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Lo progre pacato

hughes el

La intervención de la Ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad solicitando la retirada del libro Cásate y sé sumisa es una cosa asombrosa.

El título tiene una torpeza muy comercial, pero si la ministra solicita su retirada puede seguir luego con toda la literatura de pulsiones sadomasoquistas y también con las obras del amor cortés, donde el enamorado se somete devotamente a la amada. Es decir, casi la mayoría de las formas de amor interesante.

Estamos ante una torpeza evidente porque en su igualitarismo impostado la ministra resulta, a su modo y de una forma irremediable, pacata. Lo progre pacato.

Es decir, que se interviene por lo progre y se interviene por lo pacato y así la ministra no tiene empacho en pronunciarse contra un libro, despertando inevitablemente la imagen de la hoguera en el imaginario ciudadano, porque cuando se habla contra un libro siempre nos aparece la imagen de la pira. ¡Suma torpeza! Hablar contra un libro acaba siendo una incorrección política mayor que la incorrección denunciada.

Si no hay violencia y de lo que se habla es de una recomendación, de una invitación a la sumisión consentida, la injerencia política casi resulta  antedemocrática. Porque ni siquiera se trata de una intromisión en el ámbito religioso, sino de una intromisión en el amor.

Ana Mato ha solicitado, en resumen, la retirada de un libro de amor heterodoxo inspirado en algunas interpretaciones literales de San Pablo.

Pero en realidad, este lapsus ministerial va más allá y revela un rasgo condenatorio del PP, una maldición suya y una muestra de la mala suerte que tienen sus políticos, sobre todo cuando son mujeres: la imposibilidad de dejar de ser pacatos incluso queriendo ser progres. Sobre todo cuando quieren serlo. Porque en su seguimiento nuevo de la corrección feminista e igualitarista acaban resultando absurdamente mojigatos, aún a su pesar. De modo que Ana Mato, al final, persiguiendo un concepto difuso de Igualdad ha censurado una forma de amor impar. El amor desequilibrado (como si hubiera uno que no lo fuera). Las delicias del amor contractual no paritario. El tacón sobre la jeta, el mandil macho, el rodillo tras la puerta y la reprobación asumida con voluptuosidad.

Porque lo más alto, la mayor sublimidad de una relación pactada, consentida, es llegar a no parecerlo.

Cualquier día una ministra se nos pronuncia contra el amor fou.

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