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Blogs French 75 por Salvador Sostres

¿Espiar qué?

Salvador Sostresel

Las casualidades no existen pero en el caso del teléfono móvil de Roger Torrent, presidente del parlamento de Cataluña, sólo en broma o por coincidencia azarosa puede haber sido incluido en una lista para espiarle, tal como asegura hoy una información de El País. ¿Para espiar qué? Es el tipo más inane, más insustancial de Cataluña. No tiene ninguna influencia en la política catalana, ningún poder en su partido; no se le conoce ninguna idea que no sea el afeitado de su barba, ninguna tendencia o corriente que no sea la de su narcisismo ni ninguna fuerza o empuje para convertir su postureo en ambición y ya ni digamos en candidatura.

Espiar a Roger Torrent es como espiar a un poleo menta. No hay en España un tipo más desconectado de su entorno ni menos consultado en las decisiones trascendentes. Si alguien de verdad tomó en serio la decisión de espiar a Torrent, merece ser evidentemente procesado, pero no por delincuente sino por imbécil.

Roger Torrent no es nadie, Roger Torrent no existe. Cuando ha hecho algo bien, como por ejemplo negarse a investir telemáticamente a Puigdemont como presidente de la Generalitat, ha sido siempre por los motivos equivocados: la cobardía, el miedo, y nunca porque creyera que el hombre libre obedece la Ley por la fuerza de la Ley y no por la fuerza de los hombres. Éste es Torrent: cuando acierta es por sus defectos.

Monitorizarle es por lo tanto más propio de independentistas que pierden el tiempo en guerras imaginarias que de la terrible maquinaria de un Estado maligno. A nadie en la vida se le habría ocurrido presentar o votar a Torrent para nada, y Esquerra prefirió hasta a Aragonès como candidato, de tan poco carisma y tan fácilmente parodiable, porque sabía que tras la barba de Torrent no había nada.

Un Estado tiene que tener espías y a los malos infiltrados. Pero lo de Torrent, en fin, yo es que sólo puedo pensar que alguien tomó nota del número de teléfono equivocado.

O bien -y siempre volvemos ahí- es que también la Generalitat tenía este programa de espionaje y quienes atacaron el móvil de Torrent fueron los convergentes. Recelos entre nulidades, pretendida “guerra contra España” cuando no son más que niñatas tirándose del moño entre ellas.

Cuesta de creer que el Gobierno se moleste en espiar a Roger Torrent. No cuesta de creer que la Generalitat convergente espíe a sus teóricos “compañeros de lucha“ de Esquerra. La derrota del independentismo seguro que no ha sido casualidad, y cada vez que conocemos más detalles de aquellos días, la provincia se revela más y más y mucho más letal.

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