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Blogs Tiro al blanco por Tomás González-Martín

Carta a mi amiga Blanca, campeona, valiente, española, madridista

Tú, Blanca, como tu hermano Paco, destacaste siempre por tu españolismo, allá donde fuere; todo un ejemplo de coherencia

Carta a mi amiga Blanca, campeona, valiente, española, madridista
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Tomás González-Martín el

Adiós amiga. Te envío esta carta once horas después de conocer un adiós que me temía. Las cosas de saber cómo sentías, Blanca. Paco te conocía bien y me decía desde muchos años antes cómo eras.  Sufriste mucho. Las medallas no dan la felicidad, solo ayudan si la hay, decías con acierto.

Contigo viví varias entrevistas, después de haberlas hecho años antes con tu hermano Paco, que me introdujo el gusto por la capa española. Con Paco y con Ángel Nieto compartí algunas noches “de campeones“.

Paco tenía que haber ganado el oro con la capa puesta, como Supermán, volando al aire a toda velocidad en aquel Japón que se quedó helado al ver como un chico de Navacerrada, que antes vivió en el sur de Madrid, era campeón olímpico de esquí.

Paco se nos fue y tú te cortaste el pelo rapado mucho antes para apoyarle en su combate. Poco antes, Blanca, compartí gimnasio contigo en Villalba, donde nos pegamos unas cuantas palizas para mantener la forma, tú mejor que yo. Siempre fuiste humilde, porque tus padres, modestos, os llevaron desde el cálido sur de Madrid, creo que desde Carabanchel, al frío de Navacerrada. Y allí nació vuestro amor por la nieve.

Paco, como Severiano, como Santana, como Ángel Nieto, nos abrió la veta del esquí a los españoles. Gracias a tu hermano nació esta afición. Mi hermana Concha es una gran esquiadora gracias a ti, a tus competiciones por el mundo, que veíamos en televisión. Llegaste tú, heredera de Paco, y lograse el bronce olímpico en Albertville y cuatro triunfos en la Copa del Mundo. Sembraste.

Nunca te fue demasiado bien en el amor, la verdad. No tuviste suerte. Tú, que me contabas lo que sufriste por esos viajes de pista helada en pista helada, sola, con diecisiete años, con veinte, sin apoyo cercano, pues la familia no podía acompañarte siempre a toda esa gira de meses de la Copa del Mundo, no encontraste la felicidad plena en la vida. Así me lo contabas. Lo siento para quien le moleste, pero ya somos muy mayorcitos y no estamos para posturas social y políticamente correctas. Para falsos ya tenemos a los políticos.

Competir en la Copa del Mundo era mucho más duro entonces para una chica, para una niña, pues no había ni los viajes fáciles de hoy ni los apoyos profesionales de ahora. Muchas horas sola en una habitación, a la espera del siguiente entrenamiento, de  la siguiente prueba. Era muy difícil anímicamente soportar esa soledad. Y tus relaciones sentimentales acrecentaron esa soledad.

Tu reacción fue hacerte todavía más dura, valiente. Ganaste en el esquí y luego hablaste siempre muy claro. No tenías ya nada que perder. Con ese valor dijiste siempre, en todos los sitios, que eras española y madridista.

Recuerdo cuando subiste a una montaña mítica con Juanito Oyarzábal y en la televisión vasca manifestaste que si podías subir una bandera española a la cima, allí la pondrías, pues “soy española y madridista”. Eso lo dijiste en todo lugar y condición, mientras muchos y muchas se callan por intereses miserables.

El madridismo de tu hermano Paco era una obsesión maravillosa. Venía al Bernabéu con una radio pegada a la oreja, como un seguidor más. “¿Cómo puede estar en la grada con una radio pegada a la oreja todo un campeón olímpico?”, criticaban algunos. Pues porque Paco era un hombre del pueblo, nunca mejor dicho. Era humilde de verdad. Toda la familia era así. Las medallas no los convirtieron en tontos, como a tantos.

Adiós Blanca. Te has ido rodando cabeza abajo, pero sin esquís, por esos picos que tanto amaste. Siempre arriesgaste. Sabías que hacer ese montañismo tuyo, sin teléfono móvil, ese aparato que odiabas, era una apuesta a todo o nada. Muchas veces salió bien todo. Pero una vez fallas y adiós. Tu lo sabías. Tu sabrás lo que buscabas, lo que querías.

Al menos te fuiste con la felicidad de celebrar la Décima la Undécima, la Duodécima y la Decimotercera. “Qué pena que Paco no las vivió!”, me decías hace un tiempo. Paco las festejó desde el cielo, con la capa, al lado de Di Stéfano y otro madridista triunfal, Ángel Nieto. Adiós Blanca, valiente, madridista, española. Un orgullo haberos conocido a tí y a Paco.

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