Sobre tanques y películas: «Parece que los americanos ganaron solos la Segunda Guerra Mundial»

Sobre tanques y películas: «Parece que los americanos ganaron solos la Segunda Guerra Mundial»

Publicado por el Jan 20, 2015

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No sé si llegaría a los 10 años de edad cuando empecé a entender qué era eso de la Segunda Guerra Mundial. Tenía entre mis manos una especie de enciclopedia del conflicto publicada en fascículos por ABC y delante de mis ojos un sinfín de fotografías de aquella guerra total que no ocurrió en ningún lugar remoto, sino en nuestra propia Europa. Los tanques, los aviones, las gestas de los acorazados y la “Blitzkrieg” alemana, todo aquello me parecía fascinante. Y antes de que pudiera entender la magnitud de una guerra que acabó con millones de vidas y que cambió el mundo para siempre, ya me había enamorado de los carros de combate.

Por eso, cuando el pasado 8 de enero Sony Pictures invitó a los periodistas a ver “Corazones de Acero” y a visitar a la Brigada de Infantería Acorazada “Alcázar de toledo” nº 61 en la base militar de “El Goloso” (Madrid), fui hacia allá más por placer que por trabajo. Después de ver la película junto a más de 200 soldados, la gente bajo el mando del General José Conde de Arjona nos enseñó cómo funcionan esas bestias que conducen, los Leopard 2E, cuáles son sus experiencias y qué se hace en el Museo de Medios Acorazados.

Allí coincidí con el historiador Lucas Molina Franco. Ha publicado diversos libros y numerosos artículos relacionados con la Historia Militar española, sobre todo centrándose en la Guerra Civil, y también ha escrito sobre aspectos económicos y militares de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, se me ocurrió preguntarle acerca de la película “Corazones de Acero” y el momento histórico que representa. Sin más, os dejo con él:

La Esfera de los Libros

Lucas Molina Franco (La Esfera de los Libros)

-En primer lugar. ¿Qué opina acerca de “Corazones de Acero”? ¿Hay algún fallo histórico o situación inverosímil?

La película está muy bien hecha desde el punto de vista técnico y es fiel a los materiales bélicos y uniformes que se empleaban en 1945. Hasta aquí un 10 a los asesores, productores y efectos especiales. Respecto al guión, no pasa de ser una superproducción de Hollywood, con sus tics, con sus escenas inverosímiles, con sus heóes y villanos, etc…

La escena final de un carro averiado con sus 5 tripulantes, contra un batallón de las Waffen SS dotado de todo tipo de armas contracarro “Panzerfaust” (“Puño acorazado”) (se ven en un momento determinado de los combates) es realmente inverosímil. O por ejemplo, que los alemanes metan dos “Stielhandgranate” (granadas de palo) por la escotilla del Sherman al final de la película, con el sargento (Brad Pitt) agonizando, y ambas hagan explosión y que cuando regresa el conductor se encuentre el cadáver entero del sargento, es una licencia muy difícil de mantener: no debería de quedar nada del cadaver de Pitt.

En fin, podríamos seguir pero es una película y como tal hay que verla.

-La película refleja el desequilibrio tecnológico existente entre los carros americanos y alemanes. ¿A qué se debe esta situación? ¿Se cobró muchas pérdidas humanas y materiales?

Los carros alemanes eran mucho mejores, en todos los sentidos, que los norteamericanos, aunque éstos se iban adaptando a la evolución tecnológica que marcaba la guerra. Los alemanes les llevaban mucha ventaja en el terreno acorazado, y ahí si se ve bien reflejado en el film. Las dotaciones de los carros alemanes tenían mucha más experiencia en combate que sus homólogas norteamericanas pues llevanan más tiempo combatiendo en todos los frentes. Pero la calidad nunca se podría imponer a la cantidad. La desventaja germana era tremenda en cuanto al número de carros en los frentes oriental y occidental.

-¿Cuál cree que fue la clave del éxito aliado en el frente occidental? ¿Estuvo muy relacionado con el papel de los carros de combate americanos y británicos y con “héroes” tales como el general Patton? ¿O hubo otros factores mucho más determinantes?

Te acabo de contestar: la cantidad de material aportado por una potencia emergente: USA, cuya retaguardia estaba a salvo de bombardeos. Tampoco hay que desdeñar el enorme esfuerzo alemán en el frente oriental, el verdadero Teatro de Operaciones donde se decidió la Segunda Guerra Mundial. Patton fue un buen general americano, ensalzado en la postguerra tras su extraña muerte, poco o nada aclarada. Como Patton, los alemanes tenían dos docenas de generales en las Panzertruppen, aunque como perdieron, no cabe duda que sus nombres no han tenido el eco mediático de los vencedores. Sólo hay que recordar a Heinz Guderian, o al propio Rommel, o incluso a un general muy ligado con España, pues entrenó a las incipientes tropas acorazadas españolas durante la Guerra Civil: su nombre: Wilhelm Ritter von Thoma. Fue capturado por los ingleses en África en 1943.

-¿En qué estado se encontraba la Wehrmacht en el período reflejado por la película? ¿En aquella situación, había tripulaciones de calidad en los carros?

