España y la arqueología subacuática

Publicado por el Jul 29, 2013

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Cuando en mayo de 2006, al sur de las costas portuguesas se descubrió el pecio de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes – inmediatamente bautizada como “La Merchi” en el mundillo – , se culminaron años de trabajo de científicos, arqueólogos, historiadores y técnicos, muchos de ellos españoles. La empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration, que financió esta operación, demostró que con voluntad y medios, es factible ejecutar proyectos complejos de naturaleza patrimonial bajo el mar. Este trabajo tuvo una fuerte contestación desde el ámbito científico y cultural, acusando a dicha compañía de actuar como Piratas o saqueadores sin escrúpulos.

Tras el hallazgo de la fragata española se iniciaron dos caminos que culminados juntos hubieran sido propios de cualquier país desarrollado.

El Reino de España se sintió afectado en sus intereses con la recuperación del tesoro que la compañía estadounidense trajo a la superficie. En uso de sus derechos, España pleiteó y obtuvo la restitución del cargamento de monedas de plata y de algunos otros objetos.

Lo extraído en aquella ocasión constituye sólo la mitad de lo declarado en el manifiesto de carga. Si le añadimos el contrabando, y los efectos personales de los pasajeros, es posible que en Cartagena estemos custodiando una pequeña porción del total del tesoro.

No vamos a mencionar el resto de los objetos que restan en el fondo del mar: vajillas de plata, cañones de bronce – piezas de museo ya en el momento del naufragio – y toda la información cultural que tan orgullosos proclamamos es nuestro objetivo.

El primer camino había sido transitado hasta el final y culminado con éxito desde el punto de vista del gobierno español… pero el mérito residía sólo en aportar el dinero para contratar buenos abogados y en obtener el derecho para la restitución desde el punto de vista del sistema judicial norteamericano. Ahí acaba la virtud de nuestro país.

Decía Greg Stemm cofundador y director ejecutivo de Odyssey Marine Exploration, que la cuestión de la Merchi era lo mejor que le podía pasar a la Arqueología Subacuática española, ya que consideraba que sería un revulsivo para que esta disciplina despegase definitivamente en nuestro país… pero Greg Stemm no conoce a los españoles.

El segundo de los caminos es el que nunca se transitó. Que seis años después de la recuperación de una parte del tesoro, España no haya enviado una expedición a comprobar el estado del yacimiento, es algo que no se admitiría en cualquier otro lugar que no fuera un país con una política cultural como la nuestra  y con un desarrollo en Arqueología Subacuática como el que padecemos.

Es verdad que no podemos extraer todo aquello que atesoran nuestros mares, pero debería ser una prioridad del Estado conocer sus fondos y aquellos yacimientos en los que quiere hacer valer sus derechos  al menos para evitar la actuación de incontrolados. ¿Quién nos garantiza que terceros no hayan intervenido ya en el yacimiento?. La cantidad de plata que continúa allí hundida es sin duda un poderoso reclamo.

España es sin duda el país con más Patrimonio Cultural Subacuático del mundo, no sólo en lo que corresponde a sus aguas de responsabilidad, sino en aquellos yacimientos españoles diseminados por todo el mundo. Hoy por hoy nuestro país es un  es un enano en la investigación, estudio y rentabilización del Patrimonio Cultural Subacuático.

Esta situación no es debida a la falta de medios o profesionales dedicados a este campo. La razón, a mi modo de ver, recae en la escasa preparación de los encargados de su gestión que impiden que se apliquen recursos a este campo. Segregar completamente la Arqueología Subacuática de la gestión del Patrimonio Cultural terrestre será un primer paso en la buena dirección.

Como ejemplo tenemos lo sucedido en Galicia,  al parecer esta comunidad se dispone a sustituir a los arqueólogos y restauradores subacuáticos por buceadores de la Armada Española, tal y como se ha publicado en prensa recientemente. Desde la Administración se ha escogido, por falta de asesoramiento, un camino errado que solo puede terminar en una chapuza de la que se arrepentirán tanto esa Administración como quienes participen en la aventura. Esta vía ya se tomó en el pasado tanto en nuestro país como en el extranjero  y nunca ha dado buenos  resultados para ninguna de las partes. Creemos firmemente en la necesidad de colaboración con la Marina de Guerra  en tareas de protección del Patrimonio Cultural Subacuático, pero la sustitución de personal civil formado por militares sin habilidades específicas en este campo no es el camino.

Existe un axioma en Arqueología Subacuática que nació en el mismo momento en que surgió esta disciplina y es que es más fácil enseñar a bucear a un arqueólogo que formar profesionalmente como arqueólogo a un buceador. Siempre existirán ayudantes y auxiliares, pero nunca se ha de permitir intervenir en el Patrimonio Cultural Subacuático a personal sin formación.

