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Blogs Tras un biombo chino por Pablo M. Díez

La economía china en mi ascensor

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Con unos crecimientos del Producto Interior Bruto (PIB) superiores al 7 por ciento, parece que la economía china es muy estable, pero en realidad sube y baja como el ascensor de mi edificio. Después de siete años en este bloque, con su movimiento he aprendido a distinguir los momentos de bonanza de la ralentización que sufre ahora el país.

El ascensor y los vecinos agradecemos que la economía china se haya ralentizado.

Al margen de los indicadores macroeconómicos que salen cada mes, como el PIB, la inflación o la inversión industrial, la clave en mi edificio la dan sus tres ascensores. El motivo es que en este edificio se alquilan, además de apartamentos residenciales como el mío, pisos para oficinas, que suelen estar llenas cuando la economía marcha a toda máquina o vacías cuando, como ahora, se desacelera.

Hace varios años, había días que podía tardar más de cinco minutos en subir o bajar de mi casa, que está en la planta número 27. Sobre todo a las horas punta – por la mañana, durante el almuerzo y a la salida del trabajo –, los ascensores iban atestados de oficinistas, clientes y mensajeros de las compañías de reparto. Hoy van sorprendentemente mucho más ligeros de personal, algo que agradecemos los vecinos habida cuenta de los modales de muchos de estos empleados.

No es que no saluden al cruzarse con alguien, cosa que nadie hace en China porque entonces uno se pasaría todo el día diciendo “ni hao” (hola) o “zai jian” (adiós), sino que, al no vivir aquí, les importa un carajo el mantenimiento del edificio. Aunque algunos de ellos van encorbatados y parecen universitarios con buena formación, no dudan en saltarse la prohibición de fumar en los pasillos y, encima, tirar las colillas al suelo. A la hora de la comida, llenan los cubos colocados en las escaleras de cada planta con las tarteras de plástico que les envían los restaurantes que sirven comida a domicilio, muchas de las cuales acaban pringando el suelo con restos de aceite, verduras, arroz o “noodles”. Peor se comportan los mensajeros que van repartiendo paquetes por las oficinas y, de paso, tirando papeles también al suelo o escupiendo donde les place.

Por eso, ahora que ya no hay tantos oficinistas ni mensajeros en el edificio, tengo que confesar que tanto los vecinos como yo estamos bastante contentos de que la economía china se haya ralentizado un poco.

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