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Blogs Una de piratas por Oti Marchante

De vuelta a casa, o al apartamento

Oti Marchante el


 


He vuelto a ver “Juego sucio” (“Infernal affairs”) y creo que le echaré unas paladas de tierra al asunto. Me siento incapaz de calibrar la cantidad de originalidad que hay en la peli “Infiltrados”, de Scorsese. Y en tal situación lo mejor, creo, es volver los ojos a los clásicos. Me limpio la cabeza con esta página sobre ¡tatachán!… “El apartamento”, película en la que, como en La Biblia y El Padrino, está TODO. Meterse en El Apartamento de Billy Wilder es entrar de lleno en la complejidad y la simpleza del alma humana, en sus miedos, sus necesidades, sus bajezas, ansias, miserias, anhelos estupideces y grandezas. C. C. Buxter es el compendio perfecto de todo ese catálogo de virtudes y necedades que todos llevamos dentro, en distintas dosis, tal vez, pero al completo. Y lo que falta de nosotros en ese C. C. Buxter que magistralmente nos lanza a la cara Jack Lemmon, lo aporta el personaje de Fran Kubelick, una Shirley MacLaine que mira a la cámara como un corderillo al otro lado de la valla, y en cuyo modo de ser y estar hay algo tan sumamente humano que lo oigo respirar dentro de mi mismo. Hay en El Apartamento revelaciones tan grandes sobre uno (todos) mismo que por muchas veces que se vea siempre hará la pedagógica función de mirarse en un espejo cóncavo. O convexo. Qué película tan buena y hermosa que nunca acabas de saber si es una comedia, un drama o hasta un ‘western’ (o lo más cercano al ‘western’ que se permitió nunca Wilder).

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