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Blogs Laboratorio de Estilo por María Luisa Funes

Dior y Lanvin, sin Gurú

Dior y Lanvin, sin Gurú
María Luisa Funes el

Se da una cierta tendencia en las marcas a permancer con un director creativo “ en funciones”, cuando se marcha su gurú.

Del mismo modo que un país puede subsistir con un gobierno en funciones si el trabajo previo se ha hecho bien, la marcas de moda más potentes se han acostumbrado a seguir adelante incluso a falta de director creativo o gurú. Mejor solos que mal acompañados.

Las distintas experiencias recientes en el mundo de la moda, muestran como una decisión precipitada no lleva siempre a buen puerto. Si bien es cierto que la marcha de un creador tiene un efecto negativo en las ventas, poner un parche con la persona errónea emborrona más el mensaje y la identidad de las grandes marcas a medio y largo plazo.

Estos últimos años, hemos visto como Schiaparelli permanecía sin creador hasta que un cambiante Marco Zanini pasaba como un ciclón, para luego partir y dar paso a Bertrand Guyon. Hemos presenciado el despido de Frida Giannini para ser sustituida inmediatamente por su antiguo ayudante, Alessandro Michele, aunque esto era algo planeado desde tiempo ha. El vaivén permanente de creadores es como el juego de las sillas, y las grandes casas de moda se lo piensan dos veces antes de perder el tiempo con precipitados anuncios infructuosos.

Es así como nos encontramos en una situación en la que ni Christian Dior ni Lanvin cuentan con un director creativo. Lo de Lanvin ha sido el reciente despido del genial Alber Elbaz, el hombre que ha dado sabor maximalista a una casa que estaba más muerta que viva. La propietaria china, que inicialmente confió en él, quizás haya visto que a largo plazo necesita alguien distinto. Creemos que era justo ahora, tras haberse cumplido su décimo aniversario en Lanvin y con la ayuda de asistentes a cargo de bolsos y accesorios, cuando Elbaz estaba dando el do de pecho y abriendo mercado. Pero donde hay patrón no manda marinero.

El caso de Christian Dior es más complicado.  Después del ciclón Galliano, que colocó a la gran casa francesa entre las imprescindibles, tras décadas de letargo, llegó el desconcierto. La creatividad del genial “llanito” fue el motor de la casa, con la admiración de prensa y público, incluida la venia de la Wintour y un aumento de ventas.

Tras años sin poder controlar a la fiera de Galliano, una fuerza de la naturaleza para lo bueno y para lo malo, los directivos de Dior vieron la oportunidad de deshacerse de él con la difusión de una grabación execrable en la que insultaba a los judíos en un restaurante.

Al partir John, esperaron un tiempo antes de reclutar a alguien para su puesto. Ad interim, fue el equipo de subalternos el que tomó el relevo, encabezados por Bill  Gaytten. Hasta que finalmente, un año después, se anunció que Raf Simons dejaba la elegante aunque algo monótona casa de Jil Sander para sustituir a Galliano. Difícil tarea.

Puede que fuese por las continuas exigencias de los directivos para “dar show” o por una verdadera dificultad para hacer algo nuevo por parte de Simmons, pero tres años después, el belga salía de la casa Dior escaldado, dispuesto también a ocuparse de su vida y su propia marca. Al fin y al cabo, tiene 48 años y está harto de trabajar por cuenta ajena.

Hace cuatro meses que Raf Simons dejó Dior y no se ha nombrado a ningún sustituto. Puede que se esté entrevistando a Peter Copping, ahora en Oscar de la Renta, o que se estudie mover a Jonathan Anderson de Loewe a Dior, aunque sería un nuevo golpe bajo para la casa de origen español y una propuesta excesivamente moderna, quizás.

En toda esta cascada de entradas, salidas y despidos, un agudo empresario italiano, Renzo Rosso, de OTB (Only the Brave), grupo propietario de Diesel, Margiela, Marni o Viktor & Rolf, está en la puerta del “convento” esperando que salgan los diseñadores para ofrecerles trabajar con ellos.

Les da libertad de movimientos, entre otros motivos porque no conoce el sector de la moda de alta costura y prêt-à-Porter, pero también porque es su naturaleza curiosa y libre, la que le impulsa a aprovechar el talento creativo sin ideas preconcebidas. Fue así como recuperó a John Galliano para la moda, dejándole a cargo de renovar la casa Margiela: “Haz un Margiela a tu manera, John”.

Dicho y hecho. Brillante. 

Ahora, se cuenta que ha ofrecido al creativo y sonriente recién despedido Alber Elbaz un puesto en alguna de sus marcas. Cuando quiera y como quiera. O bien montará con Elbaz una marca homónima. Quizás incluso se aventure Renzo Rosso a impulsar la carrera individual de Raf Simons, si bien el belga busca estar a su libre albedrío. Continuará.

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