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Ángel Mauri, de Blas de Lezo a Gilgamesh

Ángel Mauri, de Blas de Lezo a Gilgamesh
Pedro Villora el

Los miles de seguidores de la sección Historia de ABC conocen la dramatización El cadáver de Blas de Lezo, un trabajo con guión y dirección de Jesús García Calero que puede escucharse aquí: https://www.abc.es/historia/abci-cadaver-blas-lezo-abc-podcast-201809202134_noticia.html. La poderosa y conmovedora voz que recrea al heroico marino es la de Ángel Mauri, mientras que el intrigante y acobardado virrey Sebastián Eslava corre a cargo de un servidor de ustedes.

Fotografía: Eva Fenies

La cuestión es que este mismo Ángel Mauri es el protagonista de la versión de Gilgamesh que acaba de estrenarse en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, con dramaturgia y dirección de Álex Rojo. En la función está maravillosamente acompañado por Macarena Robledo, una actriz que nunca sé si es una trágica en la piel de una cómica o al revés, por lo cual es perfecta para los múltiples papeles que interpreta en esta obra, donde en ocasiones debe pasar de un registro a otro sin transición. Además cuenta con la complicidad de Alberto Novillo como Enkidu, es decir, el unas veces rival y otras amigo, contendiente lo mismo que amante, quintaesencia de la compenetración entre iguales, cuya muerte inducirá en Gilgamesh el primero de los grandes lamentos funerarios de la literatura universal. Novillo refleja a la perfección el deseo de vivir de quien rechaza haber sido reclamado demasiado pronto por los dioses. Esta obra, que nace de la palabra y culmina con un trabajo ceremonial del cuerpo enfrentado en el espacio consigo mismo y con los otros, tiene sendos pilares fundamentales en la imponente presencia de Alfonso Luque y su aguzado sentido del ritmo musical, y en la contrastada elegancia y flexibilidad de una Irene Álvarez que demuestra lo útil que es para el teatro la formación en danza. Pero todo esto, con estar muy bien, no sería suficiente si no hubiese un gran Gilgamesh, y a fe que lo hay.

Fotografía: Eva Fenies

Ángel Mauri tiene aquí el papel que lo consagra como actor. Que era muy bueno ya lo sabían los espectadores que lo habían visto en Brigada anticrisis de Ángel Solo, que dirigiese Goyo Pastor, o en ese violento encuentro de culturas en los bajos fondos del norte de África que es En el borde de Julio Escalada, dirigido por Cecilia Geijo. Que tiene un extraordinario dominio del cuerpo en el espacio tampoco era un secreto pues no en vano es campeón de España de esgrima artística. Pero nunca hasta ahora había podido encarnar un personaje donde hubiese tal necesidad de aunar el carácter heroico y ejemplar propio de la Antigüedad con la transformación interior a través de las emociones y una rotunda fisicidad. Gilgamesh es ese papel y Mauri lo borda.

Fotografía: Eva Fenies

La trabajada musculatura de Ángel Mauri engaña. Es fácil que, al verlo, uno caiga en el prejuicio que separa al cuerpo del intelecto o la sensibilidad. Es un rechazo lógico en tiempos donde se exacerba el culto a la imagen pero no deja de ser un error. Las televisiones abundan en programas que explotan conceptos de la masculinidad y la feminidad basados en los extremos físicos, y de ahí a creer que los músculos corresponden a personas sin horizontes culturales no hay más que un paso… Solo que un paso equivocado.

Fotografía: Eva Fenies

Mauri tiene aquí la fuerza de un héroe mitológico pero habla y se mueve con la precisión de un cirujano de los sentimientos. Consigue que en su voz resuenen ecos del pasado, de magisterio del ayer, gracias a una dicción que aprovecha hasta el último de los sonidos. Nada en su boca queda adocenado o vulgar, nada se pierde, todo se comprende y, por ello mismo, conmueve más. En las peleas y enfrentamientos se afana como un bailarín ligerísimo, es grácil y riguroso, sabe adónde se dirige y no se pierde en actitudes o gestos gratuitos. Y, de pronto, el dolor lo detiene, brotan las lágrimas, todo él tiembla y se empequeñece, y, sin embargo, nada de su llanto ahoga las palabras, que siguen espléndidas, entrecortadas pero nunca diluidas. Al verlo uno comprende que está ante Gilgamesh, el que será derrotado en la lucha contra el Tiempo, y entiende que esa misma batalla la perdemos todos cada día, aunque con menos grandeza.

@Pedro_Villora

Fotografía: Eva Fenies
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