Entrevista a Ofelia Grande, Ediciones Siruela

Entrevista a Ofelia Grande, Ediciones Siruela

Publicado por el abr 20, 2016

Compartir

“Editar es un juego de incertidumbres”.

 

Se habla de que la figura del editor, por toda la avalancha digital, tiende a desaparecer, porque empiezan a existir herramientas que proporcionan a escritores, principalmente noveles, a autoeditarse, por lo que el editor tiende a ser visto como un intermediario innecesario entre el escritor y el lector, pero el editor es alguien más que un intermediario, un editor quiere hacer bien lo que antes se había hecho menos bien, y hacer por primera vez lo que antes se había ignorado. El editor es figura imprescindible para acercarnos nuevos mundos a través de los libros que conforman el catálogo de su editorial, nos acercan, por ejemplo, en primeras traducciones modernas, joyas olvidadas de la literatura medieval europea como ha sido, y es, Ediciones Siruela, un proyecto editorial que comenzó de la mano de Jacobo Fitz-James Stuart en 1982. Proyecto que actualmente se ha convertido en uno de los sellos editoriales de referencia en nuestro país con más de 1.500 títulos publicados, en los que caben además de una grandiosa oferta de literatura medieval, narrativa contemporánea española y extranjera, clásicos, ensayo filosófico, ensayo literario o artístico, no ficción, novela policiaca, literatura infantil y juvenil, ofreciendo un catálogo variado y completo, siempre ligado a una gran calidad literaria cuidando al máximo el libro y sobre todo a su principal activo el lector.

En la actualidad al frente de Siruela se encuentra su directora editorial, Ofelia Grande (Salamanca, 1970), licenciada en Derecho y Ciencias Empresariales en la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE), mujer con una gran tradición familiar en el mundo de los libros, que desde su llegada al sector hace casi veinte años ha ido configurando un catálogo de títulos y autores con un denominador común, el alto nivel narrativo de sus autores junto con un gran cuidado en la traducción y en la edición de las obras.

 

¿Cuéntenos cómo ha sido su experiencia desde que comenzó en el mundo de la edición y su evolución editorial durante estos años?
Yo vengo de una familia de larga tradición educadora, librera y editorial. Así que los libros, la relación con los autores, la inquietud por hacer que cada obra tenga el mejor aspecto, se distribuya como debe y alcance el siempre soñado impacto, han sido algo cotidiano y natural en mi vida. Sin embargo, sí recuerdo con precisión el día que decidí dedicarme profesionalmente al mundo del libro: han pasado ya casi 20 años. Y, aunque inicialmente había llevado mi ejercicio laboral al mundo del derecho, el interés por el mundo profesional del libro me atrapó en 1996. Y, desde entonces, no he hecho sino dedicarme a él y a cuanto él significa, aprendiendo de grandes profesionales que siempre he tenido la fortuna de tener cerca y adquiriendo habilidades que sólo te puede dar la experiencia y el haber tenido algunos éxitos y también algunos proyectos fallidos. Hoy mantengo la misma ilusión que al principio pero matizada por el mejor conocimiento de un sector y de un negocio que ha sufrido muchos cambios desde hace veinte años y probablemente la mayor crisis que se recuerda.

 

¿Qué o quién es un editor?
Ser editor es una vocación y una pasión y puede ser, además, la continuación de una tradición familiar como es mi caso. Pero sea cual sea el motivo por el que alguien decide convertirse en editor, su tarea esencial consiste en saber elegir qué libros estas ofreciendo a tus lectores, construir tu catálogo. De ello depende la fidelidad de tu lector al que no puedes decepcionar incluyendo en él, títulos absolutamente dispares de tu línea editorial, sea ésta la que sea. No es tan importante ser editor de literatura, de libro de texto, de novela romántica, policiaca o libros de cocina: lo importante es saber a quién te estás dirigiendo con esa línea editorial y ofrecerles lo mejor. Y después, como en cualquier otro negocio, una buena labor de distribución, de comunicación y de ventas es fundamental. Cuántos libros maravillosos han caído en el olvido porque el editor no ha sabido hacerlos llegar a sus lectores…

