Custodia compartida del bebé (II): La exterogestación

Publicado por el Oct 2, 2015

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 Laughing Baby Playing With Mother

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A tenor de varios comentarios surgidos en la anterior entrada a través de redes sociales, he decidido, en lugar de editarla, hacer una nueva dedicada a la exterogestación. Una palabra que mucha gente desconoce y que explica, claramente, mi postura basada en la biología. Antes de entrar de lleno en ello quiero dejar claro que (al menos para mí) no es un debate para defender posturas feministas o machacar a los hombres. Mis creencias y opiniones sobre este tema van encaminadas al bienestar del bebé y están sustentadas por las explicaciones biológicas de quienes somos los humanos. Quien quiera buscar en estos argumentos una pelea entre hombres y mujeres, que lo haga. Pero yo no soy la responsable.

La exterogestación es la gestación fuera del útero y que la ciencia señala para los siguientes nueve meses posteriores al nacimiento. Algunos la suben al año que es cuando la mayoría de los bebés comienzan a caminar. Para toda esta explicación debemos, como casi para todo lo que nos concierne como especie mamífera, recordar cómo somos y cuáles son las circunstancias que rodean nuestro nacimiento.

En realidad se podría resumir con una frase de Nils Bergman, neuropediatra con más de 25 años de estudio sobre recién nacidos que dice que:

“El recién nacido y su comportamiento sólo se pueden entender considerándolo siempre respecto al cuerpo de su madre”

Comparados con otra especie mamífera, las 40 semanas de embarazo, 38 si se cuentan desde la concepción, son muy pocas semanas para el bebé si hablamos de dependencia al nacer. Si examinamos la historia de la evolución vemos que el embarazo ha ido reduciendo su duración según nuestro cerebro iba aumentando de tamaño y con él, el tamaño de la cabeza. Esto se unió al estrechamiento de la pelvis cuando empezamos a caminar sobre dos pies. Todo esto hizo que el embarazo disminuyera en tiempo para poder atravesar canal del parto llevando consigo que dicho bebé naciera con su madurez más reducida y, por lo tanto, más indefensos. Se sabe que el cerebro humano al nacer tan solo ha desarrollado un 25% de su potencial que hasta los 12 años no alcanzará su total plenitud siendo los dos primeros los que mayor desarrollo tendrán respecto del resto de la vida. Este hecho explica la razones científicas de porqué el recién nacido necesita el cuerpo de su madre. Y no lo necesita por cuestiones culturales, ni sociológicas ni muchísimo menos de machismo o feminismo. La biología sólo entiende de supervivencia, lleva caminos totalmente diferenciados a los supuestos avances de las sociedades. Y digo supuestos porque no siempre los avances sociales o científicos son buenos para el cuerpo desde el punto de vista biológico.

Esto es así y uno puede optar por querer aceptarlo o no. Por lo tanto, si lo que queremos es buscar el bienestar del recién nacido, éste debe estar con su madre la mayor parte del tiempo. Desde luego en nuestra alocada sociedad esto sucede más bien poco. Por esta razón en este blog he escrito en infinidad de ocasiones la importancia de que las bajas por maternidad sean más largas y esto no es porque yo desee oscuramente que las mujeres vuelvan al hogar, ni muchísimo menos. Es una cuestión de lógica biológica y de intentar comprender cómo somos y qué cosas son buenas para nuestra naturaleza mamífera. También por idénticas causas también he hablado muchas veces de la importancia de que las mujeres exijan en los hospitales no ser separados de sus bebés para que los lleven al nido. Y por eso también defiendo siempre el piel con piel fundamentalmente con la madre.

Es verdad que muchas mujeres no dan el pecho. Optan por el biberón por las razones que sean. Aún en estos casos es preferible que sea la madre quién dé el biberón pero siempre por todas las razones biológicas que nos acompañan. Que es que no nacemos de un huevo, nacemos de un útero y culminamos el proceso fuera de éste pero cerca del cuerpo de nuestra madre. La lactancia es alimento pero no solo eso, también es alimento emocional al establecerse una increíble sucesión de conexiones entre ambos cerebros cuando se miran a los ojos y se tocan (es preferible el piel con piel incluso con el biberón siempre que se pueda) Y todo esto se perdería si establece la custodia compartida desde que el bebé nace.

