Las pruebas de ADN son irrefutables. No son hijos de desaparecidas. Marcela y Felipe Noble Herrera no fueron arrebatados a mujeres detenidas por la dictadura argentina (1976-83). Los hermanos, adoptados hace 35 años por Ernestina Herrera, viuda del fundador de ClarÃn, pueden respirar hondo. No sabrán -quizás nunca- quien les engendró, un dolor inevitable, pero hoy están seguros de quienes son.
A partir de ahora nadie más deberÃa ponerlo en duda. No lo podrá hacer, de nuevo, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Tampoco los periodistas que militan como soldados suyos. Los polÃticos que utilizaron la tragedia ajena para sacar rédito propio están obligados a entonar, hoy mismo, el mea culpa. Ese mismo camino deberÃan seguir algunas mujeres de pañuelo blanco en la cabeza que eligieron, hasta hace bien poco, ejercer de madrastras y no de madres con “los chicos de ClarÃn”.
En esta guerra sucia entre el principal grupo de comunicación de Argentina y la polÃtica, Marcela y Felipe Noble Herrera hasta perdieron su nombre. Ellos, vÃctimas de nacimiento, dejaron de ser tratados como personas para convertirse en parte del patrimonio de una empresa. Eran el daño colateral de una batalla sin escrúpulos ni piedad.
Durante este proceso de, prácticamente, una década, se impuso en Argentina el todo vale. El fin justifica los medios. La condena sin juicio. Y en medio, ellos, los inocentes. También en este frente, los periodistas que trabajan para ClarÃn han sufrido el acoso y el agravio permanente. La televisión pública que domina la presidenta argentina, las emisoras de radio y las publicaciones que responden al Gobierno se han ocupado, encantadas, de hacer ese trabajo. Anoche ni se hacÃan eco de la noticia pero ya tienen un argumento para salvar la ropa: Dilataron el proceso judicial, pueden aparecer muestras nuevas, ellos tienen la culpa… Trabajan en Twitter y en otras redes sociales con esa nueva consigna.
Los medios de comunicación argentinos y entre ellos ClarÃn, no pueden sentirse orgullosos del papel desempeñado durante la dictadura. El ministro de Asuntos Exteriores, Héctor Timerman, director de un periódico que sólo nació para instigar el golpe del 76, sabe mucho de este asunto. Tampoco los intelectuales o escritores -recordemos la comida de Borges y Sábato con Videla- supieron ver lo que habÃa detrás de un eufemismo que se autobautizó Proceso de Reorganización Nacional.
Lo mismo se puede decir de la Iglesia, un abismo con la del Chile que combatió a Pinochet. Buena parte de la sociedad argentina, como sucedió en otros paÃses de Sud America en los años 70, aplaudió la llegada de los militares. La historia y la justicia analizan qué paso. Pero la tragedia de un pueblo con miles de desaparecidos, un número incierto de bebés apropiados, torturados y ejecutados, no puede servir de coartada para la ambición polÃtica de unos pocos  que están en el poder, en teorÃa, como servidores públicos.Humillar y maltratar en ese empeño a dos personas inocentes resulta vergonzoso porque, Felipe y Marcela, por si queda alguna duda, son inocentes de todo. Siempre lo fueron.
VÃdeo parodia de la adopción de Marcela y Felipe relizado por el programa de Victor Hugo Morales
Lo que dijeron desde el poder:
Cristina Fernández de Kirchner (Jefa del Estado): Estamos seguros de nuestros hijos, los accionistas de la empresa donde usted trabaja no pueden decir lo mismo. (A un periodista de ClarÃn)
AnÃbal Fernández (Jefe de Gabinete): Con la brutalidad que significa lo voy a decir: Los chicos no tienen derechos
Estela de Carlotto (Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo): Los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble son parte del ocultamiento de un delitoLas pruebas del delito las llevan en su cuerpo y no las pueden ocultar.
Héctor Timerman (Ministro de Asuntos Exteriores): ¿Qué pasa si los hijos de Noble son de compañeros asesinados del editor de ClarÃn?
El placer de la mentira. Barone es un periodista que, por cierto, trabajó en ClarÃn. Hoy lo hace para la TV pública argentina. Aunque Felipe y Marcela hubieran sido hijos de desaparecidos el linchamiento a ellos, que también son vÃctimas, no tiene justificación.
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