Las cartas de Trafalgar, las letras de la historia. Recuerdos de una batalla

Las cartas de Trafalgar, las letras de la historia. Recuerdos de una batalla

Publicado por el oct 29, 2013

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«El éxito es ese viejo trío: habilidad, oportunidad y valentía.» Winston Churchill.

«Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto». Cosme Damian de Churruca y Elorza

A fuerza de releer y pensar sobre los viejos informes oficiales de batallas, da para hacer un entretenido post en un blog que habla de eso. De batallas. De historia. De arqueología. Máxime en días como hoy, en donde se conmemora la batalla de Trafalgar.  Sobre esas cartas de mar y de guerra, que con el paso del tiempo ya amarillean custodiados por viejos archivos, en ocasiones cae sobre ellas no solo el polvo, sino el olvido. Legajos que aún tienen mucho que contar,  en el mismo momento en el que son sacados a la luz  tras siglos de espera. Misivas, despachos, informes que en su momento surgían por la mano y la visita inspiradora de esas sutiles inteligencias que mandaban sobre aquellas naves que pasaron a la historia.Ya fuesen por sus hazañas o sus derrotas.  Hablar hoy de Trafalgar, adquiere tal vez, un significado especial. Publicar algunas de sus cartas, informes y cuadernos de bitácora de los que allí participaron, que para muchos son desconocidas, puede ser la mejor forma de rememorar a la historia.  De rememorar un 21 de Octubre, y así engañar a ese paso del tiempo que marcha ajeno al transcurso de los hombres. Hojas de ruta, pensamientos, dudas, estrategias, garabateadas con el camino de una línea sinuosa que se arrastra en tinta por las hojas de papel con el vaivén de la mar. Sobre la más conocida batalla naval de todos los tiempos han escrito ya eminentes historiadores. También puestas en valor, entre la pasión y la erudicción, por reconocidos escritores (desde nuestro Benito Pérez Galdos al reciente Perez Reverte). El almirante José Ignacio González-Aller, junto a su equipo del Museo Naval de Madrid, con su magnífico “La campaña de Trafalgar 1804-1805″, lega para la historia y la ciencia,  la clasificación y publicación de uno de los mayores cuerpos de documentos sobre la batalla. Si quieres disfrutar apasionadamente de los movimientos de las naves participantes, asómate a sus páginas. Descrito con el conocimiento de un marino y la mente privilegiada de Sisiño, imagina ceñidas y enfiladas que solo él es capaz de trasladar al imaginario con conocimiento de causa y sin miedo a errar en demasía a la hora de reconstruir el pasado. Desde el punto de vista científico no podemos olvidar la cantidad de estudios existentes de eminentes marinos, historiadores (Cesareo Fernández Duro, Desdevises y Desbriere entre muchos otros)  por el Instituto de cultura naval, la Real Academia de la Historia, por  diferentes profesores y catedráticos de universidad. Curiosamente aúnla arqueología no ha podido dar mucho luz a este espidosio. Con el paso del tiempo llegarán noticias del fondo de las aguas donde se encuentran sumergidos aún los barcos de aquellas batallas. De ahí que tengamos que acudir a esos legajos antiguos sobre los que descansa la historia. A continuación, mostramos algunos, apenas unos pocos, de aquellos documentos que nos detallan en algunos casos de forma espectacular aquella impresionante batalla. Muchos de estos documentos se encuentran en la Secretaria de Guerra de la marina Francesa, en su servicio histórico, en el archivo general de la Marina y del museo naval de Madrid, en el archivo nacional Británico…Una parte del resultado lo exponemos aquí.

 

Informe del oficial Hardy, que establece la muerte de Nelson

Informe del oficial Hardy, que establece la muerte de Nelson. Archivo Nacional Británico.

 