La doctora María Berrozpe, experta en biología y en todo lo referente al recién nacido (especialmente al sueño) me dijo una vez una frase que es bastante contundente pero si la piensas tiene una explicación: La biología es políticamente incorrecta y el padre tiene un papel (mientras hay bebé) de apoyo a la diada madre-bebé. Esto no significa que el padre no pinte nada. ¡Al contrario! El papel del padre es fundamental para que ese binomio madre-hijo vaya como la seda. Es el apoyo fundamental para la madre, para evitar depresiones postparto, para que ésta pueda descansar y dejar de trabajar (ya que las políticas de bajas maternales son las que son), para ayudar cuando ella quiera dormir. Pero el papel principal en los cuidados perinatales corresponden a la madre por todas las cuestiones químicas, hormonales, biológicas…no es una cuestión de derechos del hombre o la mujer, es de derechos del bebé, a menudo olvidado. ¿Qué pasa cuándo la pareja se ha separado? Pues pasa que muchas veces están odios, disputas, no comprensión y una búsqueda de MI DERECHO COMO ADULTO obviando lo importante: la vida que acaba de llegar porque los adultos así lo decidimos. Lo ideal para ese bebé es que sus padres, ya que han decidido no continuar como pareja, es que llegaran a un acuerdo para que el padre pudiera disfrutar a su bebé todos los días yendo a bañarlo, cogerlo en brazos, darle un masajito después del baño, cantarle canciones etc…pero siempre pernoctando con la madre, la cuál es vital para su perfecto desarrollo.

Hay quién dice que hay mujeres que prefieren dejar a sus hijos en guarderías en lugar de cederle al padre esas horas para el cuidado. Pues me parece terrible. Lo mejor es la madre pero en ausencia de ésta es muchísimo mejor un padre que una guardería. O una abuela, es decir, alguien que lo quiera. Incluso es mejor una cuidadora pagada por hacer su trabajo que una guardería. Todo por razones obvias. Sea quién sea, el bebé estará mejor siendo el único que cuidado que compartiendo espacio, brazos, mimos y espacios con otros diez bebés. Y es que los recién nacidos deben estar en brazos. Y como eso cansa, por eso es maravilloso portearlos, darles amor, piel con piel, contacto físico. ¡Somos de sangre caliente, no somos reptiles!

Hay quién me habla de que hay madres que no se ocupan de sus hijos y que los padres son mucho mejores. Y me lo creo. Pero es que cuando se habla de estas cosas se habla en general sin apuntar las excepciones. Mi marido es un padre entregado que juega mucho más con sus hijas que yo, que las lleva y recoge cada día al colegio. Sin embargo cuando fueron bebés estuvieron pegaditas a mi cuerpo (también cuando dormíamos) el 80% de las veces lo que no ha dificultado en absoluto que tengan un increíble apego a su padre, más bien lo que se conoce en román paladino como “papitis”

En general por lo que yo observo y estoy en contacto con muchos padres y madres, es que la inmensa mayoría son buenos padres y buenas madres, preocupados, independientemente de divorcios, de buscar lo mejor para los menores. Y si nos permitimos el lujo de despojarnos de egoísmos varios, encontraremos abundante información de qué es lo mejor para el bebé. Separarlo de su madre, especialmente por las noches, en la búsqueda del beneficio de los adultos, es ir contra su propia naturaleza. Pero claro, en muchísimos divorcios prima, por desgracia, hacer daño a quién fue tu pareja, por encima del bienestar del bebé. Y eso es lo verdaderamente triste.

Para quién quiera saber más y se atreva aunque luego eso le quite la razón a la hora de pedir la custodia compartida para su bebé, que vea este vídeo.

 

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Para leer sobre este tema, Casilda Rodrigañez Bustos. La Represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Ediciones Crimentales. 3ª Edición. 2007.

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Madre no hay más que una © DIARIO ABC, S.L. 2015

No es posible entender la historia de la humanidad si no atendemos a la historia de la familia, de la crianza de quienes la protagonizaron. Cómo nacemos y cómo somos criados importa demasiado. Sin amor y ternura en la infancia, sin una familia que contenga, proteja y quiera se hace difícil ser un adulto mentalmente sano. Este blog es un espacio de reflexión sobre todo lo que nos afecta como seres humanos desde el momento en que somos concebidos. Nada es por casualidad y casi todo tiene un porqué en lo que nos sucede relacionado con nuestra infancia. ¡Bienvenido! Más sobre «Madre no hay más que una»

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