Pero además de esto, un editor no puede olvidar nunca que aunque éste es un negocio cultural, es sin duda una empresa cuyos “números” tienen que salir para garantizar su supervivencia como tal, con lo que es fundamental una buena gestión de la empresa. Y es aquí donde surge el gran problema de la compatibilidad de la edición como proyecto intelectual y como proyecto comercial: si entendemos “comercial” como proyecto empresarial, no sólo es compatible sino que tiene que serlo para garantizar la pervivencia económica de la editorial. Esto no significa que la literatura que se publica tenga que ser “comercial” desde el punto de vista de su calidad. Cada editor conoce dónde está su punto de inflexión y tiene que procurar mantener una rentabilidad en el conjunto sin renunciar a publicar las obras que considera de calidad dentro de su línea editorial. No todos los libros que se publican tienen que ser (y de hecho no lo son) rentables en sí mismos pero, evidentemente, una editorial tiene que ser rentable en el global para poder subsistir. Está claro, además, que la experiencia y la intuición son muy importantes en todos los negocios y me atrevería a decir que más aún en el editorial porque es un negocio donde es muy difícil hacer previsiones reales sobre la posibilidad de que un libro tenga éxito o no. Un bestseller momentáneo se puede “fabricar” si la editorial tiene los medios económicos suficientes para hacer una gran apuesta en márketing y promoción, pero esto no es lo importante en nuestro negocio. Un longseller, cuyo éxito se transmite con el tiempo y de lector a lector es el verdadero sueño de un editor. En cualquier caso, y como en cualquier otro negocio, con la experiencia y la intuición solamente no es suficiente…

Una de las premisas de editar es la de asumir la alianza con el riesgo. Editar es un juego de incertidumbres. Nunca se sabe realmente si se va a alcanzar el éxito que uno desea. Así que lo mejor es  trabajar en cada libro como si él fuera el que alcanzara el tan soñado triunfo. Al final, como casi todo en la vida, lo importante es sentirse seguro de que lo que una hace, lo que una propone como editora, merece la pena. Que viene a cubrir un vacío o a ampliar, con visiones diferentes, una temática ya previamente apuntada por ti misma o por otros.

Esa es la virtud que ha de tener un catálogo: equilibrio, variedad, coherencia, exigencia de calidad (en lo formal y en el contenido), valentía y apuesta. Es posible que, en los tiempos que corren, con ello no sea suficiente; pero, si eso nos falta,  creo que el viaje ni siquiera merece la pena emprenderlo. Porque te aseguro que las dificultades y los problemas son innumerables, máxime en momentos como los que atravesamos, como país y como sector.

La edición es también la sucesión concatenada de un conjunto de decisiones. Y muchas de ellas vienen impregnadas de subjetividad. Eso es lo que, por otra parte, hace que felizmente el panorama editorial sea tan variado. O que cada editorial tenga su propia personalidad, tantas veces afín a la de quienes la dirigen. El libro es un producto mucho más humano de lo que muchos creen. Y es espejo de todas las personas que lo crean: desde quien lo escribe, hasta quien lo edita, produce, distribuye, comercializa o lee. Ese es otro de los enigmas de esta profesión, tantas veces inexplicable.

Por ese contagio tan personal es importante que el editor esté lo mejor formado e informado posible, pues de ello dependerá el acierto en muchas decisiones.

Y luego llega la comercialización, aspecto básico para que las empresas editoriales sean viables. Los editores tenemos que aprender mucho de quienes venden nuestros libros. Tanto como de quienes los leen. Con unos y otros siempre es bueno conversar, escuchar sus puntos de vista, tomar buena nota de sus reflexiones y, en no pocas ocasiones, corregir lo que yo previamente pensaba.

 

¿Cuáles son las tareas que debe cumplir un editor? ¿Qué papel tiene en la cultura actual española?
Son tiempos difíciles para la edición: además de la amenaza de la crisis, la piratería, nuevas vías para el ocio… en mi opinión dos son los cambios más importantes que nuestro sector ha experimentado en los últimos años: por un lado la aparición y desarrollo de nuevas tecnologías que han transformado radicalmente muchos de los procesos en nuestro sector desde la producción a la comercialización (con especial mención del libro electrónico) y por otro la segmentación del mercado en cuotas de lectores más pequeñas pero más específicas (y mucho más fieles). Poder elegir entre una oferta mayor es algo que, como lectores, debería producirnos una mayor satisfacción. El reto para los editores es saber adaptarnos a esta circunstancia.

