Arqueología y secretismo; el San José, buque de Estado y bien cultural. Las claves

Arqueología y secretismo; el San José, buque de Estado y bien cultural. Las claves

Publicado por el dic 8, 2015

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Pedro de Aróstegui en los astilleros vascos de Mapil, (zona por cierto de gran valor recientemente incorporada a la red estatal Natura 2000)  en San Sebastián, pensó y repensó una y otra vez las medidas de aquella formidable nave de guerra. Pensaba construirlos en los astilleros de Basanoaga de Rentería, pero al final se decantó por el de Usurbil. En 1696 firmaba un contrato con la Corona Española para la fabricación de dos buques gemelos de 1.200 toneladas, la capitana y almiranta de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, conocida como Armada de Avería; los llamados San José y San Joaquín. Pedro de Aróstegui confió al asentista Miguel de Echebeste la fabricación del San José, lo mejor de la época en la arquitectura naval, el mejor conocimiento hispano para navegar, las mejores maderas de los hayedos del norte de España iban para la quilla, las cuadernas y el timón de aquellos nave destinada a surcar los mares de ultramar. No podría imaginar que su barco, el que construyó esforzadamente durante aquellos años de finales del XVII pasaría a la historia y seria actualidad trescientos años después. Cosas de la vida.

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Un buque de Estado, con pabellón Español que es…”patrimonio es de todos los colombianos”.

El anuncio del hallazgo de “uno de los yacimientos más importantes de la historia de la arqueología”, por parte del jefe del Estado Colombiano, podría suponer un antes y un después en el patrimonio cultural hispánico de época moderna en el mundo. Por varias razones de índole científica, jurídica e histórica. El primero de ellos, porque el “yacimiento mas importante de la historia de la arqueología”, fue históricamente, es y será…Español. No es cuestión de propiedades, es cuestión de identidad.  Estuviese calculado o no, en la rotunda rueda de prensa internacional que hizo el presidente Santos, junto a la ministra de cultura, y el director del ICANH, obvió algo muy importante para el sentido común, no ya para la historia o el protocolo diplomático de cualquier país. Y ese olvido, fue no dedicar ni una sola palabra, nada sobre el paradero, sobre el hecho de que El San José es un pecio histórico, un buque de estado y nave de guerra con pabellón Español. También se obvió algo fundamental en materia arqueológica internacional; la UNESCO, una de las instituciones culturales más importantes del mundo. Además de los necesarios términos del lenguaje político propia de esas esferas del poder, en una rueda de prensa en el que el gabinete de comunicación del presidente le diseñan una comunicación en la que aparecen términos como “científico”, “protección del patrimonio sumergido”; la palabra “pecio de Pabellón de la corona Española”, que sería la base de cualquier discurso histórico, de cualquier intervención arqueológica propia de un orden público, esta importante alusión, fue completamente obviada. Es del todo incomprensible. No existe ningún antecedente de estas características en las que una administración pública de un país vaya a actuar arqueológicamente sobre un bien histórico y no se tenga en cuenta su origen cultural. Cuando hablamos de arqueología, de historia, de cooperación y relaciones científicas entre países amigos y en donde intervienen instituciones tan prestigiosas científicamente como es el Instituto Colombiano de Antropología e historia (ICANH), mantener la opacidad sobre dicho fundamento básico  de la arqueología, es algo inaudito. En una intervención arqueológica los antecedentes históricos son la base de la dirección y los objetivos de la investigación. Todo ello se descartó deliberadamente. Sin lugar a dudas un hecho terrible para la configuración de una actividad que pretende ser científica. Y la intervención sobre un pecio del XVIII es arqueología, la arqueología es ciencia y la ciencia un discurso, un método.

 

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La importancia del significado “ser una tumba de guerra y buque de Estado”. El incomprensible error de identificar la grandeza de un yacimiento por su oro.
