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Gaza y Groenlandia por Ucrania

Putin (i), Trump (d), Anchorage, Alaska, EE. UU., 15 de agosto de 2025.
Jorge Cachineroel

Estados Unidos (EE. UU.) y Rusia llevan meses negociando discretamente una nueva distribución de poder en el mundo tras el fin del “momento unipolar”, que duró desde la conclusión de la Guerra Fría hasta la mitad de la segunda década del s. XXI.

EE. UU. asumió ambiciones desde la desaparición de la Unión Soviética que no pudo cumplir.

Washington ansiaba ser la fuerza hegemónica del planeta e imponer una paz global de acuerdo con sus propias condiciones, que pasaban por la transformación de los regímenes políticos internos de muchas naciones, quisieran o no.

Ese proyecto acabó por arrastrar la política exterior de EE. UU. hasta su insolvencia, dado que sus intenciones desbordaban sus capacidades para alcanzar dichos objetivos y no estaban alineadas con los intereses materiales de la nación.

El gobierno del presidente Donald J. Trump (DJT) está corrigiendo aquella trayectoria.

El reciente documento sobre la estrategia de seguridad nacional de EE. UU., que se publicó en noviembre de 2025, es el acta notarial de la reorientación en marcha debido a la limitación de recursos y de capacidades para seguir con el plan de hegemonía global.

Las prioridades de la política exterior de EE. UU. pasan ahora por ocuparse de los tres vectores más importantes para su país, seguridad, prosperidad y gobernanza interna, a partir de los cuales quiere definir su proyección internacional.

Todo esto obliga a Washington a retirarse de muchas de sus ambiciones mundiales anteriores y centrarse, en primer lugar, en su geografía y en su vecindario más cercano, en resumen, el continente americano.

Este reconocimiento de Washington de que el equilibrio mundial cambió se acompaña de la aceptación de que EE. UU. no puede derrotar o transformar a sus rivales o competidores en algo similar al sistema estadounidense.

Esto obliga a EE. UU. a llegar a acuerdos con estos y a no cruzar sus ‘líneas rojas, que es lo que está haciendo el presidente DJT.

Rusia y EE. UU. negocian ese entendimiento mutuo desde la reunión de los presidentes DJT y Vladimir Putin en Anchorage, Alaska, el 15 de agosto de 2025, a la vez que DJT despista a europeos, a ucranianos y al “Estado profundo” estadounidense sobre sus intenciones.

DJT acudió a Davos, Suiza, el 21 de enero de 2026, para exponer la farsa de esa reunión internacional y, a la vez, aprovecharse de la atención mundial que concita para mostrar cómo opera la nueva política exterior de EE. UU.

Trump, Davos, Suiza, 21 de enero de 2026.

Allí, DJT y Zelensky se reunieron al día siguiente durante menos de una hora y el ucraniano salió de la entrevista insultando al presidente estadounidense y a los líderes europeos.

El contraste fue el encuentro en Moscú ese mismo día entre los enviados de DJT, Jared Kushner, Steve Witkoff y Josh Gruenbaum, y el presidente Vladimir Putin y sus dos colaboradores en esta interlocución con EE. UU., Yuri Ushakov y Kirill Dmitriev.

A Kushner, yerno de DJT, y a Witkoff, ambos empresarios y hombres de negocios, que ya habían estado con Putin, se les sumó Gruenbaum, de 38 años, con experiencia en el fondo KKR y especializado en la compra y venta de activos.

Putin, Witkoff, Kushner, Gruenbaum (de i a d), Kremlin, Moscú, Rusia, 23 de enero de 2026.

Ushakov, exembajador de la Federación de Rusia ante EE. UU. y asesor actual de política exterior de Putin, y Dmitriev, empresario y máximo ejecutivo del fondo soberano de inversión directa ruso, están participando desde 2025 en este tipo de conversaciones.

Esa reunión en el Kremlin duró 5 horas, terminó a las 4 de la madrugada y fue calificada por los rusos como “franca”, es decir, no fue sencilla.

Putin dijo a los representantes de DJT que Rusia tenía pruebas de que un grupo de los servicios secretos estadounidenses intentó asesinarle mediante el bombardeo que los ucranianos lanzaron contra su residencia en Valdai, Moscú, el 29 de diciembre de 2025.

Asimismo, Putin inquirió a la delegación estadounidense sobre lo que EE. UU. había estado hablando con Zelensky y con líderes europeos durante las últimas semanas.

Esa reunión condujo a otra con responsables de seguridad de EE. UU., Rusia y Ucrania en Abu Dabi, los 23 y 24 de enero de 2026, a la que Moscú envió generales de su Inteligencia militar, para evitar nuevos incidentes de ‘guerra sucia como el de Valdai.

Zelensky recurrió a la intoxicación al afirmar que en Abu Dabi se iba a acordar, en primer lugar, un cese del fuego, algo que Rusia dejó claro desde hace meses que no ocurriría, a no ser que Ucrania aceptara la pérdida de parte de su territorio.

Putin, por su parte, afirmó que le parecía bien la invitación de DJT para sumarse al denominado Consejo de la Paz, Board of Peace, en su nombre original, y contribuir a este con $1 millardo procedente de los $5 millardos en fondos rusos congelados en EE.UU.

Asimismo, Putin dijo que Groenlandia no es asunto de Rusia, lo que sugiere que los presidentes DJT y Putin están negociando un trueque entre Gaza y Groenlandia a cambio de toda Novorossiya.

Putin.

Europa no se está ajustando bien a esta nueva realidad, esconde la cabeza bajo la arena, con la ilusión de que todo vaya a continuar igual que hasta ahora, e intenta mantener el foco en la economía y la seguridad subcontratada a EE. UU.

EE. UU. no seguirá siendo el benefactor que provee de seguridad a Europa, lo que augura una situación muy complicada para el Viejo Continente, ya que no es capaz de dotarse de su propia defensa dado que no cuenta con las capacidades militares necesarias.

Europa abandonó la diplomacia como medio de entenderse con otras potencias globales, como Rusia y China, y se convirtió en un lastre para EE. UU., que ha dejado de fiarse de ella porque piensa que sus democracias y el sistema de la Unión Europea están podridos.

 

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