Hay cartas que a pesar del paso del tiempo, no varían porque su forma encierra un realidad. La de contar lo que veían sus ojos y que deriva de su esencia. Así se demuestra al contemplar las descripciones en apretada caligrafía  del comandante Georg Von Hase, al hablar de la batalla del Sagerrak (Jutlandia), o releer la detallada descripción sobre la  batalla de la bahía de Manila por el almirante George Dewey. Se transforma en placer, el detenerse a releer las diatribas y la suspicacia en muchos de los despachos del general Savary, ayudante de campo de Bonaparte y director de inteligencia, cuando le envíaba los informes a su emperador.  Son cosas de la correspondencia y guerra,. Necesaria combinación para la historia. En la hegemonía por el continente en época Napoleónica, que es lo que nos trata, y cuya máxima expresión es Trafalgar, es adictivo leer al mariscal Louis Suchet. Veterano de Austerliz y Jena, comandante en el este de España durante la campaña peninsular…Y luego están las cartas de la mar. Las escritas a bordo de las naves en campaña, las que nos trae a esta página de espejo de navegantes. Es curioso observar uno de sus denominadores comunes, muchas de sus grafías no admiten debilidades ni soportan adornos inútiles en ocasiones por la premura del tiempo a bordo de sus naves y en muchas ocasiones, como veremos, instantes antes de la batalla. En otros casos, nos encontramos a esas escrituras pacientes y seguras tras la batalla. Transitando por otro camino insondable que es el de la memoria, en un descanso obligado para informar al almirantazgo o al comandante de turno con todo tipo de detalles ya al abrigo de un puerto seguro. Números y acontecimientos, que hacen de estos informes, despachos y misivas en muchos casos documentos objetivos sobre lo acaecido. Es la minuciosidad descriptiva de los militares. Su vida iba en ello. En este recuerdo de hoy, 208 años después de la batalla, realizaremos un pequeño viaje que irá desde Nelson a Galiano. Del Emperador Napoléon al príncipe de la Paz, que descansaba e imaginaba la corona Española entre los despachos de caoba de la Granja o el Escorial. De manera casi inédita, ya que existe pocas publicaciones que hayan sido dadas a la luz, también conoceremos la visión del marino de a bordo. El que vivía intensamente, junto a sus camaradas, el fragor de la batalla. Recientemente los investigadores británicos han acercado una historia, la escrita por estos Campbell o Robert Hope, que nos ofrecen una visión de la vida cotidiana a bordo que rompe con muchos de los tópicos existentes sobre la materia. Para nada simples rufianes y patanes entre los coys de las bodegas de a bordo de las naves.En muchos casos esforzados marinos,  infantes y guardamarinas  que se labraban el futuro como soldados de mar y de guerra.

Este es el recorrido que realizaremos en este breve recuerdo. Podríamos elegir muchas otras. Existen. El azar del destino de ese microcosmos que fue la batalla naval de Trafalgar tiene un impresionante caleidoscopio de detalles, hazañas e historias que aún conmueven si tenemos la suficiente sensibilidad para imaginar vivamente lo que ellas cuentan. De ahí la emoción del contralmirante Sisiño al contar la batalla en cada una de las ponencias que dió a bien dar al público en general. El sabe. Como decía Quevedo. El siente. Vayamos a sus letras. Es cuestión sólo de tiempo. Y aquí tenemos la libertad de hacer un ejercicio de historia con el objetivo de hacer divertida y curiosa a la “maestra de vida” como es la historia. Demos paso al pasado. Se abre paso entre lamentos y sal marina de las olas. Entre ira y fuego.

 

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La batalla de Trafalgar. Por William Clarkson Stanfield

 

Mi estimadisimo  Príncipe, mi jefe y favorecedor…con sinceridad y franqueza, como te digo de oficio, tengo el sentimiento de ver que no merezco tu confianza; sin esta conozco que sería perjudicial al servicio del rey que yo continúe al mando de esta escuadra; yo iré gustoso a las órdenes de Grandallana o de Alava como voluntario…Carta privada de Federico Gravina al príncipe de La Paz. Agosto 2005. Archivo del ministerio de Marina

Señor. El almirante Gravina esta completamente desanimado; el príncipe de La Paz lo trata sin la menor consideración…me ha manifestado reservadamente que ayer ha escrito  al Príncipe de La Paz pidiéndole le relevase de la escuadra…Rada de Cádiz, a bordo del Boucentaure, 4 fructídor año XIII (Agosto 1805)

Con esta desmotivadora letra, comienza Gravina lo que podía denominarse “Crónica de una muerte anunciada”. La de su propia flota, que como comandante en jefe de la escuadra Española, dejaba sorprendentemente  ante Godoy, el grado del nivel de la moral del líder antes de la batalla.  Un documento básico para el punto de partida de una historia que confluiría en una derrota. Es curioso. En muchas ocasiones, en lo referente a las batallas, se puede conocer el resultado final de las mismas. El ejemplo que contamos unas líneas más arriba podría ser un claro ejemplo de esto. Y no es el único en la historia, como veremos más adelante. Actualmente existen muchos libros de managment y dirección, que te dirían claramente que con esos mimbres derrotistas y esa escasa capacidad de liderazgo ni se te ocurriese embarcarte en algo. El “arte de la guerra” de Sun Ztu ya nos habla de algo de esto. Es tan antiguo como la capacidad del hombre para gobernar. Y Gravina hacía todo lo que tenía en su mano.

 

Urna de Gravina con su bicornio y banda que llevaba el día de la batalla naval de Trafalgar. Museo Naval de Madrid.

Urna de Gravina con su bicornio y banda que llevaba el día de la batalla naval de Trafalgar. Museo Naval de Madrid.