Una nave de guerra capitana, en la que murieron en acto de servicio 600 hombres de mar y de guerra Españoles, lo que se dice toda una nave militar, es un buque de estado, además de una tumba de guerra. Esta fue otra de las obviedades que se pasaron por alto los autoridades colombianas, y repito, en un asunto de estado, en una actividad científica entre países amigos, esto es una cuestión capital. En este primer comunicado, dejan bien claro que los autoridades Españolas no habían respondido oficialmente, ante lo cual uno se pregunta en base a que ley y sobre que fundamento se permite intervenir sobre un pecio de origen Español. ¿Y qué respuesta se espera en una política de hechos consumados sobre una nave militar?. Lo segundo es sencillo. Basta recordar que se encuentran ante un buque de Estado, hasta la médula, con su estructura naval de los hayedos y robledales vascos y navarros, su bandera Española, con el impulso que además Patiño le da a la armada precisamente en esos años, como baluarte, la cuestión marina, de la nación. Si es buque de estado, va parejo al hecho de la protección de la inmunidad soberana. Imaginen que fuese al contrario, un buque de guerra colombiano, en cuyo interior fallecen en acto de servicio 600 marinos de Pereira, Bucaramanga, Cartagena, Barranquilla o Bogotá. ¿Dejaría de ser un buque de Estado por encontrarse en aguas españolas?. Rotundamente no. Y no es cualquier cosa no querer reconocer la presencia de un naufragio en forma de buque de Estado.
Español del palo de mesana a la popa, pasando por los uniformes de los soldados caídos en la batalla contra el ingles, de nuevo otro episodio, como el caso de la fragata Mercedes, en el que se hunde a una nave con un “tesoro legendario” a bordo  (una de las claves y el verdadero problema de este enfarragoso asunto, como veremos más adelante). Menudo asunto este del San José. Barco Español, codiciado perseguido e incluso negociado por los cazatesoros desde los años ochenta con el propio gobierno colombiano (es todo un mito para ellos por el valor económico de la carga). Una leyenda en el mundo de los “sea hunter”. Un hito histórico que se ha desvirtuado al olvidar su adscripción cultural, sus naturaleza arqueológica y su valor como yacimiento, haciéndolo grande no por su arquitectura naval, sino parece ser por el tamaño de sus esmeraldas, la cantidad de oro que lleva en sus bodegas o la especulación económica que conllevará la explotación del yacimiento. Increíble. Esto es un adagio básico de la arqueología, lo relevante del yacimiento no es su valor económico, sino su valor como documento histórico. Ante dichos presupuestos metodológicos, ante estos principios vulnerados en toda una rueda de prensa al más alto nivel, en la que incluso se habla de reserva de ley, es decir de una total confidencialidad en una actuación arqueológica ¿que podemos esperar en el futuro?.
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¿Una excavación arqueológica, asunto de estado y confidencial?. 
Como hoy publica Jesus Calero, sin lugar a dudas, nos espera un futuro lleno de sombras y claros, en donde ojalá se imponga la razón y la ciencia. Hay mucho en juego, más de lo que pueden imaginar. Podría estar en juego la forma de actuar sobre pecios en profundidad, incluso la propia forma de hacer arqueología cuando hay barcos cargados de la carrera de Indias por medio. Como decía hoy un conocido divulgador Español del mundo de la arqueología, Xabier Armendáriz, si después de la Mercedes hay un asunto que tenemos que cerrar filas, es este”. Completamente de acuerdo. Posiblemente este en juego la arqueología subacuática en esa zona, en profundidades que es la mayor parte de las aguas soberanas, donde se encuentran gran cantidad  de los navíos hundidos en la actualidad, tal y como hemos adelantado en otras ocasiones en espejo de navegantes. Todos sabemos que la transparencia es el ADN de los gobiernos y las democracias que funcionan. Lo común y normal en las instituciones públicas y científicas de los países cultos desarrollados. El que un país establezca un telón de secretismo sobre la investigación del pecio (no se conoce como, quien y que método, así como que contrato y en base a que se ha intervenido sobre el San José) desde luego que abre  interrogantes, sino también posiblemente la puerta de una nueva forma de actuar que no se puede llamar científica. En ningún país culto la arqueología ostenta unos estándares con tantísimo ocultismo, no tiene sentido. Este tipo de “confidencialidades” son propios de las empresas de rescate, muy interesadas en no tener que rendir cuentas a nadie de lo que encuentra y para quien lo encuentra, al fin y al cabo son ellas las que operan con robots sumergibles en alta profundidad y ellas solas saben en la oscuridad del silencio que hacen y que encuentran con todo ese oro, plata y gemas preciosas, que rescatan y manipulan. Es su forma de actuar.