Que los medios, técnicas y desarrollos en este campo evolucionen de año en año no ayuda a hacer comprender a los responsables del Patrimonio Cultural Subacuático el gran desarrollo que tiene esta disciplina en nuestros días en todo el planeta. La situación española ha devenido en incompatible no sólo con países de nuestro mismo nivel de desarrollo, sino con aquellos teóricamente situados uno o dos peldaños más abajo. Países como Albania, Vietnam, Cuba, México, y tantos otros, mantienen proyectos complejos y relevantes a nivel internacional, al contrario de España.

Nuestros centros de investigación tanto aquel estatal como los tres autonómicos existentes parecen ser incapaces de ver más allá de sus aguas inmediatas. Un Centro de Investigación Arqueológica Subacuática que sólo en dos ocasiones ha salido de las aguas murcianas (las de menor extensión de todas las CCAA) no merece el adjetivo de Nacional. Que apenas tenga dos o tres arqueólogos, sin proyectos de investigación conocidos, dedicados prácticamente a estudiar los objetos de sus almacenes no ayuda. Su vinculación exclusiva con el Mediterráneo, y con la cultura clásica en concreto,  no parece lo adecuado en un país que ha aportado tanto – tantísimo –a la Historia Marítima mundial, precisamente cuando abrió los océanos del planeta, más allá de aquel restringido mar, permitiendo  que la humanidad superara la visión clásica del mundo.

La falta de oportunidades en proyectos de investigación académicos o de cualquier otro tipo, ha provocado que los mejores arqueólogos subacuáticos españoles busquen su superviviencia en el extranjero o en proyectos vinculados en todos los casos con las obras públicas y la minimización de daños en el Patrimonio Cultural Sumergido. Alguna de las empresas que los encuadran han llegado a acumular con los años muchas más intervenciones que todos los centros oficiales juntos. Los profesionales que intervienen en este tipo de trabajos han acumulado una dilatada experiencia en trabajos arqueológicos subacuáticos en la infinidad de intervenciones realizadas… y es que pisando moqueta no se hace arqueología subacuática. Esta experiencia, tal y como corresponde a nuestro país, no es  aprovechada por las administraciones públicas, no existiendo ningún tipo trasvase de profesionales desde el espacio privado al público.

España tiene obligaciones en materia de Historia Marítima, el nuestro fue el primer país de Europa que se animó a desarrollar la navegación de altura, más allá del cabotaje euromediterráneo o africano. El cruce de los océanos Atlántico y Pacífico son logros españoles, y para ello desarrollamos nuevas naves que permitieron, merced a sucesivas evoluciones de la misma idea, a Europa dominar el mundo durante  cuatro siglos.

Parece que estemos esperando que sean los anglosajones los que estudien nuestros barcos y se los muestren al mundo y ello no es por falta de yacimientos o por falta de profesionales. No es más que una muestra de la desidia e inepcia de los responsables de poner fin a esta situación.

Se puede argumentar que España mantiene una estructura estatal que impide afrontar proyectos comunes de investigación, sin embargo la realidad es la ausencia de tales iniciativas. La Arqueología Subacuática española adolece prácticamente de cualquier tipo de investigación. Me gustaría comprobar la reacción de las diferentes autonomías ante una petición de intervención arqueológica por parte de un organismo oficial… este contexto es inédito en nuestro país.

La gestión de la Arqueología Subacuática en España es reactiva, cuando se produce un hecho, y se hace público, se ejecuta, si reviste gravedad y normalmente por iniciativa política, un protocolo de contención de daños… Nunca se actúa preventivamente, y por supuesto no existen proyectos de investigación de ningún tipo. Podemos utilizar la crisis como excusa, pero este escenario es totalmente ajeno a esta circunstancia, ni en las épocas doradas hubo la menor iniciativa para cambiar la situación.

Creo firmemente que para dar solución a un problema lo primero es exponerlo y espero, – creo que con el tiempo se conseguirá – que esta enumeración permitirá poner las bases para que España ocupe en este campo el puesto que merece, tanto por su Historia como por el Patrimonio Cultural Subacuático que custodia y del que es responsable.

Nuestros gestores piensan que construyendo un centro aparatoso  – y caro de coste y mantenimiento -, y quitándole el botín a una empresa norteamericana ya han cumplido su función. En ambas tareas únicamente  se han gastado, y gastan, millones de euros que irán al capítulo de Arqueología Submarina. Pero en estos años hemos demostrado nuestra incapacidad  de poner un arqueólogo bajo el agua en un proyecto serio y continuado en el tiempo, en Galicia nos disponemos a apuñalar el ejercicio profesional…  y no hemos sido capaces de descender a comprobar lo que resta de la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes… cuando todos sabemos que lo primero que hay que hacer cuando se produce un delito es inspeccionar la escena del crimen, ¿o es que quizás en realidad el crimen es la falta de reacción ante el mismo?.

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