 

Y es curioso. Porque este deseo de no querer dirigir la escuadra nos lo encontramos en otra batalla naval importante en la historia de nuestros anales. Se trató en esta ocasión unos siglos atrás, en una historia que bien conoceréis.  Se trata en esta ocasión d el momento en el que por la muerte y enfermedad repentina del Marqués de Santa Cruz, Felipe II, obliga a un hombre no acostumbrado (como si lo estaba Recalde, y aquí nos encontramos curiosamente con otro binomio similar entre la prudencia de Gravina y el arrojo de Cosme Churruca) a la ventura en primera línea de batalla de la mar.

Ni por mi conciencia ni obligación puedo encargarme de este servicio, porque siendo una máquina tan grande, y empresa tan importante, no es justo que la acepte quien no tiene ninguna experiencia de mar ni de guerra, porque no lo he visto ni tratado (…) Demás de esto, entrar yo tan nuevo en el Armada sin tener noticia de ella, ni de las personas que son en ella y del designio que se lleva (…sería caminar ) en todo a ciegas y guiándome por el caminar y parecer de otros, que no sabré cual es el  bueno y cuál es malo, o quién me quiere engañar o despeñar (…). Así, señor , por lo que el servicio de su majestad y el amor que yo tengo, represento esto a vuestra merced para que se lo diga; y que no me hallo con sujeto ni con fuerzas ni con salud para esta jornada , ni con hacienda, que cualquiera de éstas eran muy excusables, cuanto más concurriendo todas en mí.Medina Sidonia a Idiáquez, 18 de Febrero y a Felipe II. 24 de Junio de 1588

Blanco y en botella. Así pues, Medina Sidonia había alcanzado las mismas conclusiones que Parma y Santa Cruz; que la empresa de Inglaterra, tal como estaba concebida; estaba condenada al fracaso. Pero este convicente razonamiento nunca llegó al escritorio del rey. En el caso de Trafalgar, se repetía la historia. Es curioso este capricho de la historia. Si nos tuviésemos que atener a la convicción existente a lo largo de la historia (y para eso leer a Fuller o a Lidell Hart podría legar a ser de lo más instructivo) es posible que entendamos los resultados, a tenor de la actitud en los momentos previos. Alejandro Magno en Gaugamela y César en el sitio de Alesia también nos podría servir de  magnífico ejemplo. La defensa de Zhukov en Stalingrado, la convicción de Santa Cruz en Lepanto, o la determinación de Napoléon en Austerlitz podrían ser  otros ejemplos que van,  mucho más allá del tiempo y el espacio, pero que tienen como principal protagonista a la convicción de la victoria, en algo tan complejo como es el arte de la guerra. Parece que es algo fundamental en las grandes empresas. Trafalgar lo era.

 

Carta de Nelson a Lady Hamilton dos días antes de la batalla

 

servicio de marino en Trafalgar

Actas de servicio de marinos en la batalla de Trafalgar. Arcbhivo Nacional Británico.

 

“Al llegar (de Inglaterra) me ofrecieron la mayor recepción que he recibido en mi vida –escribió Nelson-. Los oficiales vinieron a bordo a darme la bienvenida por mi regreso, y olvidándose de mi condición de comandante en jefe, me saludaron con gran entusiasmo”. El día de su cumpleaños, le acompañaron a la mesa en el Victory quince capitanes, a los que comentó la táctica, el avance en dos líneas y que, en caso de que alguien se saliera de la formación “ no haría mal en abarloarse a un navío enemigo”. La clave era la confianza en sí mismo, que no dudaba en hacer llegar a todos sus camaradas en el combate. Fue el momento en el que les explicó sencillamente “el toque de Nelson”,  presentándoles  algo nuevo, singular y muy sencillo. Pensaba “ha llegado el momento de ir a destruir a la armada enemiga”. En ocasiones, quizás esto de la convicción tenga que ver con ganar batallas. Es curioso reflexionar sobre el tema al observar esta carta y compararla con la de Gravina.

 

 

Cena de Cumpleaños y consulta a sus oficiales de los planes de Trafalgar.

Cena de Cumpleaños y consulta a sus oficiales de los planes de Trafalgar a bordo de la cámara de oficiales del Victory.

 

La recepción al unirme a la Flota causó la sensación más dulce de mi vida. Los oficiales que llegaron a bordo me dieron la bienvenida a mi regreso, se olvidaron de mi grado de Comandante en Jefe con el entusiasmo con el que me recibieron. Tan pronto como estas emociones habían pasado, me puse delante de ellos, para explicar el Plan que había organizado previamente para atacar al enemigo, y que no sólo era un placer encontrarlo aprobó en general, pero claramente perceptibles y comprensibles. El enemigo aún se encuentran en el puerto, pero hay que hacer algo inmediatamente para provocar o atraerlos a una batalla. Mi deber para con mi país lo exige, y las esperanzas centradas en mí, espero en Dios, se realiza en menos de dos semanas esperamos tener noticias de mí, ni de mí, porque ¿quién puede prever el destino de la batalla?. Ponga sus oraciones por mi éxito, y que Dios los proteja a todos mis amigos!