El que hace dos años se hubiese gestado una la ley para poder hacer del legado arqueológico un posible bien mercantil, y la declaración de “no hemos dejado nada al azar en este procedimiento anunciarían”,nos deja bien claro lo planificado del asunto. Cuando ni tan siquiera se puede publicar que expertos internacionales han colaborado como “aliado” en la operación de localización, cuando esto es lo mas normal para la ciencia, y lo poco que se sabes es que estos están relacionados con la operación del Titanic (cuyo principal objetivo era la venta de los bienes que se extraían del siniestrado buque), desde luego no es precisamente lo que se dice un sello de garantía. Malos augurios para una historia que la ciencia no ha contado nunca de esta manera.
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La UNESCO lo deja claro; no comercialización del patrimonio cultural sumergido. Colombia no firma su convenio claro
La feria concluyo en Mayo de 1708 y Casa Alegre se dispuso a zarpar de Portobelo a Cartagena, donde debía reparar las naves antes de dirigirse a La Habana. Llevaban embarcados 22 millones de monedas de a ocho escudos; el San José  iba cargado con entre 7 a 11 millones de monedas de ocho escudos en oro y plata, valorados en 105 millones de reales de la época. El verdadero problema del pecio en la actualidad, el dichoso cargamento de metales preciosos. La opacidad, el oscurantismo sobre el método, el contrato, todo lo que rodea al asunto ahora y en el futuro, es por la ingente cantidad de oro, plata y supuestamente esmeraldas existentes bajo esas capas de sedimentos. No por la arquitectura naval de aquellos barcos del Cantábrico, la carlinga, la vida cotidiana o por el valor histórico del buque. Aparte de este cargamento, llevaban otras mercancías y unos 600 hombres de guerra que habían jurado lealtad al gobierno de España. Tripulantes y pasajeros que deseaban volver a su patria y ver las anheladas costas de Cádiz en el viaje de vuelta. En el Preámbulo sobre la convención de patrimonio cultural subacuático de la UNESCO ya nos avisaba. Su preocupación por el asunto del tráfico comercial de los yacimientos submarinos, el uso de la tecnología, la especulación propia de los intereses económicos; no podía acertar mejor la UNESCO sobre la radiografía del problema. Paso por paso ha sido el problema del San José. Por cierto y lo reiteramos, el departamento dependiente de la ONU para la protección del patrimonio no fue nombrada ni vinculada en ningún momento en la presentación del navío, tampoco se le dió importancia.
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Podría ser porque el convenio no ha sido firmado por Colombia, cuando en diferentes ocasiones ha sido objeto de lucha por parte de los grupos de arqueólogos del país, para que sus postulados científicos se incluyesen en la controvertida ley actual que permite la venta de patrimonio arqueológico. La convención de la UNESCO posee una declaración de intenciones clara y firme que se alía con los principios más básicos de las leyes culturales de los países desarrollados. Los yacimientos arqueológicos no son, ni pueden ser objeto de ocultación, especulación, ni venta. Al contrario, deben ser objeto de la humanidad, de conocimiento público y de uso público. La declaración o el punto de vista sobre el San José por parte de UNESCO, que no podemos olvidar es la principal garante de la legalidad y la ciencia en el orden internacional, será importante y notable respecto al asunto. La tesis Española, será de cajón, la defensa del pecio como buque de estado, al preguntar porque intervienen en él, en que modo y con que legitimidad y en que sentido, también será uno de sus postulados básicos. Intervenir un pecio por sus metales preciosos le resta legitimidad allá por donde lo miremos.
