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Blogs French 75 por Salvador Sostres

Los tomates de Richelieu (Leído en @HerreraEnCOPE)

Salvador Sostres el

Cuando en primavera entré por primera vez en Richelieu me di cuenta enseguida de que sería mi bar, mi restaurante, mi casa en Madrid. Por los rigores de mi dieta sólo pude tomar un café y una agua de Vichy, pero su estética clásica e inglesa y los camareros sobrios y muy amables expresaban el confort, la calidad, la suavidad con que las grandes casas te mecen y el tiempo se detiene como en la eternidad.

El lunes mi amigo Gerardo me invitó a comer y de repente llegaron los tomates. Sin ninguna pedantería, sin haber sido anunciados, simplemente acompañando al solomillo, también extraordinario. Unos tomates carnosos, gustosos, que se deshacían en la boca con sólo apretarlos con la lengua contra el paladar. Sólo los puedo comparar con los que algunas veces he comido en el Hispania. Unos tomates absolutos, totales, fin de trayecto de todos los viajes.

Hagamos las cosas bien. No hay que inventar nada. Seamos clásicos, seamos educados, aspiremos a la clientela de derecha y teba de Bel, que es la que paga y la que sabe fiel. Cuando caemos en fatuas moderneces para atraer a los hípster de turno, pircing y tatoo acabamos siempre solos, arruinados y desorientados porque siempre sale un bestia que se tatúa una calavera más grande, se cuelga cualquier cosa de cualquier parte y se le ocurre una nueva manera de estafarte.

Salvo Ferran Adrià, Andoni Adúriz y Ángel León, que son nuestros tres grandes genios vivos, lo mejor de España se refleja en Richelieu, en su calidad y en su estética, en su espíritu, en el estilo de sus camareros y en la categoría de sus clientes. La deprimente moda de hacernos con gente que no está bautizada no nos ha llevado a ninguna parte.

Nos llaman casposos, fascistas y machistas pero la compasión es nuestra: y la ternura. Por esto en ningún lugar se está mejor que en nuestros bares y en nuestros restaurantes, por esto el orden es más importante que la libertad y también por esto cuando los demás mueren de sobredosis de estupidez y otras sustancias, a nosotros todavía nos quedan, pletóricos y por cierto, muy rojos, los tomates.

Salvador

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