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Gabriel sobre la Moncloa

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“Gabriel over the White House” es una película americana de los años 30, no muy conocida, que el tiempo ha convertido en interesantísima. Típica película de videofórum.
Aquí se tradujo como “El Despertar de una nación”, aprovechando los ecos al cine de Griffith. De hecho, el protagonista, Walter Huston, padre de John, abuelo de Angélica, había hecho de Lincoln en la película de Griffith.
La historia es delirante. Un presidente de los EEUU, más bien instrumental y frívolo, sufre, al poco de llegar a la Casa Blanca, un accidente que le cambia el carácter y “las políticas”, como se dice aquí. En realidad, no es el accidente, sino el Arcángel Gabriel, que se le mete dentro.
La película es del año 1933, y el contexto de la Gran Depresión está presente. El presidente-arcangelizado pensará en los trabajadores, en el Pueblo.
Y lo que hace es un adelanto del New Deal. La película vio la luz entre la elección de Roosevelt y su toma de posesión, y, como un presagio, enseña a un presidente que da trabajo a un ejército de desempleados. Los llamará “Ejército de Construcción”.
Es el New Deal antes del New Deal. Esto tiene una explicación. En su producción participó W. R. Hearst, que apoyaba por entonces a Roosevelt. Era un film propagandístico, pero no solo, también era una proyección de las visiones y deseos de Hearst, que había tenido ambiciones políticas y sólidas esperanzas de llegar a la Casa Blanca.
La película prosigue. Para realizar sus planes, el presidente se rebela contra el partido y presiona al Congreso, va más allá de la legalidad. Se convierte, y no lo niega, en un dictador, un dictador benevolente, que afirma un poder superior a la Constitución.
No solo se impone al Congreso, para luchar contra la Mafia decreta una Ley Marcia. Hay un plano asombroso: una ejecución sumaria con la Estatua de la Libertad de fondo.
Luego, para imponer el pago de la deuda a las naciones europeas y una paz universal y americana, amenaza con la guerra. Hay un presagio, también, del poder destructor de la tecnología, del apocalipsis occidental. Incluso, en la descripción de la lucha con la mafia, se anticipa un magnicidio a la Kennedy.
La película es ambivalente. Socialista, protosocialdemócrata, pero a la vez, protofascista. Subsidio y dictadura. Las inclinaciones de Hearst fueron polémicas. La pelicula fue tamizada por la intervención del Código Hays, pero aún así, vista ahora chirría a los ojos liberales. El presidente se hace, con los mejores deseos populares, un dictador real. Supera la división de poderes, marcializa la policia, pisotea al congreso, amenaza con la guerra mundial. El populismo (el presidencialismo populista, hum), la crisis, el providencialismo, la destrucción del sistema constitucional, la reducción del capitalismo a un electrochoque keynesiano, y algunos vislumbres del siglo XX están en ese film.
Hearst se separó luego de Roosevelt, que dio poder sindical real a los trabajadores, pero en ese instante, su utopía política parecía coincidente. El New Deal hearstiano como una fantasía protofascista.
Hearst, se supo después, escribió parte de los encendidos discursos del personaje principal. La crítica, pese a tratarse de un presidente “bueno”, socialista, pacífico y provisor, ha visto en esos discursos el más claro anticipo de “El Gran Dictador” de Chaplin.
Titulo “Gabriel sobre la Moncloa” como modesta aportación al debate y como recuerdo de que la única distopía gubernamental española reciente fue, que yo sepa, la de José Mota estas navidades (mis respetos al cómico). Un bonito pitido inicial para ese videofórum imaginado sería: ¿Es capaz un magnate de los medios de fabricar distopías?

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