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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

Las tribulaciones de un chino fuera de China

Pablo M. Díez el

¿Qué pensarán los turistas chinos cuando salen de su país? ¿O incluso cuando van a lugares como Taiwán, la isla que permanece separada de China desde el final de la Guerra Civil (1945-49) y que Pekín considera parte de su territorio nacional pese a tener un Gobierno independiente elegido por las urnas, pero solo reconocido por una veintena de pequeños Estados?

Seguidores de Falun Gong muestran a los turistas chinos carteles denunciando la represión del régimen de Pekín

¿Qué pensarán los turistas chinos cuando ven a los seguidores del culto espiritual “Falun Gong” a las puertas del rascacielos Taipei 101? En su país les dicen que pertenecen a una secta diabólica y encierran a sus miembros en la cárcel o en centros de reeducación donde los someten a todo tipo de abusos y trabajos forzados. Pero en el resto del mundo, o incluso en Hong Kong y Macao (dos regiones administrativas especiales de China), los seguidores de “Falun Gong” se mueven libremente y muestran a los turistas del continente pancartas explicando la represión y las torturas del régimen de Pekín. Algunos osados viajeros se atreven a hablar con los miembros de “Falun Gong”, pero otros temen que los chivatos del grupo organizado de turistas los delaten a los comisarios del Partido Comunista cuando vuelvan a sus casas.

¿Serán éstas las tribulaciones de los chinos fuera de China? Quiero pensar que sí. Al menos para algunos que no se preocupen únicamente de gastarse los cuartos en las “boutiques” de lujo o los casinos – por cierto, también prohibidos en su país – que frecuentan en sus salidas al exterior. Porque pese al miedo, pese a las advertencias, viajar abre la mente, sobre todo cuando uno viene de un país lobotomizado por la propaganda y la censura.

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