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Blogs Fahrenheit 451 por Pablo Delgado

Enoch Soames busca su reconocimiento

Una historia que busca el porqué no le llega el reconocimiento a su personaje estrella, el poeta decadente

Enoch Soames busca su reconocimiento
Pablo Delgado el

El éxito y la búsqueda de reconocimiento, a muchos les puede consumir y frustrar. Puede que incluso pase a un primer plano, encontrar esos objetivos que el propio trabajo que se realiza para conseguirlo. En la literatura, los escritores -en su mayoría- escriben -obvio-. Escriben por el hecho de hacerlo, para expresarse, para crear, para dar forma a una vocación que han ido alimentando a lo largo de sus vidas, pero que no lo hacen -en principio- para encontrar un éxito. Si es bueno lo que escriben les llegará. ¿En vida? Puede ser, o no.

El éxito, con trabajo y constancia, seguramente llegue en forma económica o reconocimiento social, e incluso en ambas formas. Pero si no llega, lo que llegaría sería la frustración, la melancolía, la tristeza, convirtiendo lo que se escribe en absurdo para quien lo hace, porque un escritor sin lectores…

Hay un relato que narra esto a la perfección, escrito por el ensayista, caricaturista, pintor, novelista y poeta Max Beerbohm. Considerado uno de los mejores cuentos de la historia «Enoch Soames» (Acantilado) es una tragedia algo cómica, con elementos de fantasía y ciencia ficción, que llevan al lector a experimentar la frustración de un poeta como lo era Soames, que busca un reconocimiento que no le llega. ¿Pero son tan buenos sus versos para conseguir ese reconocimiento?

Enoch Soames es un desconocido y desdichado aspirante a poeta, algo decadentista, tan mediocre como pedante, autor de tres obras que, muy a su pesar, no le han procurado fama ni prestigio alguno. Convencido de ser un escritor de talento injustamente ignorado, sueña con el reconocimiento que, quizá, reciba de manera póstuma. Un día, mientras cena en el Soho londinense con Beerbohm, el involuntario testigo de sus desgracias, aparece un personaje que afirma ser el diablo y le ofrece la oportunidad de viajar al futuro para comprobar qué le depara la posteridad.

En una gran disertación narrativa en la que el propio Beerbohm se incluye a sí mismo en la historia que narra. Escribe cómo las reminiscencias de una serie de acontecimientos reales en los que fue testigo, y por tanto, cuenta la trágica historia de un «amigo» y colega que se va encontrando por los lugares que frecuenta. Soames es un contemporáneo del Beerbohm más joven; un camarada con unos ingresos seguros pero moderados, ya que vive de una anualidad heredada. Su aspecto se describe como «débil» y no genera gran impresión ante sus semejantes, a excepción de su hábito persistente de llevar siempre una capa gris impermeable y un sombrero negro suave.

Un cuento que tiene de todo, desde un existencialismo que se mezcla con la angustia de una meta que nunca llega, hasta la más crítica social de un tiempo en el que la burguesía pedante predominaba, y había que saber separar lo bueno de lo trágico. Así Beerbohm se burla de la burguesía devastadoramente satirizada por la creación de Enoch Soames, y de hecho parecía, con la aridez de sus metáforas y la fragilidad de lo genérico de sus pasiones, salir de sus maneras de ser recordado solo como una nota al pie de página de la historia literaria.

En ese peligro de querer abarcar todo y no decir nada, Beerbohm no cae, ya que crea un relato escueto en el que con pocas palabras crea una trama narrativa excepcional a la altura de muy pocos escritores, y hace por tanto de este cuento, uno de los mejores que se puede leer. Por invitar a reflexionar al lector sobre si de verdad es necesaria esa búsqueda constante de reconocimiento, del qué piensan los demás, y sobre centrarse y disfrutar por hacer bien aquello en lo que se pone el empeño diario.

El cuento fue publicado originalmente en la edición de mayo 1916 de The Century Magazine, -revista editada en Nueva York entre 1881 y 1930- fue incluido más tarde en la recopilación Seven Men (1919), así como en la mítica Antología de la literatura fantástica (1940) de Borges, Casares y Ocampo.

Una obra que guarda una excelencia secuencial indudable, simbólica y literaria que atraviesa lo público y lo privado de forma angustiosamente indesligable a la hora de contar una historia que nace de la posibilidad de contar el tiempo con un personaje -el de Soames- con una identidad fundada en la diferencia e indiferencia de los demás.

En definitiva, Beerbohm demuestra que con pocas palabras bien dichas se muestra la maestría de la capacidad de síntesis en un cuento, sin dejar de lado por ello un lenguaje preciso, por exquisito en unas conversaciones brillantes como envenenadas de unos personajes espléndidos y plagados de claroscuros.

Además, Beerbohm también a lo largo de su vida elaboró sofisticados dibujos y parodias que fueron únicas al plasmar con bondad cualquier actitud pedante, artificial o absurda de sus famosos y bien vestidos contemporáneos.

«Enoch Soames» // Max Beerbohm // Traducción de Javier Fernández de Castro // Editorial Acantilado // 2019 // 10 euros


 

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