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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

Literatura carcelaria (2)

Emilio de Miguel Calabia el

Si hubo un género en el que Oscar Wilde sobresalió, fue en la comedia ligera, llena de sobreentendidos y máximas ingeniosas. Sus obras más trágicas (“Salomé”, “El retrato de Dorian Grey”…) se salen tanto de este esquema, que parecerían casi escritas por otro autor.

La vida de Wilde tiene algo de tragedia griega. El ascenso fulgurante (literato reconocido y bien pagado) y en el momento en el que estaba más alto, la caída ignominiosa, tan ignominiosa que su mujer les cambió el apellido a sus hijos, para que no les relacionasen con su padre. Para un hombre acostumbrado a moverse en ambientes refinados, tuvo que ser un golpe durísimo verse en la cárcel. Pasó en ella dos años y a su salida era un hombre roto y pobre. Murió a los 46 años, tres después de haber sido puesto en libertad. Sobre la base de su experiencia carcelaria, compuso “La balada de la cárcel de Reading”, una obra completamente aparte del resto de su producción. Transcribo su primera estrofa en inglés, porque no me siento capaz de hacer una traducción que haga justicia a la sonoridad que tienen los versos:

“He did not wear his scarlet coat,

For blood and wine are red,

And blood and wine were on his hands

When they found him with the dead,

The poor dead woman whom he loved,

And murdered in her bed.”

La literatura carcelaria no es exclusiva de Occidente. En Asia podemos encontrar varios ejemplos.

El más conocido de todos es la poesía “Mi último adiós”, que el héroe filipino José Rizal escribió en vísperas de su ejecución. En mi opinión peca de los excesos retóricos a los que eran tan dados los poetas de finales del XIX, pero la fuerza del sentimiento está ahí:

“Adiós, Patria adorada, región del sol querida,

Perla del mar de oriente, ¡nuestro perdido Edén!

A darte voy alegre la triste mustia vida,

Y fuera más brillante, más fresca, más florida,

También por ti la diera, la diera por tu bien.

(…)

Yo muero cuando veo que el cielo se colora

Y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;

si grana necesitas para teñir tu aurora,

Vierte la sangre mía, derrámala en buen hora

Y dórela un reflejo de su naciente luz.

Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente,

Mis sueños cuando joven ya lleno de vigor,

Fueron el verte un día, joya del mar de oriente,

Secos los negros ojos, alta la tersa frente,

Sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor.

(…)

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día

Entre la espesa yerba sencilla, humilde flor,

Acércala a tus labios y besa al alma mía,

Y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría,

De tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.

(…)

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,

Querida Filipinas, oye el postrer adiós.

Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores.

Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,

Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios.

Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,

Amigos de la infancia en el perdido hogar,

Dad gracias que descanso del fatigoso día;

Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría,

Adiós, queridos seres, morir es descansar.”

El disidente chino Liu Xiaobo estuvo entrando y saliendo de las cárceles chinas desde 1989 hasta su muerte en 2017. Tiene un poema dedicado a su mujer, Liu Xia, que me encanta por cuanto compara el amor que siente por ella con un encarcelamiento voluntario. El interior del cuerpo de ella sería su celda libremente escogida. Coincido con Liu Xiaobo en la visión del matrimonio como una cárcel, pero nunca hubiera pensado posible darle ese giro optimista.

“Querida. Nunca abandonaré la lucha por la libertad de la cárcel de los opresores pero seré voluntariamente tu prisionero de por vida.

(…)

“Soy tu prisionero de por vida, amor mío

Como un bebé que no quiere nacer

Me agarro a tu útero cálido

Me proporcionas todo mi oxígeno

Toda mi serenidad.

 

Un bebé prisionero

En las profundidades de tu ser

No temiendo el alcohol y la nicotina

Los venenos de tu soledad

Necesito tus venenos

Los necesito demasiado

 

Tal vez como prisionero tuyo

Nunca vea la luz del día

Pero creo

Que la oscuridad es mi destino

Dentro de ti

Todo está bien (…)”

 

Literatura

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