La controvertida ley colombiana; la base del asunto
La Corte Constitucional dió el aval para que la llamada Ley de Patrimonio Cultural Sumergido siguiera adelante, y ya en aquel momento nos llevamos las manos a la cabeza por lo preocupante que supondría esto para los principios de la arqueología. Ya en su momento publicamos en espejo de navegantes semejante problemática para la ciencia. Esta ley ha sido la base argumental para dar cobertura y razón de ser a la presentación ayer del hallazgo de la nave hispana. Fue nombrada en todo momento por los actores de la rueda de prensa como la justificación de actuación en el presente y en el futuro. Todo un proceso, una estrategia planificada como el redactor de ABC, Jesus Calero ha denunciado acertadamente. Dicha disposición, había sido considerada por algunos como inconstitucional y fue demandada ante el Consejo de Estado, aunque la procuraduría colombiana habría dado finalmente su concepto de constitucionalidad, no sin generar una considerable controversia, no sólo ya en el territorio colombiano, sino en todo el mundo civilizado. Por una razón bien sencilla, se permite el rescate de los buques existentes bajo las aguas del país. Entendiendo por buque el oro, la plata y las piedras preciosas, los restos orgánicos e inorgánicos; los cuerpo de las tripulaciones, las naves y sus mismas dotaciones, lo que fuese. Desde ese mismo momento, uno de los temores que existía es que los objetos encontrados bajo el agua fueran comercializados, se hacen realidad. “Los medios necesarios para poder pagar los gastos de la operación”. Algo completamente insospechado para los cánones de intervención arqueológica por parte de los presupuestos y los centros de investigación mundiales. Junto a la cuestión de la venta, que ya de por sí es temible, una de las preocupaciones de los arqueólogos (“fundamentalistas” como se definió en uno de los miembros del gobierno colombiano del mundo de la cultura) es que las excavaciones, además de ser realizadas por personal no cualificado (arqueólogos frente a buzos de otras índoles) entrañen un proceso de oscurantismo a la hora de tratar sobre lo más importante, el método cotidiano del trabajo de los  arqueólogos. Procesos que buscan  beneficiarse económicamente a través del conocido “criterio de repetición” –venta de objetos producidos en gran número, como serian las miles de monedas de los escudos de oro y de plata que alberga la nave-. Existen muchas voces a favor, incomprensiblemente, de estas prácticas, que consideran que esta sería la única forma con la que financiar una tecnología extractiva, así la definen, con la que Colombia, hoy en día, no cuenta. Intereses comerciales que priman sobre una actividad cultural y arqueológica, un gran problema que puede sepultar a la arqueología, por su instrumento cercano al poder y las políticas, dada las ingentes cifras de dinero que circulan en torno a estos pecios. El oro y las esmeraldas se convierten en la base de La arqueología…mal, muy mal asunto.
