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Blogs Pienso de que por Rafael Cerro Merinero

Capos del talego

Capos del talego
Rafael Cerro Merinero el

 

Insisto en que, con el Diccionario de  la Academia en la mano, aquí no hay corrupción. El verbo corromper sólo puede aplicarse a algo sano porque significa pudrir, echar a perder. La historia demuestra que la mayoría de nuestras administraciones ha estado putrefacta durante siglos. Hay numerosos testimonios desde el XVI y, aunque entonces no se habían inventado los ERE ni el prodigio de retirarse sin haber trabajado, el patio de Monipodio estaba en Sevilla. El asombro de ahora no está justificado. Nada nuevo hay bajo este sol, ni tampoco tenemos constatación de que el siglo XXI español esté resultando más corrupto que ninguno anterior. El María Moliner define corromper como descomponer y recuerda que corrupción significaba también diarrea.

Los campeones de este género literario español, como los de la picaresca, aportan a la prensa aire novelesco. Leo en Abc que el que hasta hace poco era el responsable de la policía del gobierno de Madrid, Francisco Granados, es conocido en la cárcel de Estremera como “el campechano Paco” y juega ahora al póquer, “donde es un tahúr más”. Cuando metieron a Ruiz Mateos en el trullo,  nos enteramos de que los presos lo idolatraban. Pues claro. Era el golfo que había llegado más lejos y el que podía darles trabajo a todos más adelante, cuando salieran del hotel donde no se pagan ni la comida ni la cama. Un amigo me llama porque ha visto en la tele a Mario Conde dando lecciones de ética a los que están cenando en casa. Alguno se endemonia cuando el delincuente aparece y se le caen las lentejas de la boca, pero la mayoría se ha ido acostumbrando y asimila las enseñanzas. Eso enseña la caja tonta: clases de ladrones y meretrices. Mario también se llevaba bien con los compañeros del talego y Abc ha publicado hoy que un director de Alcalá-Meco decía “A don Mario que no le falte de nada aquí”. Don Mario suena a don Vito, el capo de El padrino de Mario Puzo. Novela y película fueron importantísimas, lingüísticamente hablando, porque divulgaron a escala mundial términos del ámbito mafioso como Cosa Nostraomertá o consigliere. Nosotros  popularizamos siesta, los franceses glamour y los italianos imponen este léxico. Cada uno crea lenguaje en su terreno.

Estamos alarmando a los políticos, que pronto empezarán a construir prisiones con bañeras para hidromasaje por si acaban alojándose allí. Un día están trajeados inaugurando la prisión junto al director y seis años después descansan con un chándal en una celda aprendiendo el lenguaje de la cárcel. Un kie es un preso jefe. El vocablo deriva probablemente de killer, pero también podría ser una alusión al apellido de Kyes, un preso de Carabanchel que según la leyenda abortó un motín porque no le dejaba dormir. El retrete es el tigre porque huele como tal. Urge publicar un diccionario del colegio para los concejales y presidentes autonómicos que vayamos capturando y metiendo en su patio. Y para los banqueros. Últimamente, cuando entro a mi sucursal no distingo bien al director de los atracadores.

Más vida en @rafaelcerro

 

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