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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

Rage Against The Machine, la rabia y el éxtasis

Rage Against The Machine, la rabia y el éxtasis
Álvaro Alonso el

“Que me chupes la polla” o “la lechuga está pocha” no son las frases más dignas que haya escuchado en mi vida. Sin embargo, y siendo una traducción de esas hispanas que hacemos los españoles (muchos, lo puedo asegurar) de las letras de las canciones de los bárbaros del norte, cabe decir que es de lo más conveniente.

Más si cabe cuando uno lo escucha desde un estrado y se le pone los pelos de punta porque acaba de acertar con la elección. Para eso hay que tener un estrado, claro, como era el de la sala El Sol en 1993. Y unos seres gigantescamente diminutos a diez mil millas bajo tus pies.

Corría el año 1993, hace veinte años ya, cómo pasa el tiempo, y Rage Against The Machine aparecían con un disco en el que te topabas en blanco y negro con un hombre quemándose a lo bonzo. Aquello prometía. Lo que no podías imaginar es que ibas a escuchar un disco que de principio a fin daba un salto cualitativo por encima de los Led Zeppelin. Conste que me refiero al sonido, porque si nos paramos en De la Rocha y sus proclamas, estamos perdidos.

Lo que pasó con una naturalidad impactante con “Killing In The Name” es que no había que saber inglés, ni saber de música, ni ser de una determinada edad, ni siquiera ser de un determinado barrio, país o condición. Esto es lo que me llama más la atención de este disco, y su misterio. No es por ponerme en plan… fui el primero en poner… que diría Ortega a Heidegger para espanto del alemán. Y sí, es verdad que iban a caballo del grunge y el hip hop. Que podían ser del gusto de los del metal. Y que dentro de lo disparatado del día a día, podían hasta gustar en las oficinas atestadas de gente que convive como en una olla a presión, más que en los parques y jardines.

Rage Against The Machine y sus cuatro tiempos, como los partidos de baloncesto. Rage Against The Machine y sus momentos de espera hasta que llegue la gran ola. Rage Against The Machine y la carta de despido. Rage Against The Machine y el día en que la rabia y el éxtasis se juntan. Luego de escuchar “Killing In The Name” queda, como en todas las grandes canciones, unos segundos de silencio.

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