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Galeones abandonados y falta de resultados arqueológicos. El ecosistema perfecto para los cazatesoros y especuladores
Dice el conocido refrán Español, “el que no tapa la gotera, hunde la casa entera” o “mala hierba, prestó nace”. Ambos refranes centenarios nos sirven para detallar el estado de la cuestión del patrimonio sumergido de época moderna en el mundo. La cuestión es bien sencilla; no le hemos hecho ni caso a la mejor historia por contar que tenemos en nuestro país, la sumergida en la edad de oro. A pesar de las recomendaciones de la Real Academia de la Historia, el CSIC, diferentes universidades y profesionales del sector.  Hasta la fecha el gobierno de España y sus autoridades competentes, que es el que debería estar más interesado en rescatar del olvido nuestro pasado hispánico sumergido, no ha realizado ni una sola excavación arqueológica sobre ningún pecio de época moderna. ¿Puede ser esto posible?. Pues si y este dato tiene un significado simplemente demoledor, por múltiples razones, por la falta de actuación  y por el triste ejemplo que damos al mundo, especialmente al orbe iberoamericano, que por nulos resultados de investigación y de cooperación no nos tienen apenas en cuenta. Ya fue comunicado el horizonte del pecio del San José en la citada rueda de prensa; el modelo de museo escandinavo. Se referían claro esta al Wasa. Los escandinavos ya se sabe, y con ironía, fueron los que descubrieron el mundo, además los vínculos con latinoamérica son estrechos, los López, Gomez o Sanchéz se ve que tienen que ver con los Olaf y compañía. Es fácilmente extrapolable con el siguiente ejemplo. ¿De que arqueología romana podríamos hablar si no se hubiese excavado ni un solo yacimiento romano?. Pues bien. El Imperio que dibujo el mundo, el hispano, en una de las épocas más importantes de la historia de la humanidad, la de los descubrimientos y que tiene al barco y su primera navegación mundial (como deja bien claro la Real Academia de la historia Española), repetimos, no ha excavado ni se ha interesado en la fecha por este problema ni en sus fronteras, ni lo más preocupante, fuera de ellas, donde existen buenos equipos de profesionales latinoamericanos que están muy interesados en cooperar y compartir esa historia con equipos españoles de investigación. Las razones son múltiples y variadas. En primer lugar falta de voluntad, porque el problema esta ya denunciado por diferentes colectivos y medios de prensa nacionales desde hace años y la cosa sigue igual. Falta de conocimiento en navios de época moderna, falta por tanto de tecnología al desconocer el asunto en profundidad y nunca mejor dicho. Falta de recursos. Falta de dirección y de gestión en un asunto, que por su magnitud cultural, requeriría de por sí solo de un ambicioso plan de actuación. Cuestiones competenciales en un “intrincado jardín” territorial, burocrático y administrativo que vienen a agravar aún más la cosa. Un amplio abanico de historias que tienen un significado y que quizás el más reconocido arqueólogo náutico del país lo dejo claro recientemente. “Ningun resultado significativo en los últimos 30 años”. Sin resultados, know-how, politicas activas y sin ningún ejemplo. 
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 Con este panorama los cazatesoros y empresas del rescate se frotan las manos. Son los grandes beneficiados, en un país, gobernase quien gobernase, a lo largo de estos últimos decenios en el que, literalmente se les han condecorado con nuestras más altas órdenes a los cazatesoros, como resultó con Bob Marx, otorgado permisos para que investiguen y excaven oficialmente, como fue el caso de Odyssey o a la Sea Hunt con el Juno y la Galga, e incluso se les invita a foros universitarios tras cometer expolios, como es el caso de Stenuit, recientemente en Vigo.¿Con estos mimbres y sin resultados de investigación significativos, que podemos esperar?.  ”A los Españoles les importa, como dicen ustedes, un pimiento sus barcos en América, luego para que estén abandonados, para eso los rescatamos nosotros”. Estas palabras junto a  las recientes de Webber o de Bob Marx que hablan de olvido y abandono en entrevistas televisivas o documentales, dejan claro las actividades de expolio impune que han llevado a cabo durante decenios y hasta la actualidad. Desde luego toca cambiar y en profundidad si queremos pintar algo en tan importante asunto y que por ser la principal diana de los cazatesoros en el mundo, si no lo hacemos junto a las instituciones internacionales en la materia, como es UNESCO, tendremos un serio problema de cara al futuro. Este nuevo modelo de opacidad y relaciones entre Estados y empresas de rescate, el binomio público-privado que anunciaron ayer en Cartagena, esta vez, de Indias puede ser de lo más curioso. Sin lugar a dudas es un momento único para unir a todos en España, “cerrar filas”, como decía Xabier Armendáriz. Un cierre de filas ente los arqueólogos, responsables de la administración, academias, universidades, instituciones científicas, divulgadores  y sociedad civil. Desde España claro que podemos convertirnos en ese modelo “sueco”, que hable de resultados de investigación, museos, cooperación. Existen magníficos arqueólogos con experiencia en el país y lo mejor, con ilusión al respecto. El reto es mayúsculo, al mundo de los cazatesoros y rescatadores, mas unido y coordinado de lo que podamos pensar, hay que enfrentarles con una efectiva unión de expertos, arqueología y cultura, por una razón bien sencilla; el poder que emanaran los lobbies económicos relacionados con los cazatesoros podrian diseñar fácilmente el futuro de las operaciones “pseudoarqueologicas” en muchos países. Como deja bien claro la ley, son los poderes públicos los responsables de la tutela efectiva del patrimonio histórico y subacuático Español.
