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Cada día de guardia es una bomba

Padres Iñaki y Juan Bautista capellanes del Hospital Clínico de Madrid

Cada día de guardia es una bomba
Ignacio Gil el

Durante esta pandemia al menos 20 curas han fallecido, 80 han estado trabajando en las morgues y otros 100 como capellanes en hospitales. Iñaki y Juan Bautista son dos de ellos. Llevan desde el inicio de la crisis sanitaria trabajando sin tregua en el hospital Clínico. Ante la muerte, la fe siempre ha sido un gran consuelo. Ahora más que nunca. Despedir a los fallecidos siempre ha sido tarea compartida por los familiares más cercanos y los sacerdotes. Ahora, el acompañamiento a los enfermos terminales y a sus familias recae especialmente sobre ellos. No hay descanso, toca tener el busca abierto veinticuatro horas siete.

El Padre Iñaki Gallego lleva 11 años ya de capellán. Estudió ingeniero técnico industrial, especialista en soldaduras. “Soy un manitas al que le encanta hacer chapuzas”. Pero con 33 años, dejó su trabajo, su vida personal, su proyecto social de apoyo a jóvenes en situación de vulnerabilidad y entró en el seminario entendiendo la vida a partir de entonces como la entrega total a los demás. Se ordenó sacerdote hace hoy, exactamente, 15 años.

“Estamos ejerciendo un sacerdocio intensivo. Ya de por si los capellanes vivimos en un día de guardia lo que un párroco en tres meses, quizás. Pero con la llegada del COVID, se ha intensificado muchísimo la emergencia, y ahora, en una jornada me atrevería a decir que vivimos lo que se vive en un año en una parroquia”.

Se están enfrentando a una realidad completamente diferente. “Nunca habíamos visto nada así. Cierto es que los capellanes de por si estamos especialmente cerca de la muerte, lógicamente, pero el dolor, la angustia, la incertidumbre y sobre todo la soledad se han multiplicado exponencialmente”.

Destacan la increíble labor de sus compañeros sanitarios quienes también han dado un paso al frente, no ya por el incremento del riesgo de contagio, o de horas, de turnos y de guardias, sino porque, al estar los enfermos en aislamiento, están siendo los sanitarios quienes están poniendo la ternura y la compasión que, en otras circunstancias, pondrían los familiares. “Ese vacío del apoyo emocional, tan esencial en un hospital, lo están supliendo en muchas ocasiones los sanitarios”. A causa del confinamiento la asignatura pendiente es el duelo. Es algo que habrá que ir procesando cuando todo esto haya pasado y será una tarea ímproba.

No hay tiempo para sentir miedo ni para detectar si escasean las fuerzas. Sufren con los enfermos y consuelan a sus familiares desde la fortaleza de la confianza y la esperanza. Juan Bautista Granada explica que el misterio de Dios no se entiende del todo y recuerda las palabras de San Juan de la Cruz “la fe, aunque es oscura, ilumina en estas situaciones difíciles”. Padre Iñaki y Padre Juan Bautista no se rinden e irradian la luz de su vitalidad y optimismo en medio de la oscuridad.

Rocío Gayarre

 

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