No es del todo nuevo lo ocurrido con Amanda Knox, una sospechosa de asesinato convertida en estrella mediática, con las consabidas entrevistas televisivas, un libro sobre su vida y el crimen y hasta película.
Pero sí tiene un ingrediente que lo hace especialmente lacerante y es el que subrayaba ayer con gran acierto Frank Bruni en The New York Times (“Sexism and the Single Murderess”): el sexismo en la valoración de este crimen.
¿Qué hubiera ocurrido si el principal sospechoso del asesinato de una mujer en lo que dicen los fiscales fue una noche de sexo y violencia hubiera sido un hombre? ¿Se le habría convertido en estrella mediática? ¿O defendido su inocencia? ¿O habríamos condenado la terrible violencia de género?
Recuerdo brevemente los hechos:
Los estudiantes Amanda Knox, su ex-novio Gabrielle Sollecito y Rudy Guede fueron acusados en 2007 del asesinato en Italia de otra estudiante y compañera de piso de Knox, la británica Meredith Kercher. Según los fiscales, a lo largo de una noche de sexo y violencia, Guede violó a Kercher y Knox la apuñaló hasta la muerte mientras la sujetaba su novio por haberse negado a seguir el juego sexual que le propusieron.
Knox y Sollecito fueron condenados a 26 y 25 años de prisión y Guede a 16, tras acogerse éste último a una vía rápida que ofrecía atenuantes. Pero Knox y Sollecito fueron posteriormente absueltos por un tribunal de apelación. Es ahí cuando se multiplicó el estrellato de Knox, y continúa, a pesar de que el Supremo italiano ha anulado el juicio de apelación y van a ser juzgados de nuevo.
Amanda Knox es mujer, joven y bella y sigue paseándose por los platós televisivos de Estados Unidos, su país. Y es que lo suyo nada tiene que ver con la terrible violencia de género, parecen creer los medios. A juzgar por el tratamiento del caso, tampoco parece importar demasiado la víctima. Y es que este asesinato es tan sexy…
Sexismo