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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Humor amarillo

Pablo M. Díez el

Suena a coña pero va en serio. Al primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, le han dado el premio Confucio de la Paz por sus logros en Chechenia y por “mejorar el estatus político y el poder militar” de su país. El galardón se lo ha concedido el Centro Chino para el Estudio de la Paz Internacional, un presunto comité independiente de “intelectuales” e investigadores que, ahí va otra broma, pretenden competir con los premios Nobel.

El último Confucio de la Paz, ganándose el premio a pulso, múculo y mira telescópica

De hecho, no se decidieron a otorgar tales premios hasta el año pasado. Indignados por el Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, entre rejas por pedir democracia, crearon su propio galardón con unos requisitos muy distintos a los que exige el Instituto noruego. Nadie más lejano al pacifista Liu Xiaobo que el intrigante exagente del KGB Putin. En Pekín, las malas lenguas incluso rumorean que consideraron darle el premio a Bin Laden, pero no cumplía los requisitos. Estaba muerto y el galardón sólo puede entregarse a alguien vivo.

Chistes malos aparte, el humor amarillo del que hacen gala algunas viñetas en los periódicos chinos – controlados por la censura y la propaganda – clama al cielo. Con independencia de lo que uno piense sobre los indignados, hace falta poca vergüenza para publicar este chiste sobre el movimiento “Ocupa Wall Street” en un país como China.

Para los humoristas chinos, los "indignados" son angelitos y los policías demonios al servicio del capital. No como en Tiananmen 89

El humorista del “China Daily” retrata a los manifestantes como angelitos y a los policías como demonios al servicio de los ricachones, pero lo verdaderamente gracioso sería comprobar si haría la misma analogía en caso de que las protestas contra la banca – por cierto estatal en este país – llegaran, por poner un ejemplo tonto, a Tiananmen. Como en la matanza de universitarios de 1989, los tanques propios se toman más en serio que los antidisturbios ajenos.

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