Pero los cambios más importantes se han producido, sin duda, en el lector, destinatario último de nuestro trabajo y que en los últimos años ha reivindicado el protagonismo que se merece en la gran cadena del libro: a día de hoy un editor que no trabaja mirando al lector, pensando el él, es un editor que, en mi opinión, equivoca su planteamiento y  su estrategia. Nuestras empresas han de configurarse como una comunidad en la que autores, editores y lectores ocupen un lugar de permanente comunicación e intercambio. Un lector es mucho más que un cliente. Del mismo modo que un autor es mucho más que un componedor de originales. O un editor, un simple intermediario.

Y todo ello deberá generar nuevos procedimientos, nuevos perfiles, nuevos modos de construir el ecosistema al que pertenecemos, y del que lo que editamos, y el modo en que gobernemos todo el proceso, es nuestra seña de identidad. Porque a la postre, para un editor su primera casa ha de ser siempre su catálogo.

Autores, editores y lectores debemos de compartir idéntico afán. Establecer una más estrecha relación de confianza, de sana lealtad. La red social de la lectura es tan imprescindible como terreno cargado de oportunidades. Y muy especialmente para nosotros, profesionales de la edición que, por vez primera en nuestra historia, podemos hacer uso de instrumentos de conocimiento de nuestros lectores como siempre habíamos deseado.

Los editores tenemos que sentirnos muy orgullosos de nuestra historia. Y, al mismo tiempo, felices de poder participar de un futuro en el que tantas cosas pueden hacerse aún mejor de cómo se hicieron. Es cierto que la transición no será sencilla, pero nunca como ahora nuestra presencia se hace pertinente.

 

 

“Cuántos libros maravillosos han caído en el olvido porque el editor no ha sabido hacerlos llegar a sus lectores…” 

 

 

¿Cómo se describiría como editor? ¿Cuáles han sido o son sus referentes en la edición?
¿Editores a los que admiro? Infinidad de ellos. En lo familiar, desde luego, a Germán Sánchez Ruipérez y, a través de él, a muchísimos de los magníficos profesionales que siempre integraron sus empresas, entre los que quiero destacar a Antonio Basanta.

En un plano más personal, podría citar a personas que me iniciaron, con sabiduría e impagable paciencia, en el oficio, como Carmen Criado, María Cifuentes o Víctor Fernández Freixanes, hoy al frente de editorial Galaxia. Con Jacobo Siruela compartí la responsabilidad de la editorial Siruela que él había fundado y dirigido y que luego yo he tenido el honor de liderar.

Y admiro a muchos otros editores con los que siempre me ha unido una relación de estrecha amistad y de los que siempre me sentiré honrada discípula: Pancho Pérez González,  Manuel Borrás, Jaume Vallcorba, José Manuel Lara, Beatriz de Moura, Jorge Herralde,  Emiliano Martínez, Alejandro Sierra, Felicidad Orquín…

Tampoco quiero dejar de mencionar a los nuevos, y muchos pequeños, editores. En España siempre ha habido muchas editoriales aunque, quizás, en los últimos años hay muchas editoriales pequeñas que están teniendo una relevancia especial: más presencia en los medios de comunicación, más presencia también en la librería, más visibilidad y mejor acogida entre los lectores. También en los últimos años el sector está cada vez más polarizado (si es que esta es la palabra), los grandes grupos son cada vez más grandes concentrando más sellos editoriales y, en el otro extremo siguen surgiendo nuevas editoriales pequeñas, muchas de ellas unipersonales que están haciendo un trabajo extraordinario.

 

¿Los editores tienen la llave del conocimiento al hacer su selección de los títulos a publicar?
No creo que el editor (ni nadie, supongo) tenga la llave del conocimiento. Lo que sí debe tener el editor es experiencia lectora, coherencia con su línea editorial, interés y atención a lo que le rodea y, sobre todo, saberse rodear de las personas adecuadas que puedan aportar a la editorial más de lo que pueda aportarle el propio editor mirando siempre al lector que es quien, en definitiva, nos va a dar la medida del éxito de nuestro trabajo.

