Este 11 de febrero se ha celebrado el DÃa Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia. Del dÃa 1 al 15 de este mes la iniciativa 11defebrero.org celebrará más de 2.500 actividades con el fin de animar a las estudiantes a embarcarse en carreras cientÃficas o tecnológicas, visibilizar el trabajo de las mujeres y favorecer la igualdad de género en este ámbito. Los pilares de esta reivindicación son, fundamentalmente, el acceso de la mujer a las carreras STEM (cientÃficas y tecnológicas), dada su escasez en grados como FÃsica o como las ingenierÃas, y su llegada a puestos de responsabilidad.
Muchos lectores se han preguntado si está justificado celebrar esta conmemoración. Por qué nadie reclama que más hombres se inscriban a carreras como BiologÃa, EnfermerÃa o Farmacia. Por qué hay que promover que haya personas que accedan gracias a su género, en vez de dejar que sean los méritos quienes decidan. También se ha cuestionado si no será, sencillamente, que las mujeres no quieren inscribirse en tales carreras. ¿Está justificado, en definitiva, celebrar el DÃa Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia?
La importancia del futuro
Dejaré que sean los datos quienes contesten a la pregunta. Sin embargo, me aventuraré a opinar que una sociedad igualitaria será aquella que sea capaz de proporcionar las mismas oportunidades a hombres y a mujeres. Por tanto, una de las claves es que todos tengamos las mismas oportunidades de acceder a las disciplinas que serán más relevantes en el futuro. Esto es especialmente importante si se tiene en cuenta que los últimos estudios sugieren que alrededor del 65% de los niños que están estudiando tendrán trabajos que hoy en dÃa no existen.
Muchos de estos trabajos serán accesibles por medio de disciplinas STEM (cientÃficas y tecnológicas). Según el Future of Jobs Report 2018, en Europa occidental el 86% de las empresas tendrá que contratar personal con habilidades en el ámbito de las nuevas tecnologÃas. El Informe Infoempleo Adecco 2017 sostiene que tres de los 20 sectores que más oferta de empleo han generado en España en el último año son la informática, las telecomunicaciones y las tecnologÃas de información y comunicación (TIC).
Pues bien, según Naciones Unidas, menos del 30% de las cientÃficas e investigadoras tecnológicas del mundo son mujeres. En España, los datos del Ministerio de Educación dicen que la presencia femenina en las carreras es del 25,4 % en FÃsica, del 28,7 % en IngenierÃa y Arquitectura y del 12,02 % en Informática.
En la OCDE, solo una de cada cinco chicas de 15 años quiere dedicarse a profesiones técnicas. En España, solo el 7% de las chicas piensa en estudiar estas carreras, mientras que el porcentaje que se decanta por carreras del ámbito sanitario asciende a un 15-17%.
¿Está ocurriendo algo concreto en estas disciplinas o es que sencillamente a las mujeres no les gustan? ¿Tienen ellas las mismas oportunidades que ellos? ¿Vivimos, por tanto, en una sociedad igualitaria?
La mujer es considerada menos competente
Muchos de nosotros contestarÃamos que sÃ. A fin de cuentas, nadie impide a las mujeres matricularse en esas carreras. Pero, ¿qué dicen los estudios estadÃsticos? ¿Muestran un sesgo del que quizás no seamos conscientes? Muy probablemente. De hecho, diversos estudios evidencian la existencia de un sesgo en evaluaciones y en el reconocimiento del mérito en función de si hablamos de un varón o de una mujer. Muchos de ellos concluyen que, para el mismo grado de productividad y de méritos, la mujer es considerada menos competente. Curiosamente, esto le ocurre tanto a evaluadores masculinos como a evaluadores femeninos, en general.
Lo interesante aquà es que este tipo de sesgos afectan a las decisiones que tomaremos a lo largo de nuestra trayectoria profesional. ¿Cuántos de nosotros hemos acabado odiando las matemáticas sencillamente porque sacábamos malas notas? Además, tienen una gran importancia en el ámbito de la investigación, porque los méritos, el número de artÃculos publicados en revistas de alto impacto, la asistencia a conferencias, las cartas de recomendación o los premios recibidos dependen en gran medida del reconocimiento de otros miembros de la comunidad cientÃfica. ¿Qué pasa entonces si, de partida, ya tenemos más dificultades? ¿Se puede decir que existe un sesgo de género?
