A lo largo de nuestra vida lectora nos encontramos con libros que se leen y se llegan a olvidar una vez cerrados. Sí, nos han hecho pasar un buen rato mientras nos sumergíamos en sus páginas, pero una vez puestos en nuestra librería o devuelto a la biblioteca, caen en un pozo al que no acudimos. Hay otros, sin embargo, que te acompañan durante días en tu mente, después de haberlos leído.
Es el caso de El plan maestro (Planeta), de Javier Sierra. Fenómeno editorial que pertenece claramente a ese grupo en el que una vez leído seguimos pensando en el. Una obra que no es solo una novela, sino una invitación a replantearse el papel del arte en nuestra vida: no como algo decorativo, estético o académico, sino como una herramienta capaz de transformar la forma en que entendemos y miramos el mundo, e incluso a nosotros mismos.
Para quienes leímos El maestro del Prado, esta novela se siente casi como una continuación natural de ella, aunque no estricta en términos narrativos. Sierra recupera ese mismo espíritu de asombro ante las grandes obras maestras y esa idea fascinante de que los cuadros esconden mensajes, misterios, enseñanzas y claves que solo se revelan a quienes saben —o aprenden— a mirar de una determinada forma cuando se encuentra ante un cuadro determinado. Si en El maestro del Prado el autor nos abría la puerta a una experiencia casi iniciática dentro del museo, El plan maestro amplía esa visión y la lleva a un plano más ambicioso, casi universal.
El Museo del Prado vuelve a ocupar un lugar central, no solo como espacio físico, sino como símbolo: un templo donde el arte actúa como lenguaje espiritual. Un lenguaje no solo escrito sino visual al que Sierra acude con una mezcla muy característica de entusiasmo, erudición y cercanía, logrando que conceptos complejos —mística, simbolismo, tradiciones antiguas, prehistoria— resulten accesibles y sugerentes incluso para lectores no especializados.
Eso sí, conviene aclararlo: El plan maestro no es una novela de ritmo frenético ni de giros constantes. La trama avanza despacio, de forma constante, a veces casi en segundo plano, dejando espacio a largas reflexiones y a la elocuencia sobre el poder de las imágenes y la intención oculta de los grandes artistas del pasado, mediante ese arcanon pictórico que se encuentra en el museo.
La novela tiene más de reflexión que de acción, más de ensayo que de thriller. En algunos momentos la historia se detiene para dar paso a explicaciones interesantes, que rompen un poco el ritmo de una trama ágil y bien elaborada en la que los personajes funcionan como mediadores entre el lector y las ideas que el autor quiere transmitir. Para algunos, esto puede suponer una pérdida de tensión narrativa; para otros, será precisamente parte de su encanto.
Aun así, hay algo muy valioso en esta propuesta: te deja pensando. Terminé el libro con ganas de volver a mirar cuadros, de releer ciertos pasajes y de cuestionarme hasta qué punto el arte puede influir en nuestra conciencia. El plan maestro no pretende darte respuestas cerradas, sino abrir puertas, y eso, en un panorama literario tan dominado por la inmediatez, se agradece.
Desde mi punto de vista, uno de los factores que más aprecio de la obra de Sierra, es la huella que te deja. Terminé El plan maestro con ganas de volver al Prado, de mirar los cuadros con otros ojos y de recuperar El maestro del Prado para releerlo como la primera pieza de un mismo puzle. Sierra consigue así algo poco habitual: que el lector salga de la novela con preguntas, con curiosidad renovada y con la sensación de que el arte todavía guarda secretos importantes que no hemos terminado de descifrar.
En definitiva, es una lectura para quienes disfrutan de novelas pausadas, cargadas de ideas, para saborearla y para quienes sienten que el arte puede ser algo más que un objeto de estudio. El plan maestro no es un libro para leer con prisa, sino para dejar que te acompañe, te incomode un poco y, quizá, te enseñe a mirar de otra manera. Y eso, hoy en día, ya es mucho decir.
El plan maestro // Javier Sierra // Planeta // 2025 // 22,90 euros