España y Colombia, dos países amigos y con lazos culturales comunes
Es una de las cuestiones que mas sorprenden a muchos. Con las magníficas relaciones que existen entre ambos países, ¿como se encaja esta cuestión del galeon San Jose?. El gobierno Español contestara, la prudencia que es siempre buena consejera puede ser un primer buen paso, a lo que seguirá el diálogo por parte de los enviados plenipotenciarios, pero en este asunto de las naves hispanas hundidas en el mundo, el talento ha de ir de la mano de una clara voluntad de solucionar un asunto que lleva años enquistado y ya se sabe, los problemas graves que no se le dan solución, terminan aflorando. Tal ha sido el caso una y otra vez, ya es recurrente. Llueve sobre mojado sobre el asunto de los naufragios y galeones hundidos en el mundo. Panamá, Haití, República Dominicana, la Santa María o las naves de tierra firme, hoy Colombia, mañana puede ser Uruguay, Cuba o Argentina. En todos ellos hay miles de naufragios, muchos de ellos con oro y plata en sus bodegas, el verdadero reclamo para los cazatesoros. Y eso que las relaciones entre Colombia y España se encuentran “en su mejor momento”, tal y como se congratularon  los mandatarios de ambos países tras firmar varios acuerdos al término de la tercera visita en poco más de un año de Juan Manuel Santos a Madrid. Con este clima no será dificil solucionar vía diplomática un asunto de vital importancia, una solución que en el caso español, junto a la vía diplomática ha de ir acompañada de una propuesta solvente arqueológica y en materia de cooperación. Pero no olvidemos que esto es un asunto de la cultura, un asunto que lleva muchos años esperando una solución desde el ámbito estricto de la arqueología.

“Creo que la relación entre España y Colombia está, yo no encuentro la más mínima duda, en su mejor momento, en un momento histórico”, comentaban nuestros Presidentes. La solución de José María Lancho, abogado especialista en patrimonio cultural subacuático, podría ser un buen camino. “Las dos sociedades, colombiana y española, parecen confrontadas en la legitimidad exclusiva de conocer, preservar, explorar y aprender del yacimiento del galeón San José. Afirmaciones del tipo que es un patrimonio común, ajeno a toda posibilidad de comercio, que refleja un pasado común y un compromiso compartido de preservar para las generaciones futuras este testimonio de una historia y una vinculación cultural que puede mejorar y reforzarse desde la libertad y el compromiso con el conocimiento, la cooperación y la ciencia, son una magnífica oportunidad que podría cristalizarse en la propuesta de  una Carta Hispánica del Patrimonio Histórico Sumergido y una declaración conjunta que sienten las bases de una política coordinada de defensa, difusión y conservación de ese patrimonio histórico común sumergido”. Vayamos a ello.

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