Soy, Nelson&Bronte (en alusión siempre al almirante y conde de Bronte). A bordo del Victory. Frente a Cádiz, 3 de Octubre de 1805.

Colección de soldados y oficiales de las dotaciones de los buques Españoles de Trafalgar. Donación de Arturo Pérez Reverte al Museo naval de Madrid.

 

Cosme Damian Churruca. Brigadier de la armada. Museo Naval de Madrid.

Cosme Damian Churruca. Brigadier de la armada. Museo Naval de Madrid.

 

Gravina con oficial de la armada Española.Museo naval de Madrid.

Y si la aprobación fue unánime en la reunión de oficiales en aquella noche de alta mar en la cámara del Victory. El caso del consejo de guerra de la flota combinada hispano-francesa fue bien diferente. Como el cariz de las cartas anteriormente mostradas, y que tenían al señor de la foto adjunta,  Gravina, como uno de los protagonistas. En este caso, la responsabilidad principal sería la de Villeneuve, pero el mando de la escuadra francesa no salió a la zaga. Al traer las letras,  no podíamos olvidarnos de las actas del consejo de Guerra que a bordo del navío del Boucentaure se llevo a cabo para mostrar el plan, o más bien la intención de salir a batallar al inglés. Frente a la unanimidad del consejo británico, en el caso aliado, las diferencias eran bien claras. El representante nombrado por los oficiales Españoles, el comandante Escaño (de reseñar la cuestión de que no fuese Gravina quien encabezase aquella opinión) dejaban bien claro la innecesariedad de salir a la mar, así como al repasar el estado de las naves en puerto. Diferentes posturas. Diferentes métodos entre una escuadra y otra. El plan no era aprobado por la mayoría de los oficiales (con la importancia que tiene esto para el espíritu de cuerpo antes de la batalla). Es más. El inteligente y valiente Dionisio Alcalá Galiano, protagonizó una acalorada discusión con el oficial francés Magón (que curiosidad del destino, después comandaría su ala en la batalla y lo llevaría  a la muerte). Casi llegaron a las manos. QY así;

No he podido sin embargo, desentenderme de las consideraciones que todos hacían respecto de la inferioridad de nuestras fuerzas, comparadas con las del enemigo, que contaba de 31 a 33 navíos, de ellos ocho de tres puentes y gran número de fragatas, calificando la salida del puerto, en tales circunstancias, acto de desesperación que no convenía a ninguna de las dos naciones aliadas. Tampoco podía esperarse un resultado favorable con tripulaciones como las de nuestros navíos y especialmente las de su majestad Católica. Deseó oír sobre el particular la opinión de todos los oficiales generales y de los capitanes más antiguos de las dos escuadras, congregando los esta mañana a bordo del Boucentaure, y han consignado, sin la menor duda su dictamen en el acta adjunta, que tengo el honor de remitirle.

Todos han reconocido que los navíos de las dos naciones aliadas están en su mayor parte mal armados, con tripulaciones poco aptas, que muchos de estos navíos  o han podido aún ejercitar su personal en la vida marinera y que los navíos de tres puentes Santa Ana, el Rayo y el San Justo de 74 cañones, armados precipitadamente y apenas salidos del Arsenal, pueden, en rigor formar parte de la escuadra, pero no están en condiciones de rendir los servicios militares que serán susceptibles de prestar cuando estén completamente organizados. Todas estas observaciones sobre el estados e la escuadra combinada han hecho reconocer unánime te que la flota enemiga que se encuentra en estos parajes próximos es mucho más fuerte que la nuestra, la cual se encontrará además forzada a dar batalla en el momento desfavorable de su salida de puerto.

Acta del consejo de guerra de generales celebrado en el Boucentaure. Federico Gravina al príncipe de La Paz. Octubre de 1805

 

Retrato del Almirante Francés Decres.

Retrato del Almirante Francés Decres.

 

Meses antes, el Emperador Napoleón Bonaparte instaba a Villeneuve, el responsable mayor de la flota combinada, del siguiente modo. Cuestión de talentos. En este caso del principal responsable de la estrategia de la combinada frente a la decisión de la escuadra inglesa.

Debéis transmitirle una vez más a Villeneuve mi desagrado por el tiempo que pierde, decidle que no eche sobre la bandera de Francia el baldón de permanecer bloqueado en el Ferrol por fuerzas inferiores, alaba a los españoles que se han batido como leones en Finisterre. ¡ Cuantos éxitos perdidos por no tener allí un hombre! ¡Los contraalmirantes que he nombrado no pueden prestarme grandes servicios! ¿ No es posible encontrar en mi Marina un hombre emprendedor?.

