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La actuación del Barcelona con Malcolm, la vergüenza que demuestra falta de planificación

La actuación del Barcelona con Malcolm, la vergüenza que demuestra falta de planificación
B05. BARCELONA, 16/07/2015.- Los candidatos a la presidencia del FC Barcelona, Agustí Benedito (i), y Jordi Bartomeu (c), junto al presidente de la ANC, Jordi Sánchez (d), tras formalizar su firma en el Compromiso de País, un documento por el que se comprometen, entre otras cosas, a apoyar la independencia de Cataluña y la creación de selecciones deportivas catalanas. EFE/Alberto Estévez.
Tomás González-Martín el

El tópico seny de Cataluña hace mucho tiempo que se ha perdido. Solo con recordar la invasión del Parlament hace unos años se comprueban las mentiras instauradas, siempre en el objetivo de querer ser más, mejores, superiores. Y no lo son. Ni ellos, ni nadie. El comportamiento del Barcelona de Rosell, primero, y de Bartomeu, después, son también evidencias de una falta de elegancia en el club que representa mayoritariamente a Cataluña que ronda el ridículo, por no decir que lo supera. Rosell está en la cárcel por todas sus operaciones negras con el dinero y se justifica en exponer el manido socorro contra el centralismo españolista y madridista: “Estoy en la cárcel por ser presidente del Barcelona”. No se pueden decir más tonterías victimistas. Rosell exhibe el mismo victimismo que José Luis Núñez en su época, que siempre culpaba de todos sus enormes errores periódicos al Real Madrid”. Ahora, Bartomeu acaba de cometer un desmán casi de trilero al bajar de un avión a Malcolm, que fichaba por la Roma, para ficharlo él.

Las formas son también reflejo de una institución y el Barcelona ofrece una imagen penosa en el concierto mundial. Una actuación deplorable, que la Roma de Monchi piensa denunciar ante la UEFA, que aporta además otra hecho igualmente preocupante para el barcelonismo: la falta de planificación de la temporada.

Desde que el PSG le dio un tortazo en la cara con el fichaje de Neymar, el presidente del Barcelona da tumbos sin ton ni son. Aturdido, fichó a Dembelé por 135 millones tirados a la basura, con prisas y sin valorar cómo era de verdad el jugador francés. Luego renovó a Messi nada menos que por 46 millones netos anuales, 92 en total, para salvar su pescuezo presidencial, tras ver a Neymar en París. Ahora, los hechos reafirman que no hay una programación de plantilla. La adquisición de Malcolm demuestra la falta de un buen trabajo. El delantero estaba a la espera de un traspaso desde mayo y es ahora, cuando la Roma lo fichaba, cuando el Barcelona despierta y va a por él subiendo la oferta para hacerle bajar del vuelo a Roma, donde esperaban al joven jugador los seguidores italianos.

Así está el Barcelona, que pierde tres Champions consecutivas en cuanto le toca un rival importante y su prensa manifiesta que han sido meros accidentes, aunque no lleguen ni a semifinales. Que sigan así, creyéndose esa mentira para evitar hacer crítica al club que representa a Cataluña. Así le va. Es la misma prensa que cuando el Barcelona ha ganado la Copa de Europa ha reconocido que durante décadas se acudió al sempiterno victimismo frente al Madrid para justificar sus fallos y sus derrotas. Ya admiten que era un cuento chino de justificaciones primitivas, culpar al enemigo de los fallos propios. Ahora hablan de la brujería del Real Madrid para encajar los éxitos del enemigo acérrimo. No saben cómo asimilarlo.

Lo que más duele en el Barcelona es que el Real Madrid ha ganado cuatro Ligas de Campeones en cinco años  con un balance económico positivo, vendiendo más que comprando, mientras el club catalán ha tirado el dinero en Dembelé, Mina, Vermaelen y demás aciertos de la dirección deportiva, además de pagarle a Messi cien millones brutos por campaña en un presupuesto de la entidad de ochocientos millones. El Barcelona se ha gastado más de quinientos millones en dos años para fracasar en Europa. Gana la Liga y la Copa, sí, pero eso no justifica la inversión. Lo que es irrazonable es gastarse todo ese dineral. El Barcelona tiene que mirar cada año sus cuentas para cumplir el Fair Play financiero, como sucede con el PSG y el Manchester City. La diferencia es que estos dos son equipos de Estado, con financiación árabe y petrolífera. El Barcelona nunca podrá competir con ellos en gastar. Y ha entrado en esa condena. Bajar jugadores de un avión es su respuesta cuando asume que no puede gastar más.

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