Algunas investigaciones asà lo sugieren. Un reciente estudio realizado en Tel Aviv, Israel, los investigadores detectaron que en la evaluación escolar las niñas sacaban peores notas en matemáticas cuando los profesores sabÃan que eran niñas, que cuando no lo sabÃan. Sin embargo, este sesgo no se observó en exámenes de inglés ni de hebreo. Por tanto, se concluyó que las chicas habÃan sido desanimadas con estas calificaciones y que, por tanto, ellas elegÃan los cursos de ciencia en menor medida. Otro estudio realizado en Suiza, Austria y Alemania en 2014, detectó un sesgo similar en estudiantes de secundaria.
Un artÃculo publicado en 2012 en la revista PNAS detectó un sesgo inconsciente en los procesos de evaluación para un puesto de trabajo. Los investigadores enviaron CVs idénticos, que solo se diferenciaron en el nombre y en el género, para cubrir una plaza de jefe de laboratorio. A pesar de que los currÃculos eran idénticos, las “candidatas” fueron juzgadas menos competentes y menos aptas que los “candidatos”. También se les ofreció menos orientación y un salario significativamente menor. Curiosamente, ese sesgo era independiente del género del evaluador, de su edad, de su categorÃa profesional y de su área de trabajo.
También se encontraron sesgos en situaciones en las que habÃa que contratar personas capaces de realizar trabajos aritméticos sencillos. Por último, en procesos de selección de contratos postdoctorales, se ha observado que para el mismo grado de productividad los hombres son evaluados de modo más favorable.
Las mujeres son menos citadas
Si existen ciertos sesgos a la hora de evaluar las capacidades de otro, ¿no afectará esto también a la hora de valorar su trabajo? En definitiva, ¿no ocurrirá que los estudios firmados por mujeres y hombres serán evaluados de distinta forma? Eso parece. Un famoso estudio publicado en Nature en 2013, que analizó 5.483.841 artÃculos con 27.329.915 autores, averiguó que los artÃculos con mujeres en posiciones dominantes eran menos citados que aquellos en los que los hombres estaban en la misma posición. Es decir, en el mundo cientÃfico, llamarse John abre más puertas que llamarse Jennifer. Otro estudio más reciente concluyó que, globalmente, los artÃculos en los que una mujer es primera autora tienen un 6% menos de citas.
A mediados de los 90, un estudio de 312 cartas de recomendación detectó que los textos escritos para solicitantes eran diferentes en función del género. Las cartas escritas para hombres eran un 11% más largas y tenÃan más menciones a su éxito, resultados, habilidades y carrera. Las de las mujeres enfatizaban más la compasión, la formación, las relaciones personales, o lo trabajadora y meticulosa que era la candidata. Además, mientras que el 24 % de las cartas escritas para mujeres expresaban algún tipo de duda sobre la solicitante, solo el 12 de las escritas para hombres lo hacÃan.
Además, se ha observado que los informes de los supervisores sobre mujeres incluyen más comentarios crÃticos que los de los hombres: un 87,9 frente a un 58,9. Además, la mayorÃa de las crÃticas hacia las mujeres incluyen comentarios negativos sobre su personalidad.
La importancia de los estereotipos
Como hemos visto, algunos estudios indican que las mujeres en ciencia y tecnologÃa son consideradas menos competentes, de forma inconsciente, y que son menos citadas y peor valoradas en múltiples ámbitos. Por causas históricas, también sabemos que de los 590 premios Nobel otorgados hasta el momento, solo 52 han recaÃdo en mujeres. O que, en 2017, fue noticia que una mujer, Rosa Menéndez, comenzase a presidir el Consejor Superior de Investigaciones CientÃficas. ¿Es esto anecdótico o la punta del iceberg de un problema real? ¿Influye en las vocaciones el hecho de que las mujeres no hayan tenido, históricamente, un papel tan reconocido en ciencia y tecnologÃa?
Con la excepción de Marie Curie, en los libros de texto y medios apenas se dan a conocer a mujeres cientÃficas y a expertas. En los casos en los que se habla de ellas, es frecuente presentarlas como personas raras, completamente dedicadas a su trabajo y con poca vida personal, por lo que muy probablemente, muchas jóvenes no se identifican con estas, según un comentario publicado en Nature.
Quizás influya el hecho de que la tecnologÃa suele considerarse como un ámbito marcadamente masculino: desde la infancia, los juguetes relacionados con la técnica suelen ofrecerse al niño. En los libros de texto, tan solo uno de cada ocho personajes son mujeres. En ciencias, las apariciones femeninas ocurren en una de cada 20 ocasiones, mientras que en tecnologÃa aparecen 2 mujeres por cada 228 ocasiones. Según algunas investigaciones, esto lleva a establecer una disociación entre mujer y tecnologÃa. Y en medios de comunicación la situación no mejora: el 74% de las noticias cientÃficas muestran solo a hombres, mientras que un 17 solo muestra a mujeres.