Napoleon Bonaparte. Carta del 18 de Agosto a su ministro de Marina Decrés.

Jacques Louis Davout. Retrato de Napolóen Bonaparte:

Jacques Louis Davout. Retrato de Napolóen Bonaparte:

 

Entre una cosa y la otra se acercó la batalla.  Y aquí, por los documento nos encontramos lo que suele ser un denominador común, como decíamosal inicio de la narración. Instantes antes del desenlace, muchos de los oficiales solían retirarse a sus cámaras a realizar sus últimos despachos, sus testamentos y decisiones particulares. Es aquí donde nos encontramos, tras muchísimas cuestiones que van ocurriendo entre todos los navíos de la armada, con el oficial Español que anteriormente comentábamos. Con el testimonio de Dionisio Alcalá Galiano, uno de los llamados héroe de Trafalgar.

 

    Retrato del brigadier Dionisio Alcalá Galiano. Museo Naval de Madrid.

Retrato del brigadier Dionisio Alcalá Galiano. Museo Naval de Madrid.

Advirtiendo de las dificultades antes las que se enfrentarían si finalmente salía la combinda a alta mar y a pesar de estar completamente en contra, acató las órdenes. Su deber obligaba.  Su sentido común, el de este caballero, científico y cosmógrafo que dibujo años atrás buena parte de la costa Americana,  que creó con su talento e ilusión el observatorio astronómico de Montevideo, (donde resolvió el problema del cálculo de la latitud por la Estrella Polar) estaría abocado a la muerte. Y cumplió. Galiano, junto a sus dotes de liderazgo y esa sensibilidad para conocer y descifrar el mundo, hizo gala de su guerrera. Antes de salir a la rada de Cádiz;  Dionisio había estado con su familia dos días antes en Chiclana. Hombre profundamente familiar, paseó con ellos en los que sería el último día de asueto y de sol, de tranquilidad. No podía imaginar su futuro más inmediato. Sus últimas palabras fueron que volvería pronto. Como sabemos, nunca los volvió a ver. Apresuradamente dejó todo sus bienes a esposa e hijos en el testamento que debió escribir de puño y letra a pocas horas de encontrarse con el Bellerophon. Su némesis artillada. en forma de barco artillado en esta vida en esta vida. Pensó claramente que su mujer Doña María consolación Villacencio y sus hijos, Antonio y Manuela, iban a convertirse en viuda y huérfanos. No se equivocó, por lo que invocó a las Ordenanzas de la Armada de 1748 en materia de testamentos a bordo de buques de guerra;  “Dejando todos sus bienes a su esposa e hijos”. Con el tiempo y en numerosos mármoles se titula con letras de oro “El héroe de Trafalgar”. Son de justicia. Su segundo oficial al mando, el capitán de fragata Tomás de Ramera siguió el combate, tras caer en torno a las 13.30 hrs muerto Alcala Galiano a la tercera herida. Alcanzado por una bala de cañón en la parte superior de la cabeza.  Terminó con toda la nave acribillada. Desarbolado el palo mayor y el de mesana. 28 pulgadas de agua en la bodega. Inutilizada toda la artillería del alcázar y la toldilla. Con las baterías llenas de cadáveres y heridos. Ramera reunió Junta de oficiales. Ordenó arriar bandera ante la realidad de no ser posible hacer ya mayor resistencia.

Detalle testamento Ológrafo Dionisio Alcalá Galiano

Detalle testamento Ológrafo Dionisio Alcalá Galiano

 

 

Testamento y legajo documentación del brigadier

Testamento y legajo documentación del brigadier

 

Centenares de marinos han pisado la cubierta de los navíos españoles a lo largo de la historia. Sin embargo, pocos han estado a la altura de Galiano. Obligado también es mencionar a Cosme Damián Churruca y Elorza, brigadier vasco que, además de ser un reconocido científico y militar, murió también como un héroe en loa batalla, combatiendo contra seis navíos ingleses a la vez. Era de obligado reconocimiento, antes de proseguir con nuestros textos. Como los demás marinos, día antes de entrar en combate, envió una carta a su hermano en la que se despedía diciendo: «Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto».

También Nelson parecía compartir destino con Galiano un mismo rol. Al fin y al cabo eran capitanes de mar y de guerra. En la cámara momentos antes del combate, escribiría:

“Quiera el omnipotente Dios, a quien adoro, conceder a mi país, y en beneficio de toda Europa en general, una victoria grande y gloriosa, de modo que ningún desacuerdo pueda empañarla….Personalmente, confío mi vida al creador, cuya luz divina me da fuerzas para servir con fe a mi país. A el me someto, junto con la causa justa que me ha tocado defender.Amén. Amén. Amén.”. Una vez escrita la plegaria, Nelson paso a ocuparse del combate. Ordenó izar en las drizas del Victory una bandera de gran colorido que decía “Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber”.

