Salgari; entre tormentas, naufragios y profundidades marinas.

Salgari; entre tormentas, naufragios y profundidades marinas.

Publicado por el ago 22, 2016

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El mar, en ese lugar, ofrecía un espectáculo horrible. Las olas, detenidas bruscamente en su carrera impetuosa, golpeaban la isla con un estruendo ensordecedor y espantoso. Inmensas columnas de espuma caían, con fragor de trueno, contra las rocas, destrozándolas, pulverizándolas. La ciudad flotante, golpeada por todos lados, chocaba y volvía a chocar contra la costa.

Emilio Salgari

Cuarenta y ocho horas más tarde, el Rey del Mar; que había reemprendido su ruta rumbo a Poniente, para esperar al pairo a los barcos que venían de la India, de las grandes islas de Java y de Sumatra, y que se dirigían directamente por los mares de la China y del Japón, avistó un penacho de humo a unas quinientas millas de distancia del grupo de las Burguram. —¡Barco de vapor! —dijo Kammamuri, que estaba de guardia en la cofa del trinquete.

El rey del mar. Emilio Salgari.

Nadie regresa de un barco “dispersado” para decir cuánto tiempo fue la muerte de la nave, y la forma repentina y tormento supremo el último de sus hombres. Nadie puede decir con qué pensamientos, qué remordimientos, lo que las palabras en los labios que murieron. Pero hay algo puro en el repentino fallecimiento de esos corazones de lucha y la tensión extenuante, el tremendo ruido – a partir de la gran furia, siempre tranquila de la superficie, la paz profunda de la profundidad, inmerso en un sueño ininterrumpido el principio de los tiempos.

Joseph Conrad

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Tal día como ayer, un 21 de Agosto de 1862 nacía en la renacentista, pétrea y bella Verona un gran escritor, un tal Emilio Salgari. Su nacimiento, que hoy en su aniversario hemos querido recordar en espejo de navegantes, quedaba muy lejos de aquella primavera de 1911, en la que los periódicos de Turín abrían con una triste noticia. Emilio Salgari se quitaba la vida y su estrella dejaba de brillar para siempre.El nacimiento y la muerte, tan distantes y tan cercanos. Su muerte recordaba a la de otros grandes literatos, sin ir más lejos no puedo olvidar a Yukio Mishima y aquello de la “nieve de primavera”, curiosamente un 25 de Abril . Lo hizo al amanecer, en una zona conocida por Salgari, por donde solía transitar y pasear en momentos de soledad; en el colle del Lauro se abrió el vientre con un cuchillo, tal vez con un yatagan malayo que tan bien conocía al recrearlos mil y una vez en sus novelas. Luego se corto el cuello, ni tan siquiera tenía a un colega de honor para hacerlo. Se dejó desangrar hasta morir, tenía 47 años. La trágica vida de su familia, desgraciadamente da para otro artículo…pero en estos instantes, desde espejo de navegantes nos hemos querido hacer eco, a modo de sencillo y breve homenaje de un gran autor que estimularía, gracias a sus novelas, las mentes de miles de lectores que pudieron acercarse a la aventura y a la mar. De ello vamos hablar hoy. De mar, latitudes exóticas, la recreación de la memoria y la imaginación, de Salgari. Tormentas, naufragios y profundidades marinas.

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Estampas de Génova y su puerto en el siglo XIX. Ecosistema marítimo y portuario. caldo de cultivo de las novelas de Emilio Salgari.

Parece que gustaba a Salgari imaginar, recabar notas y escribir parte de su obra en la mesa de un café de un puerto de Génova, donde recogía los relatos de los marineros que venían del puerto. Algunos de sus especialistas sostienen que sus libros más célebres (la saga del Corsario negro, la de los Tigres de Malasia, Los pescadores de perlas y El león de Damasco … ) fueron inspirados por los viajes que Salgari realizó entre 1881 y 1888 como capitán de la marina mercante italiana. Estaría por ver, buena parte de sus novelas nacían de su prolífica imaginación, y con mareo de tierra. Tormentas, arriesgados exploradores, valientes aventureros, temibles piratas o intrépidos lobos de mar que navegan por exóticos océanos, nos hace recordar a las historias de los poemas homéricos, arquetipos literarios  que van desde levante , “La Ilíada para la épica y la guerra” a poniente con la “Odisea y el eterno tema del viaje”. Esto adentrándonos en la mítica antigüedad, sin olvidar la poderosa impronta que otorga un siglo, en el que vivió Salgari, y en el que nos encontramos con las poderosas influencias de Julio Verne, Alejandro Dumas y Mayne Reid, así como las sugerencias de Walter Scott y Stevenson. Espíritus libres en un siglo XIX fascinante como veremos.