 

Hablemos de Ediciones Siruela. Desde que la fundó Jacobo Siruela en 1982 son más de 30 años de historia y no ha sido absorbida por ningún grupo multinacional, es todo un logro. ¿Cómo se consigue mantener esa independencia y qué opinión tiene de los grandes grupos editoriales?
Bueno, en realidad entre el año 1994 y 2003 el Grupo Anaya tuvo una participación importante en el accionariado de Siruela aunque es cierto que siempre fue un grupo extremadamente respetuoso con el plan editorial, con el modelo de comercialización y con todos los aspectos más vinculados a la línea editorial. En todos esos aspectos Siruela ha sido independiente desde su origen. No sé si es un logro, pero sí es una circunstancia que ha hecho que el catálogo de Siruela haya crecido siempre y evolucionado con total libertad. En cualquier caso, la independencia en cuanto a los contenidos es únicamente una parte de la independencia. Hay un aspecto económico en el que esta independencia accionarial hace a veces el camino más difícil porque como empresa se dependen única y exclusivamente de las ventas y otros ingresos que vengan exclusivamente de los libros publicados sin otro soporte económico que en ocasiones, sobre todo en los años más difíciles de la crisis, habría hecho las cosas un poco menos complicadas.

Sobre los grandes grupos editoriales no creo que se pueda tener una opinión generalizada: depende de cada grupo y de la forma que tenga organizada la implicación en cada uno de sus sellos. Cuando el grupo permite y apoya la publicación de lo que cada sello editorial considera adecuado para su línea y presta otro tipo de soporte, en especial el financiero y estructural, el hecho de pertenecer a un grupo no supone problema alguno. Al contrario, cuando el grupo convierte todos sus sello en clones, basándose en criterios y consideraciones estrictamente financieras, se pierde la esencia de la editorial, del sello, y deja de tener sus características y línea propias, acaba suponiendo un problema de línea editorial y, a la larga, una pérdida de fidelidad de sus lectores que es, en definitiva, el principal activo de la editorial junto con sus autores.

 

Han tenido grandes éxitos editoriales como “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder, entre otros, ¿alguna vez se le ha escapado un título que después ha sido un bombazo editorial? ¿Cuál?
Realmente no lo sé. No soy consciente de ninguno pero puede ser que el único motivo sea porque libros de los que luego han supuesto un “bombazo editorial” ni siquiera han sido considerados: muchas veces porque nunca se nos dio la oportunidad de considerarlos y otras porque a priori no parecían encajar con nuestra línea editorial. También puede suceder que el mismo libro tenga éxito o no dependiendo de la editorial en la que haya sido publicado. Podría ser que algún bestseller, publicado por nosotros, no lo hubiera sido y al contrario…

 

 

“Un longseller, cuyo éxito se transmite con el tiempo y de lector a lector es el verdadero sueño de un editor”.

 

 

Ediciones Siruela ha sido galardonada con diferentes premios, entre otros, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural en 2003 por «ofrecer a los lectores españoles traducciones de calidad de obras literarias, así como la creación de un acervo de reflexión ensayística y estética de carácter universal» ¿qué supone para la editorial estos galardones?
En primera instancia suponen un honor por el hecho de hacerse patente la consideración a un trabajo, esto siempre es una gran satisfacción que además, desde el punto de vista práctico ayuda a que la editorial sea más conocida y reconocida. También a que los libreros reciban mejor los nuevos títulos que se publiquen y a que los lectores tenga una mejor predisposición a buscar títulos que, aunque no conozcan, consideran que pueden tener esa calidad que viene avalada por el premio.

 

Muchos grandes escritores fueron traductores, hecho que suele pasar desapercibido para el gran público. ¿Se le debería dar mayor relevancia a la figura del traductor?
El traductor es una figura fundamental para un editor, para el libro y para el autor. Es la voz del autor en otro idioma y, por tanto, el que puede ayudar a que un libro sea tan bueno en otro idioma como en su idioma original. El elegir bien un traductor es uno de los trabajos fundamentales de un editor ya que una mala traducción puede estropear un libro extraordinario.

 

La humanidad atesora una gran riqueza de lenguas que a lo largo de la historia se han hablado y escrito ¿habrían quedado empobrecidas y posiblemente desconocidas si no hubiera existido la traducción?
Sin duda. Y en eso en España llevamos ventaja a muchos de los países de nuestro entorno. En España se traduce mucho y hay extraordinarios traductores. Todo esto hace que la diversidad cultural y de pensamiento esté muy presente en nuestra cultura y que los lectores españoles puedan acceder a la obra y al pensamiento de grandes autores algo que, sin este trabajo, sería imposible.