Soy Nelson&Bronte. A rodo del Victiry. Cádiz 1805

Como Galiano. Tras arreglar sus asuntos particulares, Nelson no ciño espada, algo inaudito en el combate, y sí se hizo lucir en el lado izquierdo del pecho las cuatro estrellas de hidalguía que le convirtieron en un blanco muy destacado en caso de combate cuerpo a cuerpo.

 

Retrato de Horatio Nelson. Museo Marítimo de Greenwich. Londres

Retrato de Horatio Nelson. Museo Marítimo de Greenwich. Londres

Y así la flota britanica, formada en dos líneas, llegaron al alcance de la artillería del adversario, y como era de esperar, las dos vanguardias de la columna del “toque de Nelson” sufrieron los efectos devastadores de un fuego concentrado. Parece que Nelson dejó elegir Tomas Hardy, su gran amigo e íntimo camarada, el lugar más idóneo de la línea enemiga para romperla. Por casualidad gobernó la proa para dirigirlo y pasar entre el Bucenteaure y el Redoutable. Nefasta decisión ante aquella línea de buques. Por desgracia para ellos se encontraron junto al comandante Jean Jacques Lucas, del Redoutable.

 

 

Jean Jacques Etienne Lucas

Jean Jacques Etienne Lucas

Mapa del archivo nacional. 17 diciembre 1805

Mapa del archivo nacional. 17 diciembre 1805

 

La lectura de su informe de batalla, es sencillamente impresionante. Un especialista del combate a corta distancia, abordaje, disparos de mosquetes y sobre todo; lanzamientos de granadas desde las cofas. Leyendo los testimonios de algunos de sus hombres de guerra, sorprende su valentía. La cosa es que se entrenaron para que los gavieros que subieron el aparejo con vientos huracanados chillando en sus oídos mantuvieran la calma. A pesar de ello, muchos cayeron  volando a la muerte. Era inevitable entre aquel espectáculo de pólvora, ruido y sangre, verles caer. La infantería británica lo tenía más difcil a la hora de apuntar a las jarcias. Ellos simplemente tenían que barrer la cubierta. Pero lo peor era el deber del bauprés. Cuando un oficial te mandaba a un largo palo que sobresale de la parte delantera de la nave y que era conocido como el “enviudador”. Cualquier hombre que cayera de él, se aspiraría bajo el casco de la nave, con el triste destino del ahogamiento. Pero no adelantemos acontecimientos. Leamos a Lucas. Veámos su testimonio escrito de puño y letra, informe que envío a la Secretaría de Marina. Por su servicio, el comandante Lucas recibió personalmente la cruz de oro de la legión de Honor.

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Formación y lugar exacto de las naves en torno al Redoutable, por la ruptura de la línea por el Victory


Monseñor, ”A pesar de la pérdida de la Redoutable forma parte de la derrota sufrida por las flotas combinadas de Francia y España en la sangrienta batalla en el cabo de Trafalgar, la parte tomada por este buque en particular, de todos modos, merece un lugar destacado por sí mismo en el anales de la Marina francesa. En consecuencia, se lo debo a la memoria de los valientes que cayeron en la lucha terrible, o bajaron en los restos de la Redoutable cuando se hundió, se lo debo también a la gloria de la pequeña banda de los que sobrevivieron de la masacre indecible, para incluir en la notificación de su Excelencia una imagen de sus hazañas, los esfuerzos de su valor, y por encima de todas las expresiones de su amor para, y el apego a, Su Majestad Imperial y Real, cuyo nombre, repetida mil veces con la máxima ilusión, parecía hacerlos invencibles. Nada podría igualar el ardor de esos héroes en el momento que yo les anuncié que íbamos a bordo del buque insignia de Inglés;. y ni siquiera el intrépido propio Nelson podría tener murieron más noblemente que en la lucha contra enemigos tan dignas de su valor y de su gran reputación.

“A las once de la flota izada sus colores El alférez del Redoutable subió de una manera muy impresionante,. El ritmo tambores  tocaba ‘Aux Drapeaux’. Los soldados presentaron armas Entonces la bandera fue saludado por oficiales y soldados con aplausos, siete veces repetida , ‘I’Empereur Vive!’.La  columna “del enemigo, que fue dirigida en contra de nuestro centro, fue a las once en punto en la banda de babor, y el buque insignia Bucentaure comenzó a disparar. Pedí un número de los jefes de las armas para ir arriba en el castillo de proa y desde allí pude observar que una de nuestras naves disparaba mal. Encontraron que todas las andanadas iban demasiado bajas y se quedaban cortos. Luego me dieron la orden de apuntar a para desarbolar. Entró por el patio de velacho del Victoria, con lo cual vítores y gritos resonaron por toda la nave. Nuestro disparo fue bien mantenido, y en menos de diez minutos el buque insignia británico había perdido a su palo de mesana. Mientras tanto, yo siempre tenía tan cerca del Bucentaure que varias veces me llamó desde su galería de popa que debía correr hacia abajo, de hecho, el bauprés del Redoutable tocó la corona de la nave insignia, pero me aseguró ellos no tenían nada de qué preocuparse.

