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Gloria Fuertes, poeta ñoña y lesbiana rebelde

Gloria Fuertes, poeta ñoña y lesbiana rebelde
Emilio de Miguel Calabia el

Cuando yo era pequeño, Gloria Fuertes era una presencia constante en los programas infantiles. Yo la recuerdo como una señora mayor que con voz cazallera (entonces yo no conocía el cazalla, así que seguramente habría dicho que tenía la voz rasposa) recitaba unos poemas que siempre me parecieron ñoños. No veía el momento de que esa pesada desapareciese de la pantalla y volviese Locomotoro, Bugs Bunny o cualquier otro personaje más prosaico.

No me reconcilié con la Gloria Fuertes poeta infantil hasta muchísimo después, cuando descubrí su poema “El camello cojito”. Tenía gracia y sentimiento: “El camello se pinchó/ Con un cardo en el camino/ Y el mecánico Melchor/ Le dio vino (…) Y a las tantas ya del alba/- ya cantaban pajarillos-/ los tres reyes se quedaron/ boquiabiertos e indecisos/, oyendo hablar como a un Hombre/ a un Niño recién nacido./ – No quiero oro ni incienso/ ni esos tesoros tan fríos,/ quiero al camello, le quiero./ Le quiero, repitió el Niño…“ Sí, puede que no sea genial, pero el buenismo que acompaña a la Navidad ha solido inspirar poemas muchísimo peores.

Este año del centenario de Gloria Fuertes se ha puesto de moda evocar la Gloria Fuertes lesbiana y rebelde. Con ganas de descubrir a esa Gloria Fuertes, me compré “El libro de Gloria Fuertes. Antología de Poemas y vida” que oportunamente (¿o sería oportunistamente?) ha publicado Blackie Books.

He leído el libro y he descubierto que me interesa más la persona que la poeta. Esto es grave, porque lo mismo me ocurre con Franco, me interesa más como dictador que gobernó España que como guionista de “Raza”. Cuando me interesa más la persona que su obra, quiere decir que considero su obra mediocre.

Leyendo los poemas seleccionados por Jorge de Cascante, que en su mayoría pertenecen a la Gloria Fuertes rebelde y no a la poeta infantil, descubro a una poeta que tenía buen oído para las aliteraciones y los juegos de palabras resultones y que solía ser capaz de inventar imágenes originales. Pero encuentro que le falta profundidad. Sus poemas son un poco como los versos que se me ocurrían de adolescente cuando estaba un poco bebidillo. Fuegos de artificio interesantes, que no llegaban a tomar vuelo.

Veamos el poema “Sueños nocturnos”:

“Soñé que estaba cuerda,

Me desperté y estaba loca.

Soñé que estaba cuerda,

Cuerda tendida en mi ventana,

Y en mí habían puesto a secar

Las sábanas de mis llantos nocturnos.

Soñé que tenía un hijo.

Me desperté y era una broma.

Soñé que estaba despierta,

Me desperté y estaba dormida.”

La imagen de “las sábanas de mis llantos nocturnos” me parece muy lograda, pero lo demás no pasa de ser el tópico tradicional de la confusión entre la realidad y el sueño, pero con poca gracia. Para tratar ese tópico, casi que me quedo con la concisión de Chuang Tzu: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa, y al despertar no sabía si era un hombre que había soñado ser una mariposa, o una mariposa que soñaba ser un hombre”.

Hay veces que Gloria Fuertes cae directamente en lo facilón. No sé cómo el poema “Un árbol, un libro, un hijo” ha entrado en la antología, mientras que “El camello cojito se quedaba fuera”. El poema dice:

“¿Hijos? No, hijo.

He plantado muchos árboles,

He plantado muchos libros

Y he plantado a muchos tíos.”

Como ocurrencia, me parece muy lograda, pero mi hija también tiene ocurrencias a raudales y ni la considero poeta, ni las pondría en una antología.

Ya he dicho que me parece una poeta que quiere ser profunda y no acaba de conseguirlo. En “Del 36 al 46” Gloria Fuertes evoca la juventud y sus amores:

“Juventud amiga mía

Recortada a mordiscos.

Peor época.

Me la pasé amando sin saber amar.

Juventud doliente

Con las suelas rotas.

Pensión amarilla

Con cenas de hambre

– pescadilla hervida-

Frío en el estribo

– del tranvía.

Juventud paciente

Fumando colillas.

Más o menos fue así

Mi juventud perdida.”

Tiene su gracia y es una evocación entrañable de la juventud. Lo malo es que la diferencia entre una poeta aceptable y un pedazo de poeta se pone de manifiesto cuando se compara ese poema con otro en la misma vena evocadora de Jaime Gil de Biedma. Transcribo “Noches del mes de junio”:

“Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.”

Casi lo que más me ha interesado de Gloria Fuertes en la Antología han sido sus opiniones sobre la poesía. Gloria se reconoce como una poeta autobiográfica. Cuenta cómo fue surrealista por el placer de liberar la imaginación y luego descubrió que podía escribir con total libertad sin necesidad de etiquetas. En la dicotomía entre poemas perfectos, pero insulsos, y otros descuidados, pero con mucho mensaje, se queda más bien con los segundos. Si no puede conseguir un poema perfecto en el fondo y en la forma, se queda con el poema capaz de decir algo.

Gloria defendía una visión casi mística de la poesía: “La poesía es lo más. Es un misterio absoluto. Quien escribe poesía es un elegido. Poesía es decir lo máximo con lo mínimo (…) La poesía ayuda, acaricia y, sobre todo, pellizca. Hay que ser poeta en todo y para todo. Hay mucho técnico, pero poco poeta.”

Y al mismo tiempo defendía una poesía que fuera cotidiana, directa, emotiva, con gracia. Una poesía tan involucrada con las personas, que decía que era incapaz de escribirle a un paisaje, si no había personas en él. Decía también que para leer bien sus poemas, primero les ponía palabrotas que luego quitaba. “Pienso mesa, cojones, y digo silla/ compro pan y me lo dejo, ¡coño!” Lástima, hubiera podido ser la Camilo José Cela de la poesía española.

En fin, que con gusto me leería una biografía de Gloria Fuertes, pero otra antología poética…

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