La Wehrmacht en la primavera de 1945 era un cadáver. Los niños y los ancianos habían empuñado las armas para defender el suelo patrio en el denominado “Volksturm”, la “tormenta del pueblo”, algo que demuestra la voluntad de vencer del pueblo alemán, aunque fuera ya imposible. Quedaban todavía restos de unidades importantes, empleadas a fondo en el frente oriental, intentando retrasar lo más posible la llegada a Berlín del Ejército Rojo. Los pocos carros de combate en las Divisiones Panzer eran ya de última generación “Königstiger”, “Tiger” y “Panther”, aunque la cantidad de estas “joyas de la tecnología” era, como ya he dicho antes, realmente nímia, incapaz de resolver la situación de guerra total en todos los frentes del Ejército alemán.

El poderoso Tiger I era un rival formidable para los aliados, pero su número era insuficiente (Bundesarchiv)

El poderoso Tiger I era un rival formidable para los aliados, pero su número era insuficiente (Bundesarchiv)

Las tripulaciones que habían sobrevivido a la guerra eran de una calidad francamente extraordinaria; baste de muestra un botón, en Normandía, unos meses antes, se cubrió de gloria un jefe de batallón que él solo, con su carro Tiger, puso fuera de combate a 14 carros ingleses, 15 vehículos y dos cañones contracarro en una población francesa llamada Villers Boccage, todo eso en más o menos 15 minutos: su nombre Michael Wittmann. Dos meses más tarde, Wittmann moría a manos, precisamente de los disparos mortíferos de media docena de Shermann “Firefly” (como los de la película), aunque previamente había acabado con tres de ellos. El combate fue 8 contra 1. Hay que decir que Wittmann había destruido a lo largo de la guerra más de 150 carros de combate enemigos y una cantidad muy importante de cañones contracarro.

-Se podría decir quizás que las victorias más brillantes protagonizadas por los carros y la Guerra Relámpago que se lograron en las primeras fases de la guerra. ¿Cambió algo en las etapas más tardías?

En las primeras fases de la guerra los carros de combate, en general, eran ligeros, con poco blindaje y poca potencia de fuego. Los contendientes fueron subiendo las prestaciones de sus blindados a medida que avanzaba la contienda. Los soviéticos, con su famoso T-34 marcaron la diferencia en el frente del Este. Un carro rudo, potente y bien acorazado puso en serios problemas a las Panzerdivisionen. El eterno dilema de las unidades acorazadas: ¿velocidad? ¿Potencia de fuego? ¿Coraza? Todo no se puede tener. Hay que recordar que el mayor combate de carros de toda la guerra se dio en la URSS: fue la denominada Batalla de Kursk, donde los alemanes no pudieron derrotar a un impresionante Ejército Rojo, que con varios años de retraso, pero sin vuelta atrás, había entendido los fundamentos de la moderna guerra acorazada.

-Tengo entendido que, durante su etapa como Inspector del Arma Acorazada, Heinz Guderian era partidario de concentrar la producción industrial en el Panzer IV en lugar de los modelos más pesados, con el objetivo de conseguir un equilibrio entre calidad y cantidad y simplificar la producción y solventar los problemas de repuestos. ¿Una decisión así podría haber cambiado el curso de los acontecimientos? ¿El “gigantismo” en los diseños de blindados alemanes fue un error?

El Panzer IV, o el “caballo de batalla” de la Panzerwaffe, había quedado obsoleto frente a los desarrollos soviéticos de la guerra. Ojo, obsoleto para la lucha contra el T-34/85, pues su cañón de 75 mm L/48 nada podía hacer contra los carros rusos, aunque no contra el resto de diseños, ingleses y norteamericanos. Pero como ya le he dicho, la SGM –y esto ya nadie lo duda– se decidió en el Este, y la fabricación germana tuvo que orientarse a la lucha contra su enemigo mortal y sin duda, el Tiger y el Koenigstiger fueron necesarios para defenderse del potencial de Stalin. En 1939, 40, 41… la idea de Guderian era totalmente lógica. En 1943, ya no era posible pues el enemigo es el que marca las diferencias en el campo de batalla. Aún así, el Panzer IV se comportó como un auténtico coloso, al igual que el StuG III o, en las últimas fasdes de la guerra, los Hetzer.

-El cine suele contribuir a formarnos una imagen de la historia y del mundo. En el caso de la Segunda Guerra Mundial, ¿esta imagen es ajustada?

Deje que me explaye en esta pregunta. Desde niño consumo cine bélico y he de decirle que, como en todo, hay buenas, mediocres y malas películas. Hasta aquí nada nuevo. El cine ha sido desde su nacimiento un arma de la propaganda, y más en tiempo de guerra, lo cual es totalmente lógico: hay que colaborar a ganar con todos los medios disponibles. Lo que tiene menos sentido es seguir utilizando el cine como si estuviéramos en guerra setenta y cinco años después de finalizada la SGM. Y esa es mi denuncia. Salvando honrosísimas excepciones, que las hay, seguimos asistiendo a un maniqueismo terrible ocho decádas años después de finalizado el conflicto. Los alemanes siguen teniendo rabo y cuernos y los aliados son la encarnación de la mayor parte de las virtudes. Le repito, que hay honrosas excepciones. La imagen que de la SGM tiene el público en general, ese público que no consume publicaciones específicas, científicas podríamos llamarlas, es la que los americanos han sabido explotar desde 1945. Ellos solos, parece, ganaron la guerra (como ocurre con el Sherman), sin tener encuenta que el conflicto mundial se resolvió en el Este: allí, los soviéticos, fueron los que realmente vencieron a Hitler y a su Wehrmacht y a su Reich de los mil años. Ni Patton, ni Monty, ni los polacos ni los maquis franceses: fue Stalin el que plantó cara a los nazis y resolvió la Segunda Guerra Mundial. Y esto es, en esencia, lo que no cuentan las películas.

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