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Bale se mofa del Real Madrid

Zidane y el club están hartos de un jugador que no demuestra compromiso y que dice con gestos que le da igual jugar que no jugar, para rematar que piensa quedarse hasta 2022 a cobrar un contrato que nunca más le dará nadie

Bale se mofa del Real Madrid
Tomás González-Martín el

El Real Madrid está harto de Bale. Zidane trabaja con su equipo para ganar la Liga mientras el galés demuestra que le da igual jugar o no y piensa quedarse hasta 2022. Su «show» frente al Alavés, con la mascarilla y sus posturas en la grada, fue el último capítulo de su desgana.

Zidane está concentrado con el vestuario en conquistar la Liga en el maratón de tres jornadas que debe jugar en siete días. Su capacidad para descartar los asuntos perniciosos y conseguir que la plantilla rinda al máximo nivel en la lucha por el título es proverbial, casi de enciclopedia. Es muy difícil domar tantos egos de futbolistas internacionales que estallan flamencos porque no juegan mientras observan cómo los chavales progresan como cohetes, les quitan el sitio y les dejan en el banquillo o incluso fuera de una convocatoria.

James es un dilema tan antiguo como desagradable que el propio colombiano ha solucionado al reunirse con Zidane y decirle que si no es importante prefiere no viajar. Y no viaja. Ayer era su cumpleaños y pudo celebrarlo sin problema, pues hoy no estará en el avión camino de Granada. El gran problema que sufre Zinedine, y soporta el club, porque lo sufren y lo soportan todos en la entidad, es Gareth Bale. No le ven visos de solución. James ha tenido personalidad y ha dado un paso adelante, después de tres años de desencuentros que propiciaron su cesión al Bayern. Pero Bale no piensa dar ninguno. Ese «deja vu», todo me da igual, es muy perjudicial para él y para su carrera. El club que le paga actúa con prudencia para que no afecte al vestuario.

Zidane trabaja para ganar el título pese al desgaste que la situación provoca en el vestuario y en el propio entrenador, que ve que el galés piensa quedarse hasta 2022 y no le importa no entrar en las alineaciones.

Podemos decirlo bien claro: ganar una Liga con estos dos problemas dentro, dos jugadores que son líderes en las selecciones de Gales y de Colombia, tiene mucho mérito. James se ha quitado de en medio con carácter. Bale, por el contrario, está en el centro de todo lo que sucede fuera del césped.

—Su «show» inadmisible—
El Real Madrid trabaja muy centrado en conquistar la trigésimo cuarta Liga y en las horas ajenas al césped se analiza la situación entre las partes. La pregunta que se hace la entidad madridista es: ¿Qué debe hacer Zidane con Bale?
El club opina que el entrenador que avanza para superar las cifras de Miguel Muñoz y transformarse en el mejor técnico de la historia del Real Madrid no lo tiene nada fácil, porque el caso Bale es un asunto anclado y tóxico que perdura desde hace tres años. La empresa no augura una solución sencilla a la vista. Y el quid de la cuestión es saber quien de los dos, Zidane y Bale, va a explotar antes. No tiene por qué suceder ahora, o al celebrar el título, puede ocurrir la próxima pretemporada, cuando la situación se repita por enésima vez. No se sabe. Porque Bale ha dejado claro que piensa cumplir su contrato, que acaba en 2022, y Zizou vislumbra que el jugador no se irá y tendrá que aguantarle dos años más. Demasiado sopor.

Es mucho tiempo porque lo que más duele al Real Madrid y molesta a Zidane y a sus compañeros es que Bale ha demostrado que le da igual jugar que no jugar. Y eso es lo peor, inadmisible para el madridismo. Y para la casa.
¿Debe dejar de convocarle? Es la pregunta interna que se hacen el club y Zidane. El colombiano James ha decidido él mismo no viajar al no verse como un jugador importante

Pero la empresa que le paga no quiere iniciar una batalla que solo alimentará el ruido público y no servirá de nada. Es prioritaria la tranquilidad interna que ha llevado a la plantilla al liderato con ocho victorias y solo dos goles en contra, en uno de los mejores momentos históricos de rendimiento de un equipo que existe desde hace 118 años. Pero las preguntas que Zidane y el club se hacen son sensatas y se contestan internamente con una o dos posibilidades muy bien argumentadas.

La primera pregunta que se hace la cada blanca es: ¿Debe Zidane continuar convocándole? Una respuesta es «no», aplicar la misma regla que vive James. Pero acto seguido se prefiere acabar la Liga en estas condiciones para no abrir una polémica mediática que pueda afectar a la concentración del equipo.

La segunda pregunta íntima que se hace la entidad es: ¿Debe el club pagarle el contrato y que se vaya? ¿O debe no hacerse nada y prorrogar esta situación pese al desgaste que supone para Zinedine y para el vestuario?

Porque esa es otra realidad. El entrenador sufre y el vestuario se desgasta también al tener al lado a un compañero que no suma y que todo le da igual, la antítesis de la ambición que define al Real Madrid. No es bonito.

El análisis interior es que ganas no faltan de pagarle todo y que se vaya, especialmente por su comportamiento. Pero hay que reaccionar con calma. Jonathan Barnett, apoderado de Bale, manifestó esa posibilidad hace unos meses. Todo este ambiente se impregna de una actitud del galés que no puede ser sancionada, pues cumple sus obligaciones. Se entrena.

Sí se le podría castigar por sus comportamientos, que molestan mucho precisamente porque su actitud deportiva no es nada edificante. No serviría como ejemplo para los chavales de la cantera, más bien sería el ejemplo de lo que no deben hacer si quieren llegar a ser futbolista ¿Pero merece la pena sancionarle por «falta de decoro»?

Sus tonterías en la grada con la mascarilla y sus posturas en el partido frente al Alavés no tenían nada de gracia, sobre todo si vienen del futbolista que menos rinde. La entidad no ha entrado a ese toro. Es un terreno jurídico tan matizable y ambiguo que supone más ruido que otra cosa.

Cuando se acabe la temporada, esperan que con otra Liga en el palmarés, la entidad verá lo que hace. Todos saben lo que Zidane quiere. Ya ni la prensa pregunta por Bale. Ayer no hubo ni una pregunta, tras el espectáculo de la mascarilla. Se le considera «un caso perdido, un vividor».

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