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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Malos humos en el sumo

Pablo M. Díez el

La maría amenaza con tumbar al sumo, el deporte japonés por excelencia que, a pesar de sus 2.000 años de antigüedad, se encuentra sumido en una grave crisis. Tras las aterradoras revelaciones del año pasado, cuando se descubrieron numerosos episodios de torturas y malos tratos psíquicos para endurecer a los luchadores, un nuevo escándalo sacude al mundo del sumo.
En esta ocasión, se trata de un caso de drogas, ya que dos luchadores rusos, los hermanos Roho y Hakurozan, han sido expulsados de por vida de la competición al dar positivo en un análisis de marihuana.

Ambos han sido los primeros cazados en los nuevos controles que se llevan a cabo en Japón después de que otro luchador ruso, Wakanoho, fuera detenido el mes pasado por posesión de esta sustancia ilegal.
Las pruebas han demostrado que Roho y Hakurozan también habían consumido dicha droga, lo que ha originado un gran revuelo en un deporte tan venerable como el sumo, donde sus luchadores deben ser ejemplo de rectitud moral y vida sana.
La conmoción en el imperio del sol naciente ha sido tal que el propio presidente de la Asociación Japonesa de Sumo y mentor de uno de los luchadores, el legendario campeón Kitanoumi, se ha visto obligado a dimitir. Hakurozan me había dicho que no había consumido marihuana y yo le creí, explicó el hasta ahora responsable del sumo nipón, quien será relevado por otro antiguo luchador, Musashigawa.
Para Boradzov y Baradzov Soslan Feliksovich, los respectivos nombres reales de Roho y Hakurozan, acaba de esta manera tan deshonrosa su brillante carrera deportiva, que los había encumbrado en las dos divisiones de elite del sumo japonés. Sin embargo, ambos pueden librarse de la cárcel porque la posesión y tráfico de drogas están penados por la ley, pero no su consumo.
Con tan severo castigo, el sumo intenta lavar su desprestigiada imagen, ya que el año pasado se descubrió que el 92 por ciento de los establos donde se entrenan y viven los deportistas utilizaban bates de béisbol, cañas de bambú y otros instrumentos para golpearlos con saña. Además, un tercio de los luchadores confesó haber sufrido abusos físicos y otro 12 por ciento aseguró que las palizas, eufemísticamente llamadas abrazos, se combinaban con la tortura mental.
Una brutalidad que, junto al dopaje con esteroides para engordar a los luchadores y el amaño de combates por parte de la temible mafia nipona (yakuza), están tumbando al sumo, que cada año pierde adeptos al no ser tan limpio ni honorable como se pensaba.

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