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Fotografía del gran julio Verne, por cierto, conocedor de la mar desde su NAntes natal, precursor de la novela de aventuras y que en época de Salgari ya gozó de la fama. Su influencia era inevitable. En la fotografía adjunta, grabado de Edouard Riou, sobre tres mil leguas de viaje submarino. La mar y su horizonte de aventuras.

Salgari nació en Verona, tal día como ayer de hace 154 años, para después marchar a Génova y como hemos visto finalmente morir trágicamente en Turín. Parece que quiso ser marino, pero dejó su formación naútica, que realizó en Instituto técnico real y del barco “Paolo Sarpi” de venecia, para posteriormente en toda su vida apenas hacer en barco unas pocas excursiones y un crucero modesto por el Adriático. Salgari estudió en el Instituto Náutico de Venecia para aprender todo lo necesario antes de hacerse a la mar, que era su sueño desde la infancia. Con tan sólo diecisiete años abandonó esta escuela para comenzar a navegar, enrolándose en una serie de viajes que le llevarían a navegar lo suficiente como para recordar. Inevitablemente evoca también a Conrad, al cual  su vida de marino ejerció una poderosa influencia y con detalle, en su poderosa obra. Es curioso que Conrad navegaría como oficial de marina y más tarde como capitán en los mares y costas del archipiélago malayo, sobre los cuales Salgari desplegaría buena parte de sus piratas, peligros, navegaciones y las aventuras.  Las tramas y los personajes que inspiraron algunas de sus  más brillantes novelas marinas.

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La geografía de las islas Malayas iluminaría el horizonte literario de Salgari y la vida marinera de Conrad. La experiencia directa de la vivencia en los mares enriquecería la descripción de sus novelas. El italiano se serviría de la profusa documentación para ilustrar a sus personajes en la biblioteca general de Turín.

Salgari y el mar…

La Asociación Internacional de Emilio Salgari organizó brillantemente en el 2003 unas Jornadas que lo dejaban claro.  Salgari y el mar, los océanos de fantasía. La cita era en Génova y que mejor lugar que en una biblioteca. Recuerdo perfectamente la participación de Mario Tropea, profesor de literatura italiana de la Universidad de Catania que con su “El mar: a sangre” en la cuna y la tumba de la narrativa Emilio Salgari” , definió perfectamente una de sus facetas; marina, que es la que precisamente hoy vamos a destacar en espejo de navegantes. Y debió ser una faceta construida desde la imaginación. Vió en el “mar de las letras” su futuro, ya que como periodista primero para poder sobrevivir y como novelista después, ya nunca dejó de navegar con su mente, si bien apenas pisaría en su futuro las tablas de una cubierta. Ya fuese en junco, en destructor, en bergantín y en canoa, por el golfo de Bengala, el mar de la China o de las Antillas, por el rio Orinoco y el padre Nilo, por el Ártico… Salgari navegaría ya toda su vida por el mar de las letras, los adjetivos, los puertos multicolores, el azul de los atlas y las ilustraciones coloreadas de los mapas antiguos que manejaría personalmente. Desde Turin, Emilio Salgari elegió poder construir un mundo, sin salir de aquella biblioteca, aquellas tabernas portuarias y aquel escritorio con papeles pintados de finales del XIX.

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Arriba, la casa de Emilio Salgari, desde la cual fue testigo de una compleja vida debido a la demencia de su mujer y las complicaciones económicas en su supervivencia. Desde ese horizonte, construyó un mundo de aventuras que nos trasladá a todos los mares del mundo, eje central de su obra. Una mar por la que se comercia, una mar por la que se litiga y se muere.

En el mar de Salgari uno se podían con cruzar varios tipos de embarcaciones, como tuvo que ser aquella mezcla, aquella encrucijada de la historia que fue los finales del siglo XIX. Como vimos recientemente con Gustave Le Grey,  sus fotografías, las que asomaban allá por mediados del siglo, ya nos mostraban las columnas de humo negro que acompañaban inseparablemente a los monstruos de hierro que iban naciendo del progreso industrial. Las planchas de metal y los cañones de aquellas fortalezas marinas, aparecen como si fueran el eco del nautilus de Verne en los mares de Salgari. De hecho, es uno de las cuestiones que más recuerdo de las obras ilustradas de Salgari, porque si, fuí uno de los que se sumergió en el universo de Salgari con aquellas viñetas que nos mostraban a los malayos abordando con sus kriss las naves de unos y de otros en los cómics de sus obras ilustradas de aquellas magníficas ediciones Gahe. Y entre tanta ida y venida, leguas marinas y desventuras siempre solía surgir la nave imperial británica, amenazante y rugiente con su velocidad y su artillería implacable. Emblemático, en el capítulo del último crucero, la figura de O ‘Brien, inventor de una serie de adelantos tecnológicos que vería posteriormente la luz el naciente siglo XX. También Salgari seguía los pasos de Verne en materia, no solo aventurera, sino también tecnológica. Era lo que tenía aquel siglo en ciernes.

