Huele a 36

Publicado por el Aug6, 2017

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La obsesión antifranquista es folclore prebélico y la izquierda está sedienta de otro 36. Se intuye en Pedro Sánchez, se palpa en Podemos y no puede disimularse en Cataluña, entre Convergència y la CUP. Como hiciera Companys con la FAI, Puigdemont está armando a sus anarquistas, que hoy se llaman antisistema. Entonces con metralletas y hoy con complicidad y hasta con complacencia.

Hace meses que en Barcelona todo fluye hacia el 36. Huele a sangre de revancha como siempre que la derecha catalana cree que la izquierda será más nacionalista que izquierdista. Y la izquierda es radicalmente izquierdista cuando tiene que elegir. Y asesina, valga la redundancia, porque esta historia tiene siempre el mismo final y es que nos matan. Por católicos, por ricos o por envidia pero correrá la sangre y será la nuestra y nuestros los cuerpos amontonados en las cunetas.

La CUP quemando los autobuses del turismo es la CNT incendiando iglesias: cada época tiene sus “hits” y el mismo totalitarismo ha tenido a muchas y muy distintas víctimas a lo largo de los siglos.

No es nada que no merezcamos. Concretamente en Cataluña y en general en España hemos blanqueado a estos criminales aceptando el marco mental de la corrección política. Hemos renunciado a explicar que Hitler fue tan socialista como Stalin y si la exaltación del nazismo está penalizada, la del comunismo no sólo se permite sino que se fomenta y justifica bajo el argumento de que “como mínimo la idea era buena”. Nos hemos dejado acomplejar por la izquierda y hemos renunciado a explicar sus crímenes, el crimen fundamental que la izquierda es y representa, el horror de la República, el hundimiento económico, moral y espiritual que conlleva el colectivismo atroz y la economía planificada. Hemos explicado la Guerra Civil como si no hubiera sido peor haber caído bajo la influencia del Pacto de Varsovia y el franquismo como si la llamada resistencia no hubiera sido más totalitaria que el propio Régimen. A los que tanta memoria histórica reclaman todavía no les hemos enfrentado a su monstruoso recuento de cadáveres.

Y todavía nos extraña que asalten autobuses o ensucien las plazas cuando lo verdaderamente incomprensible es que todavía no nos estén matando, que es lo que siempre hicieron, incluso cuando no les dábamos tantas facilidades ni tanta cobertura ideológica. Cataluña está a una mala botella de vodka de que a alguien se le vaya la mano. La CUP hierve el caldo de cultivo de la violencia y no sólo la espera sino que la desea: ésta es su estética y su ética, 336.375 catalanes que lo sabían les votaron y la derecha les ha cedido el liderazgo, el método y el ritmo del momento escupiendo sobre la memoria de sus abuelos brutalmente asesinados.

En el conjunto de España el PSOE, como siempre la izquierda, prepara el gran sabotaje a la convivencia, a la libertad y la prosperidad por el golpista camino de demonizar a su adversario hasta convertirlo en enemigo. Es el viejo método socialista, previo al campo de exterminio o la checa, que son fruto de la misma autoría intelectual y no precisamente nuestra. Lo explica muy bien Primo Levi en “Si esto es un hombre”: y lo que explícitamente hicieron los nacional socialistas alemanes lo hace metafóricamente nuestro socialista nacional, Pedro Sánchez, para negarles al presidente Rajoy y al Partido Popular cualquier dignidad, hasta que cuando llegue el momento de fulminarlos parezca sólo el camión de la basura haciendo su trabajo.

Huele a 36 y es cuestión de tiempo, y de poco tiempo, que las metáforas se concreten en la noche en que vinieron a buscarnos.

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