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Blogs Cuentas conmigo por Yolanda Gómez

Silencio cómplice

Yolanda Gómez el

El verano transcurre con algún que otro sobresalto para los inversores y con un Gobierno dispuesto a no dar en ningún momento la impresión de que ha bajado la guardia de las reformas. Semana tras semana, y pese a que son ya muchos los ciudadanos que disfrutan de sus vacaciones estivales, el Ejecutivo continúa llevando al Consejo de Ministros normas económicas. Algunas de ellas, todo hay que decirlo, que se presentan hasta dos y tres veces, con lo que ya todo nos suena repetido.

Este viernes ha tocado el turno al proyecto de ley de mutuas y al plan de alquileres. Ambos habían pasado ya por el Consejo, aunque esta vez sí parece que va a ser la definitiva. Y la que viene vuelve la reforma fiscal. El Gobierno está negociando con los agentes sociales y parece dispuesto a elevar el mínimo exento de los despidos. Acertaría. No tiene ningún sentido gravar lo que puede ser la subsistencia de trabajadores que al final de su vida laboral tienen muy complicado volver a reincorporarse al mercado.

También está pendiente la reforma de los servicios profesionales. Es cierto que por más que el Europa, el Fondo Monetario o la OCDE insistan en que hay que liberalizarlos, hasta ahora ningún gobierno se ha atrevido a luchar contra los lobbys que estos grupos de poder tienen creados. Y el PP no lo va a tener fácil. Y menos a medida que se acercan las elecciones. Entre otras cosas porque precisamente una parte importante de sus votantes está entre estos colectivos. En el Ministerio de Economía insisten en que se aprobará la reforma, pero dentro del propio Gobierno hay opiniones contradictorias. Veremos a ver si al final el presidente se atreve a volver a enfadar a los suyos.

Pero sin duda, uno de los principales problemas y retos que tiene que afrontar Rajoy y el Gobierno del PP es el desafío soberanista de Cataluña. Son decenas las razones económicas, emocionales, históricas, que se me ocurren para argumentar que no tiene sentido una ruptura entre Cataluña y el resto de España. Sin embargo, cuando le pides a un solo empresario catalán una razón, no se atreve a decirla en público. Es increíble. Reconocen la realidad y el quebranto que supondría para España y para Cataluña la ruptura, pero no quieren decirlo en alto, no vayan a enfandar a los independentistas. Quizás algún día se arrepientan de ese silencio cómplice y de no haber explicado a los catalanes y a los españoles lo que todos perderíamos con esa para algunos ansiada y para muchos insensata independencia.

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