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Blogs La fiebre del oro(.com) por Jon Oleaga

El afán regulatorio llega a Facebook y Airbnb

El afán regulatorio llega a Facebook y Airbnb
Jon Oleaga el

Que las regulaciones van siempre un paso por detrás de la innovación, no es ningún secreto. De hecho, las leyes y normas que regulan las nuevas tecnologías, se crean siempre de forma reaccionaria, es decir, cuando surge un problema. Hace unas pocas semanas fuimos testigos del primer atropello mortal de un coche autónomo en pruebas. Y ahí es donde surgen las dudas, quién es el culpable, el fabricante del automóvil, el conductor, o simplemente era un accidente inevitable. Qué, o a quién cubre el seguro. Algunos países han retirado los tests de coches autónomos de sus calles hasta que estas cuestiones se resuelvan. Pero, nos esperan unos años convulsos cuando los vehículos autónomos empiecen a invadir tanto el transporte público en dos años, como el privado, que se regulará de una forma totalmente diferente.

Mark Zuckerberg ha pedido disculpas hoy en el senado, donde lleva varios días dando explicaciones sobre cómo funciona Facebook y su sistema publicitario, por los datos de 87 millones de usuarios filtrados a Cambridge Analytica para una campaña política. Lo que, probablemente conduzca a intentar crear un mercado de datos personales más regulado en internet, sobre todo en Estados Unidos, donde la ley de protección de datos es mucho más laxa que en España. Nuestros datos son el petróleo del futuro, y debemos ser conscientes de ello. La famosa frase, “si un producto en internet es gratis, entonces el producto eres tú”, se nos tiene que quedar grabado a fuego.

La economía colaborativa también ha sufrido sus vaivenes en toda Europa, sobre todo Uber, en competencia con las compañías de taxis tradicionales que consideraban a la startup americana como una competencia desleal. Ahora es el turno Airbnb, que ya había recibido toques de atención debido a la multitud de pisos turísticos no registrados que albergaban su plataforma, en ciudades como Berlín o Barcelona. Ahora París ha denunciado a la famosa plataforma de alquiler, ya que sólo un 16,1% de los pisos allí ofertados están registrados como viviendas privadas que ofrecen alquiler. El ayuntamiento de París ya avisó a Airbnb, que debía obligar a los arrendadores a usar su número de registro desde el 1 de diciembre. Airbnb alega que los procedimientos son burocráticos y complicados para un usuario medio. Pero a París lo que realmente le preocupa son las 20.000 pisos que ha perdido la ciudad, en forma de pisos turísticos y que ya no están disponibles para los parisinos. Veremos en los próximos meses cómo se desarrollan los acontecimientos, y qué antecedentes se crean para que otras ciudades sigan el mismo camino.

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