 

¿Traducir una obra es más sencillo que crearla?
Son trabajos diferentes y no creo que ninguno de los dos sea sencillo. Traducir a un autor es una enorme responsabilidad, quizás más que la de escribir tu propia obra porque te pone ante el reto de dar voz a otro, de transmitir lo que el autor ha querido transmitir, de contar las cosas como el autor quiso que te contaran, de “jugar” con otro idioma como el autor lo hizo con el suyo… No sé si traducir es más difícil que escribir pero es, desde luego, muy difícil. Un buen traductor tiene que ser un gran conocedor no solo de la lengua de la que traduce sino también de la suya.

 

¿Qué le gustaría alcanzar a nivel editorial en los próximos años?
Me gustaría que Siruela se consolidara como una de las editoriales literarias de referencia en nuestro idioma, mantener a todos los grandes autores de nuestro catálogo e incorporar autores nuevos que supusieran un acierto editorial y también querría que nuestros “números” funcionaran de forma que pudiéramos trabajar con la tranquilidad que proporciona una cierta seguridad económica con un equipo consolidado y unas perspectivas de futuro ciertas. Una auténtica carta a los Reyes Magos que, por otro lado, no debería ser únicamente un deseo sino una realidad. Para ello trabajamos.

 

¿Qué le diría a un lector que no ha leído nada en Siruela para que leyese cualquiera de los títulos que han publicado?
Que tenga la seguridad de que en el catálogo de Siruela puede encontrar obras que, como lector, le pueden dar la satisfacción de haber elegido bien. Esa es nuestra mayor satisfacción, la de un lector satisfecho con la elección de alguno de nuestros libros.

 

 

“El libro es un producto mucho más humano de lo que muchos creen. Y es espejo de todas las personas que lo crean”.

 

 

Cuándo llegan las Ferias Internacionales del Libro, como por ejemplo, Fráncfort, Guadalajara o Líber, ¿Qué hace un editor en ellas? ¿Qué consejo daría a aquellos editores noveles que se adentran por primera vez en estos encuentros?
Yo creo que la principal tarea de un editor en las ferias internacionales es la de mantener los ojos bien abiertos, estudiar qué hacen otros editores internacionales o los que uno admira y con los que encuentra afinidad de catálogo, hablar con el mayor número de personas posibles (agentes, editores, scouts…), investigar cuales son las tendencias del mercado en otros países, ver propuestas de nuevas líneas editoriales, de diseños diferentes, de colecciones que están teniendo éxito en otros territorios… Y todo esto adaptarlo si es posible a la propia línea editorial o descartarlo una vez conocido. Hay una parte que tiene que ver con la intuición, pero la intuición viene dada en muchas ocasiones por el hecho de haber visto mucho, de haber analizado mucho y de haber escuchado el consejo de muchas personas que están haciendo trabajos extraordinarios en el mismo campo en el que nosotros estamos trabajando.

 

¿Qué es más complicado elegir un autor o un libro?
Es igual de complicado y muchas veces lo uno lleva a lo otro. Cuando se elige un libro estás eligiendo a un autor que, si eres representante de una editorial que procura mantener una política de autor, supone estar eligiendo a un compañero de un viaje preferiblemente largo. Si todo sale bien elegir a un autor es un compromiso a largo plazo porque supone publicar más libros de ese mismo autor, incorporarlo al catálogo, seguirlo y establecer una relación de compromiso mutuo.

 

¿Qué estudios, gestiones y pasos necesita un editor para decidir la conveniencia de editar una obra destinada a constituir parte de su catálogo editorial? ¿Qué criterio sigue Siruela a la hora de hacer esa selección?
La forma de elegir los títulos depende de la colección a la que vayan dirigidos: cuando son colecciones que tienen un director (infantil, ensayo, arte, escolar…), es esa persona quién elige los títulos para la misma, siempre con el acuerdo y la coordinación con la dirección y el equipo editorial. En el caso de ser títulos dirigidos a colecciones que no tienen un director específico, las recomendaciones de títulos pueden llegar por varias vías (asesores, agentes, editores internacionales, otros autores…) y siempre pasan por el equipo editorial de Siruela que informa sobre el título y aprueba su contratación.