La caída de Nelson, .azotado por el intenso fuego del Redoutable

La caída de Nelson, .azotado por el intenso fuego del Redoutable

 

“Luego de un intenso fuego de fusilería se abrió, en la que el almirante Nelson luchó al frente de su equipo. Nuestro disparo, sin embargo, llegó a ser tan rápido y era tan superior a los suyos, que en menos de un cuarto de hora, se silenció al Victory por completo. Más de doscientas granadas fueron lanzadas a bordo del mismo, con el mayor éxito,… sus cubiertas estaban esparcidos con los muertos y heridos. El Almirante Nelson fue muerto por los disparos de fusilería nuestra “Inmediatamente después de esto, la parte superior cubierta se convirtió en un desierto.

 

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Al mismo tiempo, el guardiamarina Yon y cuatro marineros saltaron a bordo de la victoria por medio de su ancla, y entonces supe que no había nadie en las baterías. Estábamos inmediatamente bajo el fuego de su artillería completa, se descargó casi besándose  los bozales.”Es imposible describir la carnicería producida por la andanada asesina de esta nave. (en referencia al Temeraire que acudía en ayuda del Victory de Nelson).  Más de doscientos de nuestros valientes hombres fueron muertos o heridos por el mismo. Fui herido también, al mismo tiempo, pero no fue tan serio como para hacerme abandonar mi puesto. Nadie que no había visto el estado de la Redoutable,  podría formarse una idea de su terrible condición. Realmente no conozco nada a bordo que no había sido alcanzado por disparo . En medio de esta horrible carnicería y devastación mis espléndidos compañeros que no habían sido asesinados, e incluso, también, a los heridos a continuación en el sollado, mantuvieron animando ¡Larga vida al Emperador que aún no hemos tomado que es el capitán sigue vivo ? ‘ (“Vive l’Empereur! Nous ne sommes pas encore pris! Le Comandante, vit il encore?) Al mediodía el Redoutable perdió su palo mayor, el único mástil que le quedaba. A las cinco de la noche, el agua siguió avanzando. Soplaba el viento muy difícil en ese momento, y el mar corria muy alto. Estos pobres hombres, en su ser, y visto que el barco se estaba hundiendo, fueron casi todos diligentemente todos puestos en el alcázar. Fueron capaces de salvarse varios de ellos. A las siete de por la noche, la popa se sumergió por completo. El Redoutable se hundió con un gran número de los heridos a bordo. Ellos encontraron la muerte digna de mejor suerte. Aún descansa en el fondo de las aguas andaluzas.

 

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Es difícil imaginar la carnicería causada por ese tiroteo, tal vez el más destructivo de la historia naval. Cerca de una tercera parte de la tripulación del Redoutable fueron masacrados por las balas de cañón y carronadas 68 libras que, como escopetas gigantes, rasgaban a los hombres apiñados en su cubierta superior. Cuando Lucas entregó su barco, tal vez una hora más tarde, sólo 156 hombres de su tripulación de 643 hombres estaban con vida. Pero los Franceses, contestaban. La bala de un mosquete francés, como hemos visto, disparado desde la cofa, penetró por el hombro a aquel hombre que con charretera dorada y refulgentes insignias galopaba directamente a la muerte, atravesándole el pulmón y alojandose en la columna vertebral. A causa del dolor y del derrame interior, Nelson comprendió que moriría pronto. Intentó resistir un poco de más tiempo para sentir lo que acariciaba, cuando llevaron su cuerpo a las bodegas del Victory. Entre la agonía de la muerte, pudo escuchar los gritos de júbilo procedentes de las baterías situadas más arriba. El enemigo arriaba bandera. Esto es lo que la historia nos legó, pero es curioso. No todo el mundo pudo tener esa visión, a pesar de ser testigos directos de la batalla. Para muchos la batalla terminó aquí. Ni mucho menos. En la batalla había miles de hombres luchando encarnizadamente, y es el momento de ir a sus hombres comunes, llenos de sentido común. Era el caso de los marinos que obedecían en otro orbe de la batalla, su visión no era tan globalizadora,  pero si muy enriquecedora. A colación, traeremos el caso de Robert Hope; el marino cuyas cartas han sido descubiertas recientemente por los investigadores del National Maritime Museum de Londres (lo que ha supuesto un gran descubrimiento, ya que normalmente se conocen los testimonios de los grandes oficiales y responsables de la táctica y la estrategia de la batalla), la visión nos aporta multitud de detalles.

