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Blogs Música para la NASA. por Álvaro Alonso

The Waterboys, un bardo moderno

The Waterboys, un bardo moderno
Álvaro Alonso el

Mike Scott, líder de los escoceses The Waterboys, tras la extensa gira americana de los meses precedentes, volará desde Surrey en unos días para recorrer la geografía hispana junto a su banda actual con una serie de conciertos que le llevará el 13 de septiembre a Los Ejidos, Albacete (junto a The Animals), el 14 a la Nucia, Alicante (junto a The Animals y Loquillo), a Murcia el 19 (junto a Loquillo), para terminar en Barcelona el 21 y el 23 en Madrid. Tanto en Barcelona (Sala Barts) como en Madrid (La Riviera) abrirá el concierto el trovador Freddie Stevenson, que presenta su reciente cuarto disco, The darkening/The brightening (Cadiz Records, 2015), coproducido por el propio Mike Scott.

The Waterboys, inolvidable banda de amplio éxito en nuestro país gracias a canciones como “The Whole of The Moon” o “Fisherman´s Blues”, andan vivitos y coleando defendiendo su inspirado disco Modern Blues, nueve canciones grabadas en Nashville con la ayuda de avezados músicos de Memphis, como “Brother” Paul Brown a los teclados y David Hood, legendario bajista de los Muscle Shoals Studios de Alabama. Rezumando blues y soul por todos sus poros -entre las colaboraciones cuenta con las voces de Don Bryant, legendario cantante de nothern soul-, es este el undécimo empeño de Mike Scott por seguir defendiendo una música, el rock, que lleva visos de convertirse en objeto vintage, aunque para Scott, con 56 años, es mucho más que eso, es la banda sonora de su vida, son sus recuerdos, sus sueños, sus fetiches, sus ídolos, es Kerouak, es Elvis, es Van Morrison, Hendrix, Charlie Parker, Miles Davies o Coltrane.

Modern Blues es un disco casi perfecto de rock clásico, con un peso importante del órgano Hammond y las guitarras eléctricas, una conjunción exacta entre lo carnal y lo místico que tiene su punto culminante justo en el cierre, donde aparece (como si siempre hubiera estado ahí) una canción de más de 10 minutos titulada “Long Strange Golden Road”, historia de motel con un Scott reencarnado en  Dylan o Young o Morrison -en todo el rock con el que creció- para homenajear a los poetas beat, mientras urge a sus músicos a seguir y seguir en rizos que no quieren terminar nunca.

Mike Scott es un bardo moderno, pero un bardo al fin y al cabo, un contador de historias, un poeta que habla en clave, como aquel Tusitala llegado a los mares del Sur. Arranca el disco con “Destinies Entwined”, una batalla apoteósica de guitarras entre Mike Scott y Steve Wickham que nos instala en la emoción del This is The Sea, con ese manejo maestro de los tiempos largos que hizo a The Waterboys, como a Dire Straits, ser uno de los pocos grupos que uno puede poner en cualquier situación a buen volumen y ser aplaudido por los vecinos.

Como acostumbra, Mike Scott esconde siempre canciones más delicadas, suaves piezas de porcelana a punto de romperse en mil pedazos, como “Nearest Thing to Hip”, “November Tale” (dedicada al encuentro con una antigua amante), o certeros disparos al corazón, como “Beautiful Now”.  

The Waterboys nos recuerdan de nuevo quiénes somos, el suelo que hemos pisado y el que pisaremos, aunque todo parezca cambiar muy deprisa, aunque las cosas desaparezcan, como las viejas tiendas de discos, el aroma de las páginas de los libros, las sesiones de cine, los mitos, resumido en el estribillo: “I Can See Elvis”.

En “Still A Freak” a ritmo de boogie blues, con guitarras emulando a Steve Ray Vaughan, Mike Scott proclama: «las cosas desaparecen… pero yo sigo aquí». Y, amigo, ese es al fin y al cabo el dilema, “ser o no ser”. The Waterboys siguen siendo hoy, en tierra de grumetes, los triunfantes capitanes del barco.

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