Cuéntame de Fórmula V cuando el verano era gigantesco

Publicado por el ene 16, 2014

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los_cambios

“Un veinticuatro de agosto yo te conocí, un cinco de septiembre te dejé partir. Bastaron dos semanas para enamorarme de ti…” Vaya flash encontrarme de nuevo con estos versos que llevo repitiendo desde niño sin haberme nunca preocupado de saber a qué canción correspondían. Tenía un servidor nueve años en aquel verano. Pues sí, era “Carolina”, el último single de Fórmula V con el que, en 1975, se iban a tomar supuestamente un descanso los cinco músicos madrileños. No volverían a reunirse nunca más. Fue el punto final de una historia intachable, mágica, en la música española.

Sobre el escritorio, un disco pequeño con el logo de las olas-ondas y las estrellitas de la Philips. Grabado en Mono. 1969. Dos canciones: “Cuéntame” y “Solo sin ti”. Sin valor de cambio. Como éste, se vendieron en su momento cientos de miles. En uno de cada diez hogares de la península ha de haber o hubo uno de estos discos. Su valor ha de ser otro. Fórmula V es, sobre todo, el grupo de las llamadas canciones del verano cuando el verano era gigantesco. Cuando el frío rechinar de un columpio podía servir de acompañamiento a las voces desafinadas cantando “…sin la menor indulgencia Eva María se fue”. Una bolsa repleta de magdalenas de Proust. Aparece esa pista llena de grietas, esa bola de círculos de acero que era como una galaxia de amarillo ferroso desconchado a la que trepar y desde lo alto pasar largas horas charlando y cantando con el mar allá abajo, las olas rompiendo contra el muro enfrente del Chiqui.

Fórmula V -de los más recurridos en lo alto de aquella bola- fueron sacando en diversas estaciones del año sus 45 revoluciones por minuto desde 1968 hasta 1975, una carrera muy corta para un grupo de tanto éxito. Todo esto lo sé ahora, claro. Entonces cantábamos y ya. Mariní Callejo, Marieta para los íntimos, fue en gran medida hacedora de este proverbial fenómeno en la música española  llamado Fórmula V, del mismo modo que lo fue de la aparición y dirección artística de Los Brincos desde sus inicios, del lanzamiento de Los Relámpagos y de Massiel, de Tara, de Judy Stephen, del primer Nino Bravo o de dirigir la carrera de Mari Trini. Y haría lo propio con Rocío Durcal más tarde. Cómo una figura y una vida incomparable como la de Mariní, una de las primeras si no la primera componente femenina de un grupo rockero en España al frente de Los Brujos, con tanta historia viva de la música española a sus espaldas esté hoy tan olvidada, más que un misterio es una tristeza.

En el film A 45 revoluciones por minuto (1968) de Pedro Lazaga podía verse a un jovencísimo Juan Pardo cantando “Busca un amor”, una canción de altas miras que parecía atravesar el cielo desde Finisterre a Cabo de Gata como un misil en 1969. La canción original de Juan pasó a manos de Fórmula V convirtiéndose en un nuevo éxito en su fulgurante carrera en la cima: “Busca un amor para tu vida, vive tu vida para el amor. Hace frío en mi alma”.

El otro hacedor del fenómeno “Fórmula V” fue José Luis Armenteros, antiguo componente de los Relámpagos y que firma junto a Pablo Herrero gran parte de los demoledores éxitos del grupo, como “Cuéntame”, “Tengo tu amor” o “Eva María”, canciones que además de estar incrustadas en el inconsciente colectivo son de lo más estrictamente pop con mayúsculas que se ha hecho nunca en España.

En 1997 salió un curioso larga duración de homenaje a Fórmula V titulado Fórmula independiente donde, por ejemplo, Los Nikis -los Ramones de Algete- llevaban a su terreno ”Ahora sé que me quieres”, Sexie Sadie se atrevían con “Cuéntame” y, oh sorpresa, nada menos que los ejemplares Negativos transformaban el poderoso Farfisa de Chapete y las guitarras steppenwolfianas de Quino en esa brutal canción que es “Tras de ti”. Fiereza contenida, abruptos cambios de tiempo y un aire a Woodstock inexplicable a primera vista, ya que el evento acababa de celebrarse unos meses antes de la grabación del disco.

“Tras de ti”, que se publicó en 1970 es, creo, una de las mejores y más arriesgadas canciones de rock grabadas en aquellos años. Hay alguna otra incursión en el rock, en concreto una muy al estilo de Bo Diddley, la estupenda ”Corazón solitario” publicada en el larga duración de 1974 En la fiesta de Blas. José Ramón Pardo, al frente de su sello Ramalama Music, lleva desde que en 1996 reeditara el primer disco de Aguaviva -su primera referencia en catálogo- cerca de dos décadas publicando con generosidad y sabiduría muchos de los tesoros olvidados o sin completar de la música pop española. También los de Fórmula V.

Unas literas dobles como de regimiento. Sábanas húmedas de salitre. Con ojos de sueño mirar a la izquierda el aspecto del cielo cubierto de nubes, veloces estatuas de mármol que se estiran sobre la punta de los carabineros. Nordeste. Bajar cada peldaño de las cien escaleras de piedra con los pies descalzos tenía su razón de ser. Extraña procesión de beduinos semidesnudos con toallas por turbantes. Cantando hasta llegar a la arena, cerca del muro, con la mole amarilla de Feygón a la espalda. Cuando el verano era gigantesco. Cantando ”Hermano que te vas a California 121 de PAN-AM. Llévale a esa muchacha que te espera olor de arpillera, aceitunas y azahar, algarrobos y chumberas, y mi navaja tripera, que de vez en cuando, sólo de vez en cuando, dio un guiño al sol. Y ahora vuela… Y ahora vuela a diez mil metros sobre el mar. Pensando en ella… Queriendo llegar. Y ahora vuela, vuela.”

 

 

 

 

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