son las muestras de duelo detectadas en la Naturaleza, como el hielo que se resquebrajó en el lago del Monte Paektu – donde nació el dictador – o el mensaje grabado en una de sus rocas tras una potente tormenta de nieve: “Sagrada montaña de la revolución. Kim Jong-il”. Según los medios oficiales, hasta las grullas han velado al difunto “Querido Líder” y un búho ha perdido la voz embargado por la pena.

Desde la cuna hasta la tumba, la propaganda mitifica a la dinastía Kim e intenta convencer a los norcoreanos de que viven en el “Paraíso de los Trabajadores”, pero cada vez más entran desde China teléfonos móviles y radios de contrabando que les abren los ojos, empañadas por lágrimas de cocodrilo.

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