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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

De cómo una manta de palos te convierte en filósofo

Emilio de Miguel Calabia el

Al tercer puñetazo ya no supo si era un doble agente llamado Iván que se había infiltrado en la CIA o un doble agente llamado John que había penetrado el KGB. Y puede que ni tan siquiera se llamase Iván-John, que le sonaba vagamente que también había sido Piotr-Peter, Michael-Mijail, y Iosip-Joseph.

De pronto se dio cuenta de que esa identidad a la que se había aferrado durante años, la que quiera que fuese, la que subyaciese a tanto espionaje y contraespionaje, no existía, no era muy diferente de las múltiples identidades ficticias que había ido asumiendo durante años para infiltrarse en la CIA/KGB.

Todo se reducía a un conjunto de percepciones y órganos perceptores y una conciencia que se divertía convirtiendo todas esas sensaciones en pensamientos, pero no había un yo dirigiendo el juego.

Resultaba curioso darse cuenta de todo esto ahora que a toda esa suma de identidades ficticias les quedaba como mucho una hora de vida (todo dependía de cuánto se quisieran ensañar sus captores).

Entonces llegó el cuarto puñetazo.

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