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Blogs Bukubuku por Emilio de Miguel Calabia

Los tres sellos de la existencia

Emilio de Miguel Calabia el

Apenas Francisco hubo firmado los papeles del divorcio, se metió en Booking.com y se sacó un billete de avión para Tailandia. Su hermano mayor aplaudió la idea; follando se olvidaría de su ex, del divorcio y, con suerte, hasta de su nombre.

– No me voy de juerga. Me voy a un monasterio.

– Estás de coña, ¿verdad?

– Nunca he hablado más en serio. Toda la vida, cada vez que las cosas me iban mal, me he abandonado al sexo y a las drogas. Quiero probar algo diferente.

– Ya sé que lo de Carmen ha sido muy fuerte, pero tengo justo unos éxtasis que…

Se dio media vuelta y le dejó a su hermano con la palabra en la boca. Lamentó no haberlo hecho veinte años antes. También, aunque no lo quisiera reconocer, lamentó no haber aceptado la oferta de los éxtasis. Lo mismo su hermano tenía razón después de todo y lo que necesitaba era sexo y drogas.

    *      *

Para llegar al monasterio había que cruzar un canal y atravesar un par de estupas derruidas de cuando los birmanos asediaron Ayuthaya. El monasterio se encontraba entre árboles. Cerca había unos campos donde pacían carabaos.

Le recibió un canadiense envuelto en la túnica azafrán de los monjes theravada. Lo que más le llamó la atención fue la sensación de paz que transmitía y las cejas rasuradas. Supo entonces que había tomado la decisión correcta, a pesar de las advertencias de su hermano.

El monje le entregó tres juegos de ropas blancas, le enseñó cómo debería meditar y le instruyó en las reglas del monasterio: renunciar a las prácticas sexuales ilícitas, no robar, no entregarse al chismorreo, no mentir, no comer pasado el mediodía y levantarse a las cuatro de la madrugada para asistir al canto de la mañana. A todo dijo que sí, hasta a lo de levantarse a las cuatro, aunque sabía que no lo cumpliría.

– ¿Por qué has venido?- le preguntó el monje.

– Porque me he divorciado y lo estoy pasando mal.- Había algo en el monje que invitaba a contarlo todo.

– ¿Sabes lo que es la existencia?

– Cuando estás mal, un asco.

El monje sonrió como si hubiese oído esa respuesta muchas veces.

– La existencia se caracteriza por tres sellos. Es insatisfactoria. Las cosas carecen de un yo por sí mismas. Es impermanente.

Francisco se dijo que esos tres sellos describían muy bien lo que había sido su matrimonio. Si éstas eran las enseñanzas budistas, realmente tenían sentido.

El monje calló y le condujo en silencio a su celda.

Los siguientes días pasaron lentos, muy lentos. Cada día duraba lo que un año de su matrimonio, que también se le había hecho muy largo. Se levantaba a las cuatro, asistía a los cantos en pali, desayunaba y se pasaba el resto de la jornada haciendo meditación andando o sentado. Al quinto día de seguir la rutina, sintió que los pensamientos empezaban a circular más despacio en su cabeza y que podía verlos como piedras que iban cayendo en un estanque y agitando sus aguas, pero que no pertenecían al estanque. Al sexto día ya no pensó en Carmen y se dio cuenta de que aquello funcionaba.

La última noche empezó a llover. Corrió a refugiarse en un banco que estaba bajo techado. “Hola”, le saludó la chica junto a la que se había sentado, “me llamo Kung”. Le miraba entre sonriente y curiosa. No se veían muchos farangs en el monasterio. “Hola”, respondió, “me llamo Fernando” y comenzaron a hablar en un inglés quebrado.

La chica tenía algo que le gustaba, algo que pocas veces había encontrado en las mujeres. Mientras hablaban, supo que se verían fuera del monasterio y que tendrían una relación y que ésta terminaría algún día porque las cosas, son insatisfactorias, carecen de un yo y son impermanentes.

 

 

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