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Documentando la historia…

Fue en octubre de 1883, con Tay-See, cuando nos encontramos con la entrega de la primera novela de Emilio Salgari, que encajaba en su primera etapa como emprendedor de las letras con lo que mejor sabía hacer. Combinar su faceta de periodista y la de escritor. Así, de este modo se sisfrutaba de sus novelas por entregas en el diario “La Nuova Arena”. De manera correlativa, ya que sería un escritor muy prolífico en su corta carrera (rondando los veinte años), nacieron  los primeros episodios de los famosos tigres de Le Malasia, en donde un tal Sandokan establecería su “trono” en su particular isla tortuga, la llamada isla de Mopracem. Y de la remota isla de Mopracem a la biblioteca pública de Turín, en donde Emilio Salgari se recluía horas y horas para documentarse hasta la saciedad sobre los detalles de las derrotas, el rumbos de los barcos, los documentos, mapas, fauna y flora, biología, historia de la ciencia, etnografía… Salgari trabajaba sus novelas hasta el útimo detalle, ya que en ocasiones nunca había transitado los mares por los que recorrían sus relatos. Lo recorría con su fantasía y los datos que recogía en la “biblioteca comunale”. Su capacidad de analogía y su excepcional memoria hacia el resto. Escribía sus aventuras para divertir, de hecho la posteridad paradójicamente  le ha confirmado como uno de los lectores más leídos a nivel mundial. Por aquel entonces su narrativa se acomodaba perfectamente entre el público juvenil. Con toda la razón escribe Eli Gioanola, “su finalidad pedagógica es uno de sus características”, cuestión por cierto que es muy comparable con los escritos de Da Foe, sobre los cuales hablamos recientemente en espejo de navegantes con su Robinson Crusoe o nuestro Pedro Serrano . De algún modo, como las novelas de Jules Verne, que respondían a un plan educativo diseñado por su editor, el sansimoniano J. Hetzel,  estaba dirigida a la formación de la juventud y también cristalizaba unos años antes, siendo su más claro precursor. No podemos olvidar que en este período que nos encontramos con obras muy relevantes de la literatura infantil y juvenil, claves para entender la época: Pinocho de Carlo Collodi, en el cual un títere quiere convertirse en un niño de verdad aparece en escena; las nuevas aventuras de Robin Hood de Howard Pyle, donde un arquero lucha contra los ricos para repartir el dinero entre los pobres o  la isla del tesoro de Stevenson, que narra la búsqueda de un tesoro escondido, narraciones todas ellas que encuentran una gran acogida entre un público que las demanda. Estas novelas buscan sobre todo entretener, aunque suelen incluir una posible enseñanza moral al final de la historia. Salgari no es ajeno a esta nueva corriente que surge en aquellos años y así se impegna y escribe esas aventuras que nos muestran un nuevo mundo, el del extenso siglo XIX. Sus dramatis personae y sus actos, (batallas, tormentas, huracanes y naufragios), como nos recuerda Giaola, en ocasiones se repiten como una escena ya ensayada, repetitiva, inteligible para el público al que iban dirigidas. Durante este tiempo, Salgari, acumulaba notas por todos lados, rellenaba ávidamente todo papel que encontraba con números, y fechas, cabos y golfos, accidentes geográficos, hechos históricos,  un sin fin de  datos en sus cuadernos que servirían para escribir luego sus novelas. El “mar de letras” se nutría de la fertilidad de su alma aventurera que daba formas al papel.

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El Imperialismo del siglo XIX, en su vertiente Victoriana, uno de los ejes históricos en los que se desarrolla la obra de Salgari. Abajo, detalle en óleo de la “Guerra del opio” en China. El escenario se torna mundial y las naves, así como los ejércitos pueden acudir allí donde les requiere el escenario bélico. El Imperialismo se convierte en mundial.

