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Blogs Crónicas de un nómada por Francisco López-Seivane

Así es el hotel de Haile Gebrselassie en el Rift etíope

Así es el hotel de Haile Gebrselassie en el Rift etíope
Haile Gebraselassie en su hotel en Awasa
Francisco López-Seivane el

El Rift, como casi todo el mundo sabe, es un extraordinario accidente geológico que recorre el mapa de África como una cicatriz, desde Siria hasta Mozambique, amenazando partirlo en dos y convertir el África Oriental en una nueva isla de dimensiones colosales, como en su día ocurriera con la India o Madagascar. Es lo que los geólogos denominan una falla, el hundimiento de una larga rebanada de masa continental entre dos fracturas paralelas.

Impresionante vista del Rift etíope desde uno de sus miradores/ Foto: Fco. Lopez-Seivane

En el Rift etíope basta asomarse desde lo alto de la escarpadura y contemplar la vasta sabana de más de cuarenta kilómetros de ancho que se extiende hasta el infinito en ambas direcciones para comprender que allá abajo, en el corazón de la falla, late un mundo diferente, en el que la vida sigue su curso. ¿Sabían que la base rocosa de la falla está cuatro kilómetros por debajo de la superficie? Es decir, si se excavaran todos los sedimentos que se han ido acumulando durante millones de años, el valle tendría una profundidad de cuatro mil metros entre dos paredes verticales de roca. ¡Impresionante!

El Rift alberga también grandes masas de agua atrapadas entre sus paredes y alimentadas por distintos ríos. Aunque es una zona geológicamente muy activa, sujeta a grandes cataclismos, terremotos, volcanes, y levantamientos, quienes la visitan sólo se fijan en los efectos colaterales, como la ringlera de grandes y hermosos lagos que se suceden a lo largo de su extensión, la belleza de su flora y las magníficas vistas que ofrecen los múltiples miradores.

Un hombre posa junto a uno de las lagos del Rift/ Foto: Fco. Lopez-Seivane
Panorámica del lago Awasa desde el Haile Resort/ Foto: Fcco. Lopez-Seivane

En uno de estos lagos, el Awasa, a casi trescientos kilómetros de Adis Abeba, se levanta el Haile Resort, un hotel de lujo de 112 habitaciones y 14 villas, inaugurado en 2010 y situado en una finca de 55.000 metros cuadrados que lame las aguas del lago. Cuenta con tenis, paddle, minigolf, piscina, embarcadero, spa y todo cuanto puede ofrecer un moderno hotel de recreo. Allí pasé una agradable jornada, invitado por el propio Haile Gebrselassie, el gran campeón etíope, su dueño y señor, con el que pude departir ampliamente.

Detalle del jardín del Haile Resort/ Foto: Fco.Lopez-Seivane
Hall de entrada del Haile Resort, con el primer coche que rodó en carreteras etíopes /Foto: Fco. Lopez-Seivane
Trofeo deportivo de Haile expuesto en los salones del hotel/ Foto: Fco. Lopez-Seivane
Jardín y piscina del Haile Resort/ Fot: Fco. Lopez-Seivane

Me contó que sus diez hermanos le llamaban ‘Nefteña’ (‘Indomable’) cuando a las cuatro años ya iba todos los días corriendo descalzo a la escuela, distante diez kilómetros de su casa de Asella, no lejos de dónde estábamos, y volvía por la tarde del mismo modo. Me da la impresión de que ese espíritu de sacrificio, constancia, e intensidad, sigue plenamente vigente a sus cuarenta y dos años, cuando, tras dejar atrás la competición deportiva, que tanta gloria le dio, anda metido de hoz y coz en la vorágine de los negocios.

En plena entrevista con el gran Haile Gebrselassie

En plena flor de la vida ya ha logrado la gloria y el dinero. Sólo le queda el poder político, así que le pregunto abiertamente si no estará metido en una carrera de fondo hacia la presidencia de Etiopía. La pregunta le pilla con la guardia baja. Se desconcierta un  instante y se le escapa una amplia sonrisa de complicidad más elocuente que una declaración jurada:

-“¿Quién sabe? Todo es posible…”, responde mirándome con picardía.

La verdad es que son muchos en Etiopía los que le consideran el Obama etíope. Incluso su grito de guerra deportivo: “¡Yichala!” (“Se puede”), que sigue siendo su lema en los negocios, recuerda extraordinariamente al ‘yes, we can’ obamita.

Hablamos largamente en los jardines de su hotel, el Haile Resort de Awasa. Hacer los aproximadamente cien metros que separan el edifico central de la orilla del lago nos ha costado más de quince minutos. Todo el mundo le saluda y quiere hacerse fotos con él. Haile complace a todos y posa con su magnífica sonrisa, pero no más de unos instantes. Tiene prisa para continuar viaje porque le esperan para comer en Asella.

Los fans se le acercan constantemente para fotografiarse con él/ Foto: Fco. Lopez-Seivane

-“¿Ves qué vida llevo? Anoche cené en mi casa en Adis Abeba, esta mañana he desayunado en el hotel, aquí en Awasa, y  ahora me voy a comer con mi familia en Asella”

– “¿Has dejado de correr?”, le pregunté casualmente en otro momento.

– “¡No, qué va! Sigo corriendo todos los días sin excepción, veinte, treinta o sesenta minutos, aunque tenga que levantarme a las cinco de la mañana”

– “¿Tus mayores inquietudes son más de tipo social o espiritual?”

“Creo que soy una persona espiritual, pero eso entra en mi ámbito privado y no acostumbro a hablar de ello. En términos prácticos, digamos que lo ‘espiritual’ es para mi lo psicológico, el desarrollo de las cualidades mentales que pueden hacerme un atleta y una persona mejor”.

– “Con tu experiencia y talento, ¿no has sentido nunca la tentación de crear escuela para formar a las jóvenes promesas?”

– “Si, estoy preparando uno de mis hoteles, el Yaya Village Resort de Adis Abeba, para que sea, en parte, una academia de formación y también un campo de experimentación, donde puedan venir atletas de todo el mundo a preparase para la alta competición. Es un proyecto que ya está en marcha, pero aún tardará algún tiempo en ser realidad. Pensamos crear una escuela para atletas, donde se formen las mejores promesas, pero también un lugar para que deportistas profesionales puedan venir a entrenar y mejorar su técnica y capacidades. Y, sobre todo, queremos que sea una sede experimental permanente para investigar y mejorar el rendimiento bajo estricta supervisión de los mejores especialistas”

-“Finalmente, ¿por qué hay tan buenos fondistas en Kenia y Etiopía?”

-“Es el valle del Rift, que cruza ambos países. Yo nací en Asella, que está a más de dos mil metros de altura, en pleno Rift, y correr desde la infancia en esa altura forma un aparato locomotor de especiales características, al menos eso es lo que dicen los expertos”.

Ciertamente, el Rift es un lugar muy especial, en el que viven pueblos extraordinarios, con costumbres y tradiciones que hay que ver para creer. De ello daré cuenta próximamente. ¡No se lo pierdan!

Las imágenes que acompañan este reportaje han sido tomadas con una cámara Fujifilm X-T1GS 

Portada: Haile Gebrselassie en el embarcadero de su Resort en el lago Awasa

 

 

 

 

 

 

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