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Blogs Una de piratas por Oti Marchante

Una cuestión personal

Oti Marchante el

 


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Una de piratas nació y vive sin grandes pretensiones, pero, sin ellas, ha conseguido reunir unas decenas de personajes (para mí, y aún sin saber realmente quiénes son ni dónde están, personas) que participan habitualmente y con criterio y paciencia en las cosas del blog. Por razones que no alcanzo del todo a entender, pero que sin duda tienen que ver conmigo o con mis amigos (Boyero, Garci…), de vez en cuando nos llega desde el exterior una ola de furia que intenta por todos los medios ahogarnos. Generalmente estas oleadas nos acaban reforzando, aunque a veces me pregunto si merece la pena ese desesperado cruce de espadas contra fantasmas y canalla sin ningún interés. Pero…


Siempre cuentan algo, aún sin pretenderlo. Me ha parecido observar que existe entre esta gente una tendencia a considerar que lo que aquí se dice, en el foro, es fruto de una especie de “línea editorial”, y que todos estamos al servicio de ella. Y eso, que obviamente es falso, me ha hecho ver la importancia de lo contrario, o sea, de la verdad. Que somos muchos los que intercambiamos opiniones sobre películas, que somos pocos los que coincidimos, que, a pesar de ello, se suele mantener un magnífico tono de respeto y de interés por las opiniones de los demás, sin perder en ocasiones ese punto de “cuerpo a cuerpo” que necesita la discusión y la cinefilia. Casi todos nos hemos pedido disculpas a casi todos.


No necesito poner ejemplos de nuestras coincidencias y de nuestras divergencias. En todas las películas nos ocurre. La (pen)última, la de los Coen, o al antepen(última),  la de Woody Allen… Norman, Carlos, Paciente, Atticus, DavidGarrido, Letboy, Ernesto, Leah, Vercueil, Mr Klaatu, AltoVolta, Delgado… ¿Puede haber mayor divergencia en los modos de ver y de considerar las películas?… En lo que realmente sí coincidimos es en la “honestidad” a la hora de ver y de decir aquí lo que opinamos, porque no tenemos nada de “secta” ni de “línea” o “corriente”.


Por eso, la muchedumbre (que suele pensar como un solo hombre) no puede evitar el “morbillo” de mirarnos y hasta, a su modo, de colarse entre nosotros.


Será bienvenida, pero antes se tiene que despiojar y convertirse en individuo.


Se admiten personas. 


 

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