 

Salgari…el reflejo del XIX imperial. Un imperio azul, naval y de aventuras

El tiempo en el que vivió Salgari, nos encontramos necesariamente con dos elementos pilares de su tiempo: la ciencia y la industria. Ambos se configurarán en el motor del progreso e influirían en el contexto que Salgari nos narra. Como hemos visto con anterioridad, vivió las “glorias imperiales de estilo victoriano”,  el art Nouveau, la guerra de los boers y la marcha europea en Beijing entre otros. Casi nada. El poderoso influjo histórico esta ahí y en su obra sestán representados, bajo las especies literarias, al menos dos de los temas ejes que dominó el debate cultural europeaodel fin del siglo XIX: el exotismo y las  exploraciones en África y Asia. “Oriens” se relaciona con la parte oriental del mundo, la parte del cielo en la que sale el sol, el este, el sol naciente y el amanecer que nos narra el italiano. Los conceptos geográficos cambian y el eje del mundo se recoloca hacía la parte oriental. Edward Said, autor de “Orientialismo” señala que el Orientialismo “permitía la dominación política, económica, cultural y social de Occidente no solo durante la época colonial”…El deambular africano de Rimbaud, o la pintura de la exótica de Gauguin, y las pinturas de Bonnard, cuya composición imita las estampas japonesas, chinesca, los ideogramas de la escritura nos traen nuevos aires que recoge perfectamente Salgari en su obra. Una narrativa que si caminaba junto al progreso de la época, también abre la puerta a inculcar varloes, como intentaba Kipling y que se encuentra inmersa en la época de las grandes exploraciones, que curiosamente habían desarrollado los marinos esapñoles siglos atrás, y que en el XIX se materializan en la narativa, en deseo de conocimiento geográfico del “mito, de la aventur y, del lugar diferente”. Es lo que nos describen sus capítulos,  sin abandonar cierto romanticismo de la época, después de encontrarnos tantas páginas dedicadas a la guerra, a los huracanes, a la lucha por la existencia, casi siempre se cumple el deseo de llegar a una conclusión en aquellos actos. Tras todos estos velos de la historia, siempre en la obra salgariana triunfa el amor y la paz.

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El tigre de Mopracem

La muerte bohemia le esperaba en el filo de su kriss

Mientras Salgari nos hacía navegar por mares turquesas y aventuras infinitas, en su vida cotidiana la realidad era otra. Como siempre la realidad supera a la ficción, y el magnífico autor italiano se sostenía, en su mundo de las ideas, como debatía recientemente con el gran periodista Jose María de Loma a propósito del desconocido Alejandro Sawa, que por cierto compartia cronología con nuestro escritor italiano.  Los editores aprovechaban su despiste,  para incluir condiciones abusivas y enriquecerse a su costa: dentro de la legalidad, pero a costa del talento de un escritor que vivía inmerso en su obra. El ritmo para que las “cuentas de la vida” dieran, incluía 100 cigarrillos diarios, imsomnio, tres páginas diarias escritas, incluyendo sábados y domingos y fechas de entrega insalvables. A pesar de que poco a poco, sus libros se hacían más conocidos y los lectores demandaban sus aventuras con avidez, Salgari malvivía en una casa ruinosa donde permanecía siempre encerrado y escribiendo. Curiosamente su Sandokan, su corsario negro o su León de Damasco (el que más me fascinaba de joven) saltaban las vallas hacia otros países, cosechando éxitos allí donde se traducían. Sin embargo, y tras 105 obras y 250 relatos cortos, como vimos al principio de este post, Emilio Salgari no pudo más y decidió acabar con su vida extramuros, en una mañana nevada y en soledad. Afortunadamente, a pesar del tiempo, una placa le recuerda a día de hoy, además en su casa, donde moraba y echaba a volar su pluma y su imaginación. También, a pesar de la premura, hoy, el día despúes de su nacimiento, hemos querido homenajearle desde espejo de navegantes. Para muchos, entre los que me incluyo, su obra, nos brindó la oportunidad de conocer lejanos y distantes mares azules. Nos permitió conocer y vibrar de cerca con sus personajes, otorgándonos, posiblemente, la oportunidad de compartir ese mundo de valor, fidelidad y honor que como el lejano siglo XIX, y como el negro humo de las naves que se alimentaban del carbón del progreso como decía Conrad, desaparecen al poco tiempo. Más no su obra, que como en el caso de muchos creadores reconocidos, es y será. Inmortal.

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“Entre estas paredes Salgari vivió en la pobreza mas absoluta, poblando el mundo de los personajes nacidos de su imaginación inagotable, fiel a un ideal caballeresco de lealtad y valor. Debido a que los italianos no olvidan su genio aventurero y su doloroso calvario. La revista «mar italiana» realiza este recordatorio. Turin 30 de abril de 1959″.

A modo de post data. No podía dejar de olvidar el detalle y nombrar a Emilio Ferrero, autor de una de sus mejores biografías, importante escritor y crítico literario  la fascinación llega hasta el punto de que, a día de hoy, el escritor italiano vive en la misma casa donde residió el mítico escritor.

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