¿ConfÃan menos en sà mismas?
No serÃa de extrañar que todos estos sesgos y estereotipos acabasen influyendo en las preferencias de las niñas a la hora de pensar en su futuro y de elegir una carrera. ¿No?
Un estudio reciente mostró que a partir de los seis años las niñas comienzan a relacionar la inteligencia con la masculinidad, y que empiezan a no interesarse por juegos que piensan que van dirigidos a personas muy “listas”. Un trabajo realizado por la Universidad Oberta de Cataluña, entre adolescentes, mostró que las chicas infravaloran más sus habilidades que los chicos en casi todas las materias, pero sobre todo en matemáticas, fÃsica y tecnologÃa.
Todo esto tiene más repercusiones. Según el informe PISA de 2015, las chicas sienten más ansiedad que los chicos ante las matemáticas, incluso cuando su rendimiento es bueno. Un estudio realizado entre estudiantes de secundaria de Francia, observó que las chicas empeoraban su rendimiento cuando hacÃan un ejercicio que se les decÃa que era de geometrÃa en vez de ser de dibujo, pero que esto no pasaba con los chicos.
Además de los sesgos, existen evidencias de que también hay diferencias de preferencias. Un estudio reciente realizado con los datos de 600.000 estudiantes sugiere que la utilidad social es un factor más importante para las chicas que para los chicos, y que esta no se percibe tan claramente en carreras como la fÃsica o las matemáticas. También se ha observado que el liderazgo es menos valorado por ellas que por ellos dentro de estas carreras STEM: El liderazgo es una prioridad para el 21% de las mujeres y para el 30 % de los hombres.
¿Techo de cristal?
Una vez dentro de estas carreras, el estudio The Athena Factor halló en 2008 que el 52% de las mujeres que trabajan en empresas del área STEM abandona su trabajo, frente a un 26% de hombres. Entre los motivos encontrados está la cultura machista, el aislamiento, la poca recompensa y la sobrecarga de trabajo. Un tercio de las mujeres dijeron sentirse aisladas, y muchas de ellas percibieron que existe una red de chicos de la que las mujeres son excluidas. Según este estudio, en ocasiones las mujeres carecen de mentores, de patrocinadores y de modelos en los que fijarse. Otros informes han concluido que el clima de trabajo es un factor importante en el abandono de las mujeres del ámbito tecnológico y de la ingenierÃa.
Este clima puede estar detrás de las conclusiones del Informe Mujeres Investigadoras 2018, realizado por el CSIC. A pesar de que más de la mitad de las tesis presentadas son realizadas por mujeres, se observa que su presencia disminuye a lo largo de la carrera investigadora. De hecho, solo alrededor del 35% del personal que disfruta de contrato indefinido o Ramón y Cajal es femenino. Solo un 21% y un 25 % de los catedráticos y lÃderes de grupo son mujeres, respectivamente. ¿Por qué ocurre esto?
La investigadora MarÃa Blasco, directora del Centro de Investigaciones Oncológicas (CNIO), dijo, en el debate “Mujer y Ciencia”, convocado la semana pasada por la Fundación Gadea, que “vivimos en un mundo patriarcal donde los hombres tienen un poder desproporcionado”.
No en vano, ellos parecen ser los que controlan la mayorÃa de las estructuras de poder y los grupos de evaluación, y los que crean redes de “networking” masculinas. Esto, junto a la baja autoconfianza, las preferencias de las mujeres y a los sesgos y estereotipos de género, parece ser uno de los factores que lleva a que las mujeres no accedan con la misma facilidad a los puestos de responsabilidad y, en general, a las carreras STEM.
Por tanto, varias cientÃficas han propuesto transformar la educación y los referentes. Mostrar que ellas son tan capaces como ellos, y tan libres de escoger su propio camino como cualquier otro. Han insistido en que la conciliación ha de ser cosa de todos, y los paneles de evaluación, deben ser equilibrados. En un mundo tan competitivo como la ciencia, esto parece totalmente fundamental.
“Hay una tremenda masculinización en el área de la ciencia“, explicó para ABC Mara Dierssen, directora de un equipo de investigación de 10 personas en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona. Según ella, esto “crea un profundo sesgo en la forma de entender y de hacer ciencia”. Aunque “sigue habiendo carreras masculinizadas y feminizadas”, “es en posiciones de lÃder de grupo y en los niveles más altos de responsabilidad donde el porcentaje de mujeres cae estrepitosamente”, advirtió. Por tanto, ocurre que “invertimos en talento en los estratos más bajos, pero después perdemos ese talento por el camino”. ¿Se debe permitir nuestra sociedad esa pérdida?
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