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La magia del 155

La magia del 155
hughes el

Después de los días de celebración constitucional se ha podido observar algo curioso: los mismos que elogiaban sin reservas nuestra Constitución (“La-que-entre-todos”) pedían, nada más acabarse los fastos de los cuarenta años, la aplicación del 155 en Cataluña.
“Qué buena es esta Constitución”, y al día siguiente: “Aplíquese el 155”.
¿No es algo contradictorio?
Porque el 155 en cierto modo es la declaración de un enorme fracaso. Viene a decir (según se quiere interpretar) que se puede intervenir de un plumazo (con el único trámite del Senado) una autonomía, siendo la autonomía una de las claves de esta Constitución.
Después de decirnos lo mucho que le debemos a esa “Ley de Leyes” piden aplicar un artículo que, en cierto modo, y tal y como se ha interpretado, “suspende” la normalidad constitucional, se sale de ella. El 155 permite una vía excepcional que liquida el autonomismo, que es algo intrínsecamente constitucional. Elogiar la Constitución y pedir el 155 a continuación es algo incomprensible.
Esta es una Constitución que después de aplicarse durante décadas permite al Gobierno saltarse el edificio autonómico-constitucional que ella misma ha levantado.
Así que la Constitución funciona “muy bien”, hasta que deja de funcionar, instante en el que hay que recurrir al comodín del 155, la varita mágica, el arcón mágico de donde salen soluciones discrecionales.
Si una de las patas fundamentales de ese texto es el sistema autonómico, no se puede juzgar la Constitución sin valorar la evolución del mismo. Por eso es tan sorprendente que los mismos que la elogian pidan de inmediato que se aplique una medida que suspende la autonomía, que la interviene, que deshace un hecho constitucional fundamental. Se interviene el gobierno catalán, se acota su parlamento, se le establece un veto. Así es como se entiende mayoritariamente el 155.
Es muy fácil aplaudir una Constitución que es una cosa y su contraria. ¡Así cualquiera es constitucionalista! El 155 supone una intervención sin plazo. Las medidas del 116 exigirían una limitación temporal, serían conflictivas, serían insostenibles por si mismas y porque están limitadas a plazo, lo que exigiría medidas después, grandes decisiones en uno u otro sentido. Redefinir el mapa competencial, por ejemplo.
“NO queremos TV3”, dicen. La medida constitucional que procede es la reorganización competencial, pero lo que proponen es intervenirlo por el 155.

El 116 pone plazo al gobierno, pero el 155 no, el 155 (tal y como se lee) extiende una excepcionalidad sin plazo y sin mayor control. Es un artículo-velo que esconde la cuestión, que mete el problema debajo de una alfombra.
El 155 es un poco la no-constitución dentro de la constitución, con lo cual esta Constitución tiene dentro la anti-constitución. Una cosa y su contraria, Juana y su Hermana,el yin autonomista y el yang centralista y gubernativo.

Con esta Constitución, Cataluña es o ha sido nacionalidad, proyecto estatutario de nación, república ilegítima por horas, comunidad autónoma, y región intervenida. Todo a la vez. ¿Algo que da lugar a todas estas cosas es algo muy bueno o es algo muy malo?

La Constitución es verdad que ha durado mucho, que está durando, pero quizás sobre la base de una gran ambigüedad. Es una Constitución deliberadamente ambigua que dice sin decir y deja mucho abierto. Es una Constitución un poco gallega.
Y a esta ambigüedad constitutiva le suma la cláusula del 155, en sí misma también muy ambigua. En ella no se habla de “disolución” expresamente, como si sucede en otras constituciones. Se deja laxamente al criterio interpretativo y se interpreta como “hágase todo lo necesario”. No sabíamos qué era el 155 hasta que supimos lo que era. Es decir, es una medida quirúrgica que aplica cloroformo al cuerpo constitucional, que le lleva a un limbo el tiempo que haga falta. Es un artículo que le permite deshacer con apenas una decisión lo más crítico y original de esta Constitución, que son las nacionalidades-autonomías, su gran (y celebrada) aportación y lo específicamente creativo de la misma.
Visto así, puede durar 40 años y otros 40 más. “Qué buena es esta Constitución. Apliquemos el 155”.

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NOTA: He visto en los últimos días que algunos lectores (o quizás más bien participantes) hablaban de “censura”. No he encontrado la manera de contestarles en la zona de comentarios, así que lo hago por aquí: salvo en algo que afectase criminalmente a un tercero, no censuraría nada. Si no lo hago no es solo por convicción (esto es algo fácilmente desmoronable), sino por incapacidad técnica. No sé hacerlo. Creo que a mi falta de pericia se une alguna dificultad propia del blog que no consigo aclarar. Así que ha debido ser algo del Sistema. Lamento los problemas.
Agradezco todos los comentarios. Es una gran sorpresa que alguien lea y se anime a participar. Incluso si sus motivaciones son cuestionables.

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