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En los dias de octubre, con motivo de la crisis catalana, hubo una disparidad notable en el lado de los que defendían la unidad de España. Para unos, el término “nación”, presente en el artículo 2 de la constitución y aquello de lo que se predicaba precisamente la unidad, salía de forma natural. Para otros, no sé si continuadores del patriotismo constitucional, el término nación era polémico. Recuerdo una entrevista a Félix Ovejero donde hablaba de “término estéril”, inútil “como el flogisto”.
Mucha gente defendía la unidad de España, pero como Constitución, ordenamiento, espacio jurídico común, pero no como nación.
Para entenderme, dividí a los partidarios de la unidad en “nacionales” y “constitucionales”.
Este asunto no se discutió mucho –o no se discutió nada– pero parecía fundamental. Recuedo al respecto algo de Roger Scruton. Escribía sobre la dificultad de los conservadores ingleses para tratar cuestiones identitarias. ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? Y recordaba, o más bien recomendaba, la oportunidad que su idioma les brindaba con la palabra “country” porque, al contrario que “nación” o “patria” era un término que huía de abstracciones o ideologías; se refería a algo material, a un pedazo de tierra heredada. Este término, por tanto, recogía el pasado, la historia y la realidad efectiva pues es un territorio que se tiene y que a su vez “tiene” a sus habitantes, y cuya realidad física es incontestable. Hablar de “country” evitaba además cualquier precisión racial, religiosa, cultural, ideológica.
“Country” lo recogía todo: nación, Estado y sobre todo la materialidad de la tierra.
¿Sería “país” el equivalente español? Aunque país es equívoco. Es divertido y a veces desconcertante cómo Josep Pla, por ejemplo, lo usa aplicándolo a varias cosas: país es paisaje, es Palafrugell, es Ampurdán, Cataluña, quizás España.
Cómicamente, el “country” inglés de Scruton se ha generalizado aquí últimamente con “Estepaís”, expresión común en derechas e izquierdas porque evita polémicas. Pero le sigue faltando la tierra, que es realidad tangible (indebatible) y es realidad efectiva, histórica.

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