Del bibliófilo al bibliómano no hay más que una crisis

Del bibliófilo al bibliómano no hay más que una crisis

Publicado por el May 17, 2017

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El afecto personal, puro y desinteresado, que es compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato, es lo que conocemos como amistad. Después de un trato continuado, esa amistad, dependiendo de las circunstancias y de dicho trato, se puede convertir en algo más. Algo que hace sentir a las personas una atracción que puede ser mutua o no. Esa atracción también se puede dar con acciones determinadas que realizamos a lo largo de nuestras vidas o con diferentes objetos que nos aportan un valor especial y esencial en el trascurso de nuestro día a día. Dichos objetos pueden manifestar un amor importante. Uno de esos objetos a los que se le manifiesta una devoción que marca muchas vidas es ese conjunto de hojas de papel que quedan encuadernadas y en su interior residen miles de palabras, estoy hablando del libro.

Una de las personas que más ama a los libros es un bibliófilo; como lo fué el francés Charles Nodier (1780-1844). Nodier fue un escritor muy prolífico, de gran imaginación y de erudición destacada en el campo de las letras. Además de académico en Francia fue filósofo, entomólogo, bibliófilo y bibliotecario de enorme prestigio en su época. Fue una figura que conseguía marcar el camino de muchos otros bibliófilos. Gran, apasionado de los libros viejos y las ediciones raras y curiosas, dirigió la Biblioteca del Arsenal de París (en 1934 la Biblioteca fue incorporada a la Biblioteca Nacional de Francia) desde 1824 hasta el día de su muerte en 1844. En uno de sus salones llegó a reunir a futuros escritores románticos de la época como Victor Hugo, Nerval, Gautier, Alexandre Dumas y desde allí los dio a conocer.

Su obra es poco conocida en nuestro país, por lo que las traducciones de sus escritos escasean un poco. Pero gracias a la gran labor de Trama editorial nos encontramos con una verdadera delicia de escrito de Charles Nodier hacia los libros. Con el título de “El amante de los libros” están “El bibliómano”«El amigo de los libros», dos breves relatos sobre bibliofilias, en los que nos muestra lo que los libros significaban para él, y sobre todo, hace un retrato exquisito sobre aquellas figuras que lo rodean y tratan con ellos, describiendo mediante grandes definiciones lo que son un bibliófilo y un bibliómano.

Como introducción a la edición de este relato breve, se ofrece algunos fragmentos de “El Arsenal” (La mujer de la gargantilla de terciopelo), de Alexandre Dumas, capítulo basado en una curiosa historia que Nodier relató al novelista y donde se describen esas eruditas reuniones que el bibliotecario organizó en la Biblioteca hasta el día de su muerte, y la tristeza que a todos sus amigos les causó la desaparición de su querido amigo y bibliotecario.

Cuenta Dumas que “Nodier era un hombre adorable, sin un solo vicio, más lleno de defectos, de esos encantadores defectos que son la originalidad de quien es brillante, pródigo, despreocupado y trotacalles(..) Nodier sabía casi todo aquello que un hombre puede saber; además gozaba del privilegio de quien es ocurrente: cuando no sabía algo, inventaba y lo que inventaba resultaba mucho más ingenioso y brillante que la probable realidad”.

Además de un gran retrato personal de Nodier, el lector se encontrará afirmaciones realizadas por el bibliotecario sobre el futuro del libro que son totalmente actuales. Comentaba en su texto de 1841 que era “importante entender bien la figura del amigo de los libros, pues todo indicaba que pronto se extinguiría. El libro impreso existe a lo sumo desde hace 400 años y en algunos países ya se está acumulando de tal modo que el antiguo equilibrio del globo peligra. La civilización ha alcanzado su era más inesperada, la Edad del Papel. Desde que todo el mundo se dedica a escribir libros, nadie tiene gran interés por comprarlos (…) Si se considera al amigo de los libros una especie subdividida en numerosas variedades el primer puesto de tan ingeniosa y caprichosa familia le corresponde al bibliófilo”.

Aquí es donde Nodier nos muestra su especial énfasis descriptivo de una figura que ama los libros, los cuida, los mima, ve en ellos algo más que meros contadores de historias. “El bibliófilo es un hombre dotado de cierto ingenio y gusto, que goza con las obras fruto del talento, la imaginación y el sentimiento. Aprecia esa muda conversación de las mentes superiores que no requiere de la reciprocidad, que uno inicia cuando quiere, abandona sin descortesía y reanuda sin riesgo de ser inoportuno. Y del amor por ese autor ausente, que recupera el lenguaje merced al artificio de la escritura, ha pasado sin darse cuenta al amor por el símbolo material que lo representa. Ama el libro como un amigo ama el retrato de su amada y, al igual que el amante, desea adornar aquello que ama. No sería capaz de vejar el valioso volumen que ha colmado su corazón de tan puros deleites bajo el triste viso de la miseria, pudiendo concederle el lujo del tabí y el tafilete. Su biblioteca resplandece de encajes de oro cual atuendo de favorita, y ya solo por la apariencia sus libros son dignos de la mirada de cónsules, tal como deseara Virgilio”.

Nodier habla también del opuesto al bibliófilo, esa persona conocida como bibliómano que en sus desordenados anaqueles tal como recibe el homenaje de un libro lo vende. “Huelga decir que no lee y jamás lo paga. El bibliófilo sabe elegir los libros; el bibliómano los amontona. El bibliófilo añade un libro a otro tras someterlo a todas las indagaciones de los sentidos y la inteligencia; el bibliómano apila los libros sin mirarlos siquiera. El bibliófilo aprecia el libro; el bibliómano lo pesa o lo mide. El bibliófilo procede con lupa; el bibliómano, con vara. Sé de unos cuantos que miden la expansión de su biblioteca en metros cuadrados.” Por lo que “del bibliófilo al bibliómano no hay más que una crisis (…)”

“El amante de los libros” es un oda a la Alegría. Una oda a la Alegría del papel impreso, a las frases que se imprimen en el, a las palabras que dotan de significado a cada una de ellas, y sobre todo, una oda a la figura que procura cuidar esos libros que una vez han salido de la pluma del escritor procura que no se pierdan en el olvido cuidándolos, buscándolos y mimándolos.

 “El amante de los libros” // Charles Nodier // Trama Editorial // Traducción: Alicia Herrero // 80 páginas // 2015 // 12 euros

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