Y, por supuesto también cada año muchos de los títulos que se publican son las siguientes obras de autores que ya están en el catálogo de la editorial dentro de nuestra política de autor que hace que, en la medida de lo posible, se publiquen todas las obras de los autores “de la casa”.

 

¿En el caso de autores actuales, cómo debe ser la relación entre el editor y su autor?
Esta es una pregunta difícil de responder porque cada autor es un mundo, cada uno tiene sus propios intereses, expectativas y también diferentes formas de trabajar y de relacionarse con su editorial. Pero idealmente la relación tiene que ser de complicidad, de saber que ambos, autor y editor se encuentran en el mismo barco y que conseguir llegar juntos al destino soñado pasa, sin duda, por un compromiso mutuo.

 

En Siruela siempre han cuidado al joven lector. En 2013 lanzaron una nueva colección llamada “Nos Gusta Saber”, de no ficción para niños y jóvenes dentro del marco de “Las Tres Edades”, la emblemática colección juvenil de Siruela. ¿Qué diferencias puede haber entre editar títulos para un público infantil o para un público adulto?
Aunque evidentemente los contenidos que se buscan son diferentes, no hay diferencia desde el punto de vista del trabajo y del compromiso del editor. Tanto publicando libros para adultos como libros para niños y jóvenes el editor tiene siempre que buscar los títulos que sean más coherentes con su línea editorial y que alcancen la calidad que merece el respeto al lector que es en definitiva el destinatario último de nuestro trabajo.

 

¿Qué importancia tiene para Siruela el diseño del libro?
Mucha, sin duda alguna. La calidad también del objeto, con libros cuidados no sólo en el contenido sino también en la forma, es una muestra más del respeto al lector que antes comentaba y por supuesto, la satisfacción como editor del trabajo bien hecho en todos sus aspectos.

 

El sector editorial en España publicó 73.144 títulos en 2015 y viendo la tendencia bajista del índice de lectura en nuestro país (sólo lee un 30% de la población) ¿cree que hay demasiados títulos editados y se va más a la cantidad que a la calidad?
Las ventas, efectivamente, están bajando mucho en nuestro sector. Esto hace que sea cada vez más necesario pensar dos veces cada una de las decisiones que se toman: desde qué títulos publicar, hasta la tirada, la inversión en promoción, el plan de comunicación… Como consecuencia de todo esto se están publicando menos títulos al año. No sólo nosotros sino en general todas las editoriales. Aún así siguen siendo demasiados, de hecho España es uno de los países del mundo con una cantidad más alta de novedades editoriales al año. Si todos publicáramos menos estaríamos en un plazo medio saneando nuestro sector. Pero no es fácil ponerle “el cascabel al gato”, las estructuras empresariales “pesan” y, aunque cada vez se trabaja más con colaboradores externos, el bajar radicalmente el número de novedades puede ser, a corto plazo, peligroso financieramente.

 

“Es importante que el editor esté lo mejor formado e informado posible, pues de ello dependerá el acierto en muchas decisiones”.

 

 

 

Los editores insisten en la necesidad de desarrollar políticas de fomento de la lectura y de protección de la propiedad intelectual. ¿Cómo?
Relanzar un Plan Integral de Fomento de la Lectura, capaz incluso de mejorar el que se lanzara en el año 2000 que tan excelentes resultados cosechó. Que los planes educativos recojan la práctica de la lectura en todas las materias, con horarios específicos para ello, profesores perfectamente adiestrados como promotores de lectura y bibliotecas o centros de recursos bibliográficos que actuaran como verdadero corazón del proyecto educativo. Ampliar la red de bibliotecas públicas. Favorecer la creación de clubes de lectura. Servirnos de la potencia de las redes sociales para estimular la lectura. Promover en los medios de comunicación la dignificación prestigio de la lectura. Despenalizar impositivamente las ediciones electrónicas (dar al libro electrónico el mismo tratamiento en el IVA que al libro en papel). Favorecer los estudios e investigaciones sobre las nuevas formas de leer. Hacer de los hogares espacios predilectos de lectura. O llevar la lectura a contextos de inclusión social, al ámbito hospitalario, a los centros de día, a las terapias neuroregenerativas…

 

