Su nombre, literalmente, significa “pequeños neutrones”, aunque poco o nada tienen que ver con esos constituyentes básicos de los núcleos atómicos. Muy al contrario, los neutrinos son partículas individuales que viajan libres por todo el Universo. Durante mucho tiempo se pensó que ni siquiera tenían masa, aunque esa idea fue desechada tras conseguir medirla hace apenas unos años. Los neutrinos son tan ligeros (alrededor de la milmillonésima parte de un átomo de hidrógeno), que apenas si interactúan con el resto de la materia, atravesándola como si no existiera.
La mayoría de los que recibimos en la Tierra (un flujo continuo de miles de millones de ellos por cm cuadrado, que nos atraviesa continuamente sin que ni siquiera nos demos cuenta) proceden del Sol. Pero también existe un “baño de neutrinos” procedente del mismísimo Big Bang y que se extiende por todo el Universo. Por último, numerosos eventos cósmicos, desde explosiones de supernovas a gigantescos agujeros negros supermasivos en el corazón de galaxias distantes producen, también, oleadas de neutrinos, algunos de los cuales nos llegan en forma de energéticos rayos cósmicos.
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Ciencia