 

Homenaje al lugar de la muerte de Nelson. Interior del Victory. Porsthmouth. Inglaterra

Homenaje al lugar de la muerte de Nelson. Interior del Victory. Porsthmouth. Inglaterra

 

Victory en la actualidad. Vista de proa desde el muelle

Victory en la actualidad. Vista de proa desde el muelle

Cuando Robert Hope se unió a la tripulación del Temeraire, les dieron complementos de zumode limón para proporcionar la vitamina C , que estaba recién demostrado podía prevenir el escorbuto. Sin embargo, otras enfermedades, como la disentería, todavía florecida  entre las grandes tripulaciones, estaban haciendo, que los  barcos de madera apestasen a cuerpos sucios, tabaco, alquitrán, aguas residuales y la putrefacción.  Para todos los que pudimos ver la magnífica película de Master&Comander, recordaremos el pánico que tenían los guardamarinas a ese hecho. Creo recordar que era el caso de uno de los jóvenes. El hecho de colocar la última puntada de la aguja a través de la nariz del supuesto cadáver era un hecho que nadie quería sentir en sus propias carnes. La última prueba evidente de si vivía o moría…Si no existía reacción, como casi siempre era el caso, se enterraban en la mar. Las cartas de Hope dan mucho más de sí.

Vista de los coys de las bodegas de los puentes inferiores del Victory. En la actualidad.

Vista de los coys de las bodegas de los puentes inferiores del Victory. En la actualidad.

 

Vista de detalle de hilera de coys.

Vista de detalle de hilera de coys.

Las cuerdas estaban enrolladas en el suelo para servir como colchones improvisados ​​para los que esperan su turno en la mesa de operaciones, y se comentaba que en algunos buques se pintaron las paredes sollado rojo para que la sangre propia de la batalla no escandalizara. Una vez comenzado el combate, habría sin lugar a dudas un montón de sangre que ocultar. Los buenos cirujanos se enorgullecían de la eliminación de la pierna de un hombre en menos de un minuto, un proceso insoportablemente doloroso para los pacientes cuyo único anestésico era un trago de ron. La arena se dispersaba en las  cubiertas del arma justo por encima del sollado, para dar a los pies descalzos de los cañoneros un mejor agarre, así como también para absorber cualquier tipo de fluidos que cayera sobre las misma, una vez que comenzaron los enfrentamientos. Son pocos los cuadros que recogen este detalle, de ahí el valor del testimonio de Hope. Como le ocurría al oficial, como antes narramos, justo antes de que se desatase el infierno, era el momento en el que hombres escribían sus testamentos y cartas de despedida a sus seres queridos. Los que no sabían leer ni escribir se ayudaban en camaradas como Robert para emprender estas tareas finales, y así tomar antes sus lugares de armas. Desnudo hasta la cintura en el calor infernal debajo de la cubierta, de espaldas a veces se veían fácilmente las cicatrices de azotes por delitos menores anteriores. Los hombres llevaban bufandas envueltas alrededor de sus cabezas para proteger sus oídos de los golpes de los cañones. Como era de esperar, la mayoría se volvían prematuramente sordos en aquella tormenta de fuego e ira.

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Artillería y puente del Victory. Porstmouth. Historic dockyard

A pesar de algunos errores tachados , la carta está muy bien escrita . Quintin Colville , curator de la historia naval en el museo, en relación a la investigación de la carta de Hope dejaba bien claro que : ” En el acto se destruye la visión estereotipada de la vida debajo de las cubiertas como villano e ignorantes – este hombre fue , obviamente, muy educado , y él da una descripción más viva y alegre de la vida a bordo.” En otros momentos la descripción de Hope sobre algo tan difícil de imaginar, como es el estallido de los “árboles” de los palos, o la estructura de madera de la cubierta, daba lugar a detalles como este; “La cubierta de l nave era en plena batalla un lugar vil, aterrador y ensordecedor , muy peligroso , con grandes astillas que vuelan desde donde golpean las bolas – pensamos en una astilla como algo debajo de la uña, con un tamaño similar a estas, pero resulta que éstas podrían ser trozos de madera de dos metros de largo que que destripaban a un hombre “. En la batalla, como les ocurrió a la infanteria americana en la ofensiva alemana de Las Ardenas, caían muchos hombres debidos al corte terrible de las afiladas astillas de madera.

Y así terminaba Hope una de sus cartas. Con el estallido de las infames astillas de madera y a lo lejos, a los lejos con el descomunal navío de cuatro puentes que tantísimo le sorprendía a él, y a toda la tripulación que vieron surgir de entre la niebla y la lejanía al “Escorial de los Mares”. Aquel marino de guerra del Temeraire se enfrentaba al buque mítico de la corona Española.El Santísima Trinidad.

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