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Blogs Laboratorio de Estilo por María Luisa Funes

El Esmoquin: 10 claves para acertar

El Esmoquin: 10 claves para acertar
María Luisa Funes el

Los premios Goya han dado mucho de sí este año. La indumentaria de los nuevos políticos ha servido de certero indicador de sus estrategias mas ocultas. “Si tu intención es decir la verdad, hazlo con palabras sencillas y deja la elegancia al sastre”. Albert Einstein. 

Están los que quieren parecer políticamente correctos sin serlo y los que -al contrario- compiten por semblar vivir ajenos a un “sistema” que irremediablemente les precede. En cualquier caso, el atuendo no es suficiente, aunque si necesario, como muestra de respeto a los organizadores, asistentes  y premiados, en un acto público anual que cuenta con un código protocolario muy explícito y preciso.

La razón de ser del esmoquin, otro invento británico, fue proporcionar una opción más cómoda al habitual frac, el traje masculino de vestir de noche hasta la época victoriana, durante las reuniones sociales y cenas organizadas en los salones de las casas de la alta sociedad.

Llamado “dinner jacket” en el Reino Unido y “tuxedo” en Estados Unidos, el protocolo del esmoquin se describe por escrito como “black tie” o gala. En realidad, se trata de una fórmula más vestida que el traje oscuro pero menos vestida que el frac. Su equivalente diurno es el “morning jacket”, que nosotros llamamos chaqué y que en España se utiliza también por la tarde.

Como las reglas del juego para llevar esmoquin ofrecen pocas alternativas, no está de más conocerlas.

1. La chaqueta y el pantalón del esmoquin. Habitualmente elaboradas en lana o lana fría de color negro, van rematados por solapas en satén o grosgrain y dos tiras laterales del mismo material en cada lado exterior del pantalón. La chaqueta puede llevar una o dos aberturas traseras, aunque la versión más formal no lleva ninguna.

2. Fajín o Chaleco. Inicialmente, el esmoquin se llevaba siempre con un chalequillo del mismo material, al igual que todos los ternos. Su forma puede ser en v o en u y puede llevar espalda o dejarla libre con solo una cinturilla. Aunque sigue siendo la alternativa más favorecedora para evitar el “efecto camarero”, un fajín del mismo color es la opción ahora más frecuente. El rey Don Felipe suele llevar el esmoquin con un impecable y favorecedor chaleco.

3. Chaquetas cruzadas. Aunque son menos habituales, no requieren ni chaleco ni fajín, ya que nunca se llevan desabrochadas. Suele mostrar 6 botones en 2 filas verticales, a menudo forrados de la misma tela que las solapas. Es el estilo que utiliza habitualmente el principe Carlos de Inglaterra, que en ocasiones añade unos puños vueltos de forma semicircular a las mangas de la chaqueta, algo ya poco al uso, pero prueba evidente de que un traje está hecho a medida.

4. Las solapas. Normalmente hechas en raso u otro material que contraste con el de la chaqueta, pueden acabar en punta o bien, como le gustaba llevar al duque de Windsor, ser redondeadas. Más de un político neófito en esto de los Goyas, ha llevado solapas redondeadas, cual dandy experimentado de una moda que suele rechazar. Incluso en este caso, la solapa debería ser más ancha por la parte central que por la zona alta.

5. La camisa. En color blanco, puede llevar una pechera plisada, ser en piqué o ser sencilla con botonadura en madreperla o acero, que en ocasiones puede ir completamente cubierta por una tira vertical de tela. Es imprescindible que la camisa no haga aguas por ser excesivamente grande – una imagen habitual durante los Goya – y que esté bien planchada.

6. Los puños. En los trajes más de vestir se privilegia el doble puño, ya sea con gemelos o con botonadura. El largo visible del puño con la chaqueta puesta puede variar según gustos, pero nunca quedará completamente escondido: el sentido inicial de los puños visibles era poder mostrarlos en blanco impoluto para indicar una limpieza rigurosa y una procedencia de alcurnia. El ancho ideal de la parte visible del puño es de uno o dos centímetros, con el brazo estirado.

7. Color. Aunque hace décadas era impensable salirse del negro como alternativa en el esmoquin, actualmente el azul noche es una opción aceptada, que puso de moda el revolucionario, atrevido y elegante Eduardo VIII.

8. La Pajarita. Imprescindible con el esmoquin, no puede ser sustituida por una corbata. En lana, raso u otomán, el lazo puede estar hecho de distintas maneras según el resultado deseado. La pajarita debe ir en línea con el tamaño de las solapas y con el tipo de cuello de la camisa, pero nunca limitarse a ser una tira de tela, ladeada a izquierda o derecha.

9. Pañuelo de bolsillo. Se puede optar por un sencillo pañuelo de seda o lino blanco doblado, o prescindir de el. Solo los muy atrevidos y seguros de sus dotes de estilismo deben probar la receta del príncipe Carlos de Inglaterra, muy cursi para nuestros lares: pañuelo de bolsillo de “pasley” de colores, ligeramente abullonado.

10. Zapatos. Siendo el esmoquin una prenda inicialmente diseñada para reuniones privadas en las casas, los zapatos debían evitar ser toscos o rústicos. Se imponen los de cordones tipo Oxford de charol negro, o en su defecto, en cuero negro.

A evitar, los zapatos decorados tipo brogue. Los mocasines normales de pala alta que algún político de nuevo cuño eligió para acompañar su esmoquin la noche de los Goya, no son el calzado adecuado. Los únicos mocasines ad hoc son los de ante y bocado en la pala de Gucci. Los “opera pumps”, zapatos de charol con gran lazo en grosgrain, son una opción elegante, a menudo considerada como excesivamente afectada fuera del territorio británico.

 

 

 

 

 

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