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Blogs Barrio de las letras por Pedro Villora

Isidro Ferrer, el Centro Dramático Nacional en sus carteles

Isidro Ferrer, el Centro Dramático Nacional en sus carteles
Pedro Villora el

Con prólogo de Ernesto Caballero y presentación de Gerardo Vera, la editorial Nórdica ha publicado el libro El juego en escena. Carteles para una función, que recoge los carteles diseñados por Isidro Ferrer para el Centro Dramático Nacional.

En la temporada 2015-2016, se representó en el Teatro María Guerrero mi adaptación de Insolación, de Emilia Pardo Bazán. Con tal motivo, Nórdica me ha invitado a participar en el libro, cosa que he hecho encantado.

Mi prima Alicia Fernández Gallardo, graduada en Bellas Artes y especializada en fotografía e ilustración, tiene gran capacidad de admiración; especialmente hacia cierto diseñador de quien colecciona y estudia todo tipo de materiales. Cuando supe que el Centro Dramático Nacional programaba mi versión de Insolación de Emilia Pardo Bazán, comprendí que eso significaba tener un cartel de Isidro Ferrer, e inmediatamente pensé en Alicia.

Carmen María, clarinetista y profesora de música, me contó que acompañó a su hermana Alicia al estudio de Ferrer, quien le había permitido visitarlo. Y que allí, contemplando sus trabajos, no pudo reprimir un grito al ver mi nombre en dicho cartel: “¡Es mi primo!”, exclamó. Sonreí al saberlo: la alegría de mi familia es mi alegría. La felicidad de Alicia es también mi felicidad.

Cada uno tiene sus referentes. El de Alicia es Isidro Ferrer. El mío es Ana María Matute. Insolación nació de mi amor por Ana María, mi escritora favorita. En cierta ocasión se me había ocurrido halagarla sin advertir el exceso: “Eres la mejor escritora desde Santa Teresa”, le dije. “¡Tú eres tonto!”, me respondió con fingido y divertido escándalo. Me advirtió de que antes de volver a disparatar leyese a Emilia Pardo Bazán, y prácticamente puso en mis manos Insolación.

Supongo que Alicia ve en Ferrer algo semejante a lo que Ana María supone para mí desde pequeño, y a lo que después he encontrado en Emilia Pardo Bazán: la guía, el ejemplo, el modelo, el magisterio, la enseñanza, el norte… El maestro no es alguien a quien copiar, sino la persona que ha descubierto un camino propio y te da la clave para que te aventures por el tuyo. Tiene voz natural, no impostada. Su distinción no es forzada, sino consecuencia de la personalidad: eso que es tan difícil de alcanzar.

El cartel en cuestión representa una rama seca, un sarmiento. Dado que Alicia y yo hemos nacido y crecido dentro de la mayor extensión de viñedos de Europa, La Mancha, esa imagen me resulta más que familiar. Pero en Insolación hay algo que debe morir para que otro algo empiece a vivir, o lo haga de mejor manera. Por eso, quisiera creer que esas letras que jalonan la rama son en realidad brotes a punto de crecer. Así lo afirman las últimas palabras de la obra: “Y el sol quema, es verdad; y nos ciega, y nos enferma… Pero sin el sol, sencillamente, no estaríamos aquí. Imagine un mundo sin luz, donde nada fructificase: ni las gentes, ni las cosas, ni las ideas… Un mundo de seres pálidos y tristes, moviéndose por inercia, sin ilusión ni felicidad. ¿Quién querría habitar un páramo así? No; necesitamos objetivos y esperanzas; nos hace falta amor, y mucha iluminación para encontrarlo. Nadie tiene la culpa, créame. La culpa no es de los hombres, ni de las mujeres, ni de naturaleza, ni de la sociedad. La culpa es del sol; del sol… que nos da la vida”.

@Pedro_Villora

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