Los jóvenes cada vez leen menos y además de una forma que está cambiando por las nuevas tecnologías que hacen que sean lecturas cortas, rápidas y fragmentadas. ¿Cree que los jóvenes perderán capacidad de lectura y por lo tanto de comprensión y análisis?
Creo que todos tenemos que cuidar que eso no pase. Los editores tenemos en eso una parte de responsabilidad desde el momento en que somos quienes estamos ofreciendo lo que los jóvenes pueden leer. Es una gran responsabilidad por lo que tenemos que ser muy conscientes de nuestro trabajo y realizarlo con la seriedad que merece. Y, en cualquier caso, no somos los únicos responsables: padres, educadores, instituciones públicas… Estamos juntos en esa enorme responsabilidad y tenemos la obligación de ejercerla con rigor.

¿En estos últimos años de crisis cree que se ha dejado de lado promover la lectura?
No creo que se haya dejado de lado aunque sí que se han invertido menos recursos en hacerlo. Esto es un problema muy grave para nuestra sociedad y, uniéndolo con la anterior pregunta, creo que tenemos la obligación de ejercer nuestra responsabilidad.

 

¿El libro digital está siendo una amenaza para los editores o es una oportunidad que todavía no está cuajando lo suficiente en España? ¿Cuál es la posición de Siruela ante la era digital?
La lectura digital no tiene por qué estar reñida con la lectura en papel y las generaciones más jóvenes tienen perfectamente interiorizado el acceso a la lectura y al conocimiento por vía digital. Esto no es bueno ni malo, son formatos diferentes y los editores tenemos la obligación de responder a los requerimientos de los lectores. Otra cosa es que falte, en esas mismas generaciones especialmente, una cultura de “valorar” en términos económicos lo que la lectura digital supone. Valorar el trabajo del creador y también de las demás personas que hace posible que llegue a ellos el trabajo del creador en las mejores condiciones de traducción, edición y formato. Ahí está nuestra lucha. Lo anterior se nos supone.

 

¿Hasta dónde cree que va a crecer el libro electrónico y si será necesario cambiar las políticas editoriales ante la subida que se está produciendo actualmente?
Honestamente no sabría responder a esta pregunta. El libro electrónico seguirá creciendo, eso es indudable, pero no me atrevería a aventurar una respuesta sobre qué parte del mercado ocupará en el futuro. Pero sí, sea cual sea su crecimiento los editores tenemos que ir adaptándonos a él aunque muchas veces suponga la modificación de nuestras políticas editoriales. El mercado del libro electrónico es todavía muy cambiante, consecuencia de la falta de experiencia que tenemos en él tanto como editores como como lectores.

 

¿Cree que al final el libro tal como lo conocemos hoy perdurará? ¿Cuál es el futuro del libro?
Sí, el libro perdurará. Si no lo hace, todos habremos fracasado. Si será o no exactamente como hoy lo conocemos es otra cuestión. Pero el libro tiene un gran futuro, es la llave más perfecta que existe para entrar en la cultura, en el conocimiento y también en el entretenimiento. ¿Cómo vamos a ser tan tontos de dejarlo morir?

 

Y a las librerías ¿Qué futuro les espera?
Las librerías también sobrevivirán aunque quizás tampoco serán tal y como hoy las conocemos. Pero su papel como intermediarios entre el autor, el editor y el lector, su papel de prescriptores, de gestores de un patrimonio cultural, de “seleccionadores”, es absolutamente fundamental en un ecosistema que, de otra forma, se puede llegar a convertir en un caos por la enorme cantidad de oferta que busca su lugar.

 

Para terminar, ¿Qué cinco libros de su catálogo recomendaría leer sin falta?
No querría tener que recomendar cinco, porque creo que cada lector puede encontrar su libro entre los más de 1.500 títulos vivos que tenemos en nuestro catálogo.

Compartir

ABC.es

Fahrenheit 451 © DIARIO ABC, S.L. 2016

Bienvenido al magnífico y excéntrico mundo del diseño gráfico, a la imaginación de la ilustración, a la puesta en escena de la fotografía, a la pincelada sutil del arte, a la grandiosidad de la arquitectura y todo ello relacionado y puesto en común en ese formato con obsolescencia programada, o no, que es el papel.Más sobre «Fahrenheit 451»

Categorías
¡Sígueme en twitter!

Más sobre «Fahrenheit 451»

abril 2016
L M X J V S D
« mar   may »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930