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Blogs Entre barreras por Ángel González Abad

El rayo que no cesa

Rosario Pérez el

Ha querido el destino que su primera vez coincida con el aniversario de Miguel Hernández. Tanto dolor se agrupa en el costado, que duele hasta el aliento. Pero el rayo (de la esperanza) que no cesa le brinda una oportunidad: martes, 30 de octubre de 2012, sesión inicial de radioterapia.

El tiempo ya se ha puesto amarillo sobre aquella fotografía de juventud, de porte de actor de Hollywood. No sé bien cuántos años tendrá aquella estampa en blanco y negro, y puede que ni él lo sepa. Paco se despertó de la niñez antes de dejar de ser niño. Creció entre las espigas y los trigos, desafió a la tierra y se alió a ella. No tuvo cuna de plata ni chupete de diamantes: durmió sobre alfombras de hierba, bajo el cobijo de la madera vieja, de los palos de aquellos chozos de otrora, arquitectura primitiva.  “No te asomes a la ventana, que no hay nada en esa casa; asómate a mi alma“, esgrimía al viento en tantos duermevelas de soledades y miserias, de opacos latidos de un corazón agrietado como los troncos enlazados por esa textura lila y roída.   

Su mujer será el guante que cubra hoy sus manos, manos que labraron libertades, áridas de tanta besana. Mano de campo y guante de bordadora de lienzos orgánicos que, sin apenas saberlo, imantaron de arte una nueva vida hace 35 años.  

Hay un rayo de sol que siempre deja la sombra vencida, y Paco cuenta con los soles de sus hijos y los ríos de sus nietos. El mar aún no ha elegido puerto donde